Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

Más como Jesús: Humildad

Un elemento clave en nuestro afán de llegar a parecernos más a Cristo es imitar Su humildad. En el mundo antiguo greco-romano la humildad se consideraba un rasgo negativo. Denotaba una actitud servil de parte de un individuo considerado de clase inferior. Se la asociaba con una actitud amilanada, de auto menosprecio o degradación. La cultura del honor y la vergüenza que imperaba por entonces exaltaba el orgullo, mientras que la humildad era vista como indeseable.

El llamado a perdonar

Los Evangelios describen que Jesús fue azotado, golpeado y finalmente clavado a una cruz. Mientras pendía de aquel madero, aguardando la muerte, algunas de Sus últimas palabras fueron: «Padre, perdónalos».1 El perdón fue Su respuesta a un juicio injusto, a la flagelación que tuvo que soportar con un azote de puntas de hueso o metal que le laceraron la piel, causándole un dolor inimaginable, y a los clavos con que le perforaron las manos y los pies para luego ser dejado ahí en la cruz agonizante.

Una vida abnegada

La abnegación y la generosidad no solo consisten en dar dinero. A veces es más fácil entregar plata que entregarse uno mismo. Para brindar a otra persona nuestro tiempo, atención, compasión, comprensión y oraciones tenemos que ser auténticos. Es necesario dar el primer paso, entender, compadecerse y traducir en hechos nuestros sentimientos. A menudo son esos sacrificios de nuestro tiempo los que realmente cuentan, como cuando renunciamos a nuestro día libre para colaborar con una obra de beneficencia en nuestro barrio o cuando visitamos a un enfermo.

El valor del individuo

A Dios no se le oculta nada acerca de cada uno de nosotros. Él conoce nuestra hechura. Sabe de qué somos capaces. Conoce nuestros dones, nuestras habilidades, nuestras flaquezas y nuestros puntos fuertes. Y sea cual sea el concepto que tengamos de nosotros mismos o de nuestros defectos, ¡Él nos seleccionó para integrar Su equipo!1 Tiene la certeza de que reunimos las condiciones para desempeñar, con Su poder, la función que Él nos asigne.

Fuentes de inspiración

La inspiración nos infunde un renovado entusiasmo por la vida. Nos impulsa, nos mueve o nos conduce a la acción. No obstante, hay ocasiones en que la inspiración se nos desliza entre los dedos, en que no solo nos falta, sino que tenemos la sensación de que nunca la volveremos a poseer.

Una lista de oración para el año nuevo

Hay algo singular acerca del inicio de un año nuevo. Aunque el 1 de enero es el día que sigue al 31 de diciembre, así como un día cualquiera sucede al anterior, para muchas personas el inicio de un año trae consigo la sensación de un nuevo comienzo, de empezar con renovados ánimos. El año pasado ya quedó atrás; tenemos por delante nuevos horizontes.

Salud y estado físico

Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo.1 Dios nos ha encargado que cuidemos bien de él y que en ello seamos constantes. Jesús pagó el máximo precio para hacernos Suyos. Debemos, pues, demostrarle nuestra gratitud invirtiendo en nuestra salud. Cuidar bien de nuestro cuerpo y resguardar nuestra salud es consecuencia natural de amarnos a nosotros mismos y valorar el don de la vida que Dios nos ha proporcionado.

El amor de Dios por la humanidad

El amor de Dios es incondicional, no se sujeta a restricción alguna, es constante, no tiene límites. Se entrega libremente pase lo que pase. Cada uno de nosotros ha pecado, y el pecado nos separa de Dios. A despecho de ello, Dios nos ama. Eso no significa que ame todo lo que hacemos, pero nos ama. De hecho, ama tanto a la humanidad que dispuso que esa separación causada por nuestros pecados y malas acciones quedara eliminada por medio de la muerte expiatoria de Su Hijo, Jesús. «A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. Dios demuestra Su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.»1

El carácter cristiano

Un factor clave para llegar a ser como Jesús consiste en cultivar un carácter a tono con Dios. El presente artículo se centrará en los rasgos que, según la Escritura, cada creyente debe emular y que son los que nos llevan a adquirir una semejanza con Cristo. Esas cualidades o rasgos de carácter cristiano se distinguen de otras, que aun siendo buenas, no necesariamente nos hacen más parecidos a Cristo. Por ejemplo, creatividad, flexibilidad, actitud vigilante, decisión y otros atributos muy convenientes, pero que la Escritura no aborda directamente, frente a otros rasgos que sí plantea, como son la fe, la amabilidad, la paciencia, el amor, la gratitud y otros.

Decisiones que honren a Dios

Uno de los rasgos de la humanidad, en calidad de seres creados a imagen de Dios, es el libre albedrío, que incluye la capacidad de tomar decisiones y responsabilizarnos de las consecuencias de las mismas. A veces nos cuesta mucho aprender a tomar decisiones que glorifiquen a Dios y que cumplan Su voluntad; el proceso de averiguar qué quiere Dios, de esperar a que nos comunique soluciones y nos oriente pone a prueba nuestra fe y la hace crecer.

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