Olivia Bauer

Olivia Bauer es asesora de comunicaciones. Vive en Winnipeg (Canadá).

El hongo escurridizo

Cortaba verduraspara la cena y dos veces atrapé un champiñón que se salió de la tabla de cortar antes que se cayera al piso.

Di gracias en silencio: «Dios, eres muy bueno conmigo».

En otro rincón de mi cabeza estaba pensando en la solicitud de arriendo de un apartamento que había presentado esa mañana. «Señor, te ruego que seas bueno conmigo y hagas que acepten mi solicitud».

El ciego que me sirvió de guía

Me acababa de mudar a Winnipeg (Canadá). Como todavía no me habían instalado la conexión a Internet en mi apartamento, decidí ir a un Starbucks cercano para aprovechar el Wi-Fi y hacer algo de trabajo.

A medio camino dudé si había puesto la billetera en la mochila y me detuve a revisarla. En ese instante sentí un golpe en el tobillo que me produjo un dolor agudo. Sin pensarlo, me di la vuelta para ver quién me estaba atacando.

Pedir no cuesta nada

En la oscuridad de una mañana invernal, partí rumbo a la universidad. Estudio a distancia, pero necesitaba conseguir el pase mensual del bus, una tarjeta brillante que me permite hacer conexiones de transporte a lo largo de la jornada y a la vez recortar en gastos de locomoción.

Convicción para obrar bien

Una tarde soleada hace unos setenta años, un grupo de amiguitos observaba, a través de una alambrada de púas, a unos hombres que jugaban al fútbol. El partido era emocionante, y disfrutaban viendo la habilidad de los jugadores. De golpe una patada mandó la pelota por encima de la valla. Aterrizó cerca de los niños.

—Sería genial tener una pelota —comentó uno de ellos—. Quedémonos con ella.

Esperanza eterna

«Nos regocijamos […] también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado Su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado» (Romanos 5:3–5, NVI).

Aunque el pasaje anterior es uno de mis preferidos de la Biblia, durante largo tiempo me costó comprender cómo era posible que la entereza de carácter produjera esperanza. Lo entendía hasta donde dice que la perseverancia produce entereza de carácter; pero ¿cómo era posible que las experiencias difíciles que forjan el carácter nos infundieran esperanza?

¿Qué gano con orar?

Hace cerca de tres mil años,un sabio llamado Agur dijo: «Tres cosas hay que causan asombro, y una cuarta que no alcanzo a comprender».

«¿Cómo! ¿Solo cuatro?», pensaba yo antes.Aunque no niego que las cuatro que escogió son muy buenas1.

Mentalidad ecológica

Cuando era niña mis padres me enseñaron buenos hábitos, tales como ahorrar electricidad y agua, no desperdiciar comida y buscar nuevos usos para objetos que habían dejado de cumplir la finalidad para la que habían sido concebidos. Mi familia era de parcos recursos; de modo que cuidar bien lo que teníamos era la opción lógica y sensata. Nunca se me ocurrió equiparar esas prácticas con el ambientalismo.

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