Richard Johnston

Richard Johnston es escritor e investigador. Ha publicado varios artículos en Conéctate.

Seamos íconos

El vocablo griego traducido como imagen en la mayoría de las biblias en español es eikón, del que proviene la palabra ícono. En la Biblia se usa tanto en su acepción literal1 como en sentido figurado2. La Septuaginta, que fue la primera traducción oficial al griego del Antiguo Testamento hebreo, se refiere a Adán como el «eikón de Dios».

Terrícolas responsables

Si bien el asunto del calentamiento global tiene sus aristas, no podemos desentendernos de él. Se pueden debatir las causas y buscar culpables hasta la saciedad, pero lo concreto es que por ahora este planeta sigue siendo nuestro hogar colectivo y es tarea de todos velar responsablemente por él.

He leído artículos de varios autores cristianos que en mi opinión abordan el asunto con sensatez: Dios nos encargó que custodiáramos Su creación y es nuestra obligación hacerlo y administrar sus recursos1. Por otro lado, he leído lo que considero un planteamiento irresponsable fundamentado en una aplicación sesgada de ciertos pasajes bíblicos. Responde a la siguiente lógica: Algún día la superficie y la atmósfera de la Tierra serán destruidas en una conflagración global, y Dios creará un mundo nuevo y mejor a partir de los desechos del anterior2; por ende, poco importa lo que hagamos con él ahora. Si el planeta de todos modos va a ser calcinado, ¿para qué preocuparnos por conservarlo? Al fin y al cabo, Dios tiene otros designios.

Cavilaciones sobre las maravillas del cuerpo humano

Dado que soy decididamente aprensivo, cuando el salmista, refiriéndose al cuerpo humano, dice: «Formidables y maravillosas son Tus obras» (Salmo 139:14), me doy por satisfecho. Para mí no hace falta meterse en lo que sucede debajo de la piel. Prefiero ignorarlo y dedicarme a lo mío. Sin embargo, no todos son así. En los últimos doscientos o trescientos años —unos tres mil años después que David, rey de Israel, cantó embelesado esas alabanzas a su Creador—, personas más curiosas y sin duda menos aprensivas que yo han hecho unos descubrimientos asombrosos, que nos dan motivo para exclamar igual que David: «¡Cuán preciosos, Dios, me son Tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien» (Salmo 139:17,14).

El origen de la vida

Según parece, el término abiogénesis fue acuñado por Thomas Huxley hacia 1870. Huxley —conocido como el bulldog de Darwin por su insistencia en promover la teoría de la evolución— intentó cubrir la falencia más elemental y evidente de la teoría afirmando que en un momento muy lejano de la existencia de la Tierra la vida surgió a partir de la materia inanimada —es decir, fue resultado de la abiogénesis— por medio de una reacción natural que, aunque no es posible hoy en día, lo fue en ese entonces.

Cada cual escoge qué creer

¿Cómo llegó a existir el universo y todo lo que hay en él? ¿Es el resultado de un proceso desencadenado por algún hecho inexplicable, o fue obra de un diseñador inteligente?

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