Anna Perlini

Anna Perlini es cofundadora de Per un mondo migliore, organización humanitaria que desde 1996 lleva a cabo labores en la ex Yugoslavia. 

Las reuniones de los miércoles

Uno no pensaría que aquel hombre se dirigía a un grupo de adultos mayores, algunos confinados a sillas de ruedas, otros aquejados de demencia o Alzheimer.

Sus manos gesticulaban en el aire mientras describía con voz apasionada algún concepto profundo con ayuda de tiza y pizarrón: «¿Quién puede decirme que significa la paz? Tú, Alberto, sí. Dímelo y lo apuntaré. ¡Estupendo! Vamos a participar todos. Lo enviaremos al periódico del pueblo».

Saludos de cumpleaños

El día de mi cumpleaños suelo tener sentimientos encontrados. Por un lado me gustaría poder escaparme a una isla solitaria; por el otro, es agradable que me presten un poco más de atención. Sea como sea, coincido con Todd Stocker en que: «Un cumpleaños feliz no se mide por la cantidad de regalos que te hacen, sino por el amor que te demuestran».

Gestos de perdón

Siempre me han impactado mucho las personas que logran perdonar. Cuando era niña, siempre había alguno que no se tomaba revancha cuando los demás se burlaban de sus rarezas o de su cara llena de granos. Más tarde yo misma tuve que aprender a perdonar cuando mi novio me dejó sin motivo aparente y sin explicación alguna. Luego vino mi matrimonio, que me ofreció un sinfín de oportunidades de perdonar y ser perdonada. El trabajo en equipo también es idóneo para practicar el perdón.

Un compromiso anual

Un día, hace unos tres años, mi padre invitó a sus cinco hijos —todos ellos casados y con hijos propios— a acompañarlo a él y a mi madre en un viaje a Tierra Santa. Él ya tenía 85 años y llevaba varios sin viajar ni volar. Hasta ese momento creo que se sentía viejo. Tenía aprensiones y miedos, y en cierto modo había cerrado ese capítulo de su vida. Sin embargo, aquel día algo cambió. Por una parte fue por su deseo de volver a visitar los lugares que conoció su amado Jesús, y por otra por sus ansias de hacer un viaje con su familia, algo que no hacíamos desde que éramos muy jóvenes.

Cantando villancicos

Cuando mis hijos eran pequeños nos enteramos de una antigua tradición que hubo desde la Edad Media en diversas partes de Europa. Grupos de niños y jóvenes iban de casa en casa entonando villancicos y a veces recogiendo donaciones con fines benéficos.

Una pareja excéntrica

Conocí a Danica y Milic hace más de 13 años. Ya entonces los llamaban afectuosamente los abuelos del cerro, ya que la aldea donde viven, Sudohol, significa «cerro árido». Se accede a ella por una empinada trocha. En inviernos particularmente inclementes no hay forma de llegar en vehículo. No tienen agua corriente ni instalaciones sanitarias en la casa y, como muchas personas de la región de Croacia cercana a la frontera con Bosnia, cargan con una triste historia: huyeron de la guerra y la destrucción, vivieron en campamentos para refugiados y finalmente retornaron a su aldea, donde encontraron su casa quemada. Les tocó empezar de nuevo a una edad en que la mayoría de las personas se jubilan.

Prende tu luz

Conocí a Marina hace casi 20 años en un taller organizado por una ONG japonesa para refugiadas bosnias. Era cálida y amigable, y sin lugar a dudas le daba un toque original y artístico al evento, aunque no hacía más que ayudar a las participantes a preparar unas simples tarjetas de presentación. Unos años más tarde acompañó a esas mismas mujeres cuando viajaron a Italia en dos buses como parte de un programa de intercambio. Fue entonces cuando descubrí su veta humorística. Siempre estaba animando el ambiente con sus chistes, canciones y risa contagiosa.

Mi Beethoven inolvidable

Cuando mi padre me hizo escuchar por primera vez la Sinfonía n.º 6 de Beethoven1 —algo que repitió muchas veces— sin duda su intención era contagiarme su entusiasmo por la música clásica.

Lo que me enseñaron mis héroes

La primera vez que me hablaron de Albert Schweitzer yo tenía diez años. Me impresionó mucho su dedicación, hasta el punto de que empecé a acariciar la idea de estudiar medicina y seguir su ejemplo en África. Eran los tiempos en que, para averiguar más sobre algo o alguien había que leer libros, consultar enciclopedias y, en la mayoría de los casos, ir a una biblioteca. Es decir, uno no tenía la posibilidad de satisfacer inmediatamente su curiosidad. La búsqueda tenía su cuota de serendipia y misterio.

La moneda más pequeña del mundo

Justo antes de irme a la India, donde hice voluntariado durante varios años, una amiga me hizo un obsequio de despedida muy original, que a mí me pareció también muy útil.

—Estoy preocupada por ti —me dijo—. Te vas a un país difícil. Te puede venir bien contar con esto.

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