Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

Sacudir el tedio

«Si ustedes permanecen en Mi palabra —decía Jesús— serán verdaderamente Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.»1 Sabemos que dedicar regularmente tiempo a la lectura y estudio de la Palabra, así como a la oración y a escuchar la voz apacible de Dios, es esencial para nuestra salud y rendimiento espirituales. Sin embargo, a veces no tenemos la constancia que quisiéramos para hacerlo. Nos saltamos la lectura de la Biblia, nos tomamos de prisa los ratos de oración y posponemos acudir al Señor para pedirle consejo sobre asuntos importantes.

¿Qué atesoramos?

En la segunda mitad del capítulo 6 del Evangelio de Mateo, Jesús pone el foco en nuestra relación con las cosas materiales. Comienza enseñando cuál debe ser nuestra escala de prioridades y nuestra actitud frente a los bienes materiales:

Amabilidad y bondad

Cuando el apóstol Pablo escribió sobre llevar una vida que esté en armonía con Dios, enumeró lo que llamó «las obras de la carne», entre las que figuran las enemistades, los pleitos, los celos, los arranques de ira y la envidia.1 Prosiguió diciendo que el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.2 El fruto del Espíritu es la acción del Espíritu Santo dentro de nosotros, que nos lleva a adquirir una mayor cercanía y devoción a Dios y una mayor semejanza con Cristo.

Cambio de óptica

Durante una época particularmente tensa tuve un cambio de óptica que mejoró mi manera de abordar las cosas.

En aquel tiempo estaba metido en varios trabajos de envergadura, tenía muchísimo que hacer y estaba cansadísimo, por no decir agotado.

El padre y los hijos perdidos

En Lucas, capítulo 15, Jesús narró el siguiente relato:

Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde». Y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo, el hijo menor se fue lejos a una provincia apartada.1

Administración del tiempo

El tiempo es un bien que nunca podremos recobrar. La Biblia habla de «redimir el tiempo» o «aprovecharlo bien.»1 Nos urge, por tanto, comprometernos a desarrollar nuestras aptitudes de administración de tiempo.

Más como Jesús: Humildad

Un elemento clave en nuestro afán de llegar a parecernos más a Cristo es imitar Su humildad. En el mundo antiguo greco-romano la humildad se consideraba un rasgo negativo. Denotaba una actitud servil de parte de un individuo considerado de clase inferior. Se la asociaba con una actitud amilanada, de auto menosprecio o degradación. La cultura del honor y la vergüenza que imperaba por entonces exaltaba el orgullo, mientras que la humildad era vista como indeseable.

El llamado a perdonar

Los Evangelios describen que Jesús fue azotado, golpeado y finalmente clavado a una cruz. Mientras pendía de aquel madero, aguardando la muerte, algunas de Sus últimas palabras fueron: «Padre, perdónalos».1 El perdón fue Su respuesta a un juicio injusto, a la flagelación que tuvo que soportar con un azote de puntas de hueso o metal que le laceraron la piel, causándole un dolor inimaginable, y a los clavos con que le perforaron las manos y los pies para luego ser dejado ahí en la cruz agonizante.

Una vida abnegada

La abnegación y la generosidad no solo consisten en dar dinero. A veces es más fácil entregar plata que entregarse uno mismo. Para brindar a otra persona nuestro tiempo, atención, compasión, comprensión y oraciones tenemos que ser auténticos. Es necesario dar el primer paso, entender, compadecerse y traducir en hechos nuestros sentimientos. A menudo son esos sacrificios de nuestro tiempo los que realmente cuentan, como cuando renunciamos a nuestro día libre para colaborar con una obra de beneficencia en nuestro barrio o cuando visitamos a un enfermo.

El valor del individuo

A Dios no se le oculta nada acerca de cada uno de nosotros. Él conoce nuestra hechura. Sabe de qué somos capaces. Conoce nuestros dones, nuestras habilidades, nuestras flaquezas y nuestros puntos fuertes. Y sea cual sea el concepto que tengamos de nosotros mismos o de nuestros defectos, ¡Él nos seleccionó para integrar Su equipo!1 Tiene la certeza de que reunimos las condiciones para desempeñar, con Su poder, la función que Él nos asigne.

<Page 1 of 8>
Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.