Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

Salud y estado físico

Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo.1 Dios nos ha encargado que cuidemos bien de él y que en ello seamos constantes. Jesús pagó el máximo precio para hacernos Suyos. Debemos, pues, demostrarle nuestra gratitud invirtiendo en nuestra salud. Cuidar bien de nuestro cuerpo y resguardar nuestra salud es consecuencia natural de amarnos a nosotros mismos y valorar el don de la vida que Dios nos ha proporcionado.

El amor de Dios por la humanidad

El amor de Dios es incondicional, no se sujeta a restricción alguna, es constante, no tiene límites. Se entrega libremente pase lo que pase. Cada uno de nosotros ha pecado, y el pecado nos separa de Dios. A despecho de ello, Dios nos ama. Eso no significa que ame todo lo que hacemos, pero nos ama. De hecho, ama tanto a la humanidad que dispuso que esa separación causada por nuestros pecados y malas acciones quedara eliminada por medio de la muerte expiatoria de Su Hijo, Jesús. «A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. Dios demuestra Su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.»1

El carácter cristiano

Un factor clave para llegar a ser como Jesús consiste en cultivar un carácter a tono con Dios. El presente artículo se centrará en los rasgos que, según la Escritura, cada creyente debe emular y que son los que nos llevan a adquirir una semejanza con Cristo. Esas cualidades o rasgos de carácter cristiano se distinguen de otras, que aun siendo buenas, no necesariamente nos hacen más parecidos a Cristo. Por ejemplo, creatividad, flexibilidad, actitud vigilante, decisión y otros atributos muy convenientes, pero que la Escritura no aborda directamente, frente a otros rasgos que sí plantea, como son la fe, la amabilidad, la paciencia, el amor, la gratitud y otros.

Decisiones que honren a Dios

Uno de los rasgos de la humanidad, en calidad de seres creados a imagen de Dios, es el libre albedrío, que incluye la capacidad de tomar decisiones y responsabilizarnos de las consecuencias de las mismas. A veces nos cuesta mucho aprender a tomar decisiones que glorifiquen a Dios y que cumplan Su voluntad; el proceso de averiguar qué quiere Dios, de esperar a que nos comunique soluciones y nos oriente pone a prueba nuestra fe y la hace crecer.

Amor incondicional

Cuando pienso en cómo resumir en dos palabras quién es Dios, lo que me viene a la cabeza es amor incondicional. Por supuesto que Dios es muchas otras cosas y no se lo puede encasillar con una sola frase o término; pero por 1 Juan 4:8 sabemos que «Dios es amor». Esa es Su esencia, una característica intrínseca Suya, uno de Sus principales rasgos de personalidad.

¡Nunca jamás te rindas!

A veces la vida se hace cuesta arriba.

Cuando uno se ha esforzado todo lo posible sin lograr dar la talla, sin conseguir hacer realidad sus sueños, y le parece que ya no puede seguir luchando, es normal que le den ganas de tirar la toalla.

Yo creo que todos nos hemos sentido así en algún momento. Tal vez te ha pasado hace poco. Hasta es posible que te sientas así en este instante.

Icemos nuestras velas

En la vida, todo lo que queramos hacer bien requiere esfuerzo, y adquirir un mayor parecido con Cristo también. Requiere esfuerzo cultivar con voluntad y tesón creencias, hábitos, actitudes, pensamientos y conductas que estén en armonía con Dios. También es preciso abandonar intencionadamente creencias falsas, hábitos dañinos, actitudes que no agradan a Dios, pensamientos erróneos y malas conductas.

Shalom

Una de las partes del relato de la Navidad que encuentro más bella, fascinante y cargada de significado es esa en la que un ángel se aparece a los pastores y les anuncia el nacimiento de Jesús, tras lo cual se le une una multitud de las huestes celestiales y se ponen a alabar a Dios. Un preludio digno del nacimiento del Hijo de Dios.

Gratitud

Asemejarnos más a Cristo significa llegar a ser mejores cristianos mediante una aplicación más resuelta de las enseñanzas de las Escrituras, combinada con la guía y gracia del Espíritu Santo. Esa aplicación de la Biblia tiene dos vertientes. Por un lado, exige renunciar a todo aquello que no esté a tono con Dios y resistir y vencer el pecado tanto como sea posible. Por otro, consiste en revestirnos de Cristo1, abrazar las virtudes cristianas que se mencionan en las Escrituras y conducirnos de un modo que refuerce en nosotros tales virtudes.

Sal y luz

Jesús comienza el Sermón del Monte con las Bienaventuranzas, que ofrecen una visión general de cómo deben vivir su fe los seguidores de Sus enseñanzas. En el resto del sermón entra en mayores detalles y presenta otros principios que amplían los expuestos en las Bienaventuranzas.

Uno de esos principios aparece justo a continuación de las Bienaventuranzas. Es el siguiente:

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