Sally García

Sally García es educadora y misionera. Vive en Chile y está afiliada a la Familia Internacional.  

Un excelente punto de partida

La primera vez que tuve una Biblia en mis manos fue de niña, mientras aguardaba mi turno en una consulta médica. Abrí las primeras páginas y leí hasta el episodio de Caín y Abel, el primer homicidio de la historia. En mi mentalidad infantil aquello me pareció aterrador. Ya de adolescente decidí volver a leerla, pero esa vez, partiendo por el final. Me sumergí, pues, en el libro del Apocalipsis. ¡Qué cosas más raras e inverosímiles!, —pensé—, y una vez más cerré aquel libro, tan ignorante y sin luces como al principio.

¿A qué esperar?

Me encantaría presentarles a mi amiga Vanessa. Es un perfecto ejemplo del Evangelio calzado en zapatillas. Cuando comenzó a asistir a nuestros estudios bíblicos era madre soltera de tres chicos adolescentes y les aseguro que ya había tenido su buena dosis de desventuras y quebrantos. Tal vez era por eso que tenía ese algo, esa felicidad contagiosa, ojos chispeantes y una carcajada a flor de labios, sobre todo cuando contaba cosas graciosas sobre ella misma.

De tiempos y sazones

Está hoy muy extendida la idea de vivir el momento, de practicar el mindfulness (atención plena), las respiraciones profundas… Sucede, sin embargo, que a veces nuestros momentos son más que momentos: se extienden hasta abarcar épocas. Y para vivirlos ya no basta con una sola respiración profunda. Una de las maravillas de envejecer es que he vivido muchas épocas, muchos ciclos, al igual que muchos de mis amigos. Esas épocas nos han dado entendimiento y perspicacia, y a medida que vamos recolectando experiencias llegan a ser joyas que atesoramos.

¿Jubilada?

—¿Podrías dar clases de inglés a mi señora? —oí que me decía una voz a mis espaldas en la feria (mercado) semanal del barrio donde vivimos en Chile. Me di vuelta, y frente a mí se encontraba un desconocido muy entusiasta, que me decía:

—Mi mujer necesita aprender inglés. Creo que usted es la indicada para darle clases.

Pedir perdón

Hace años me vi en una situación laboral complicada y desagradable con un compañero de trabajo. Las cosas no mejoraron y fue un alivio cuando finalmente él se trasladó a otro lado. Un tiempo después recibí un breve correo electrónico suyo con tres palabras: «Te pido disculpas».

Crecimiento espiritual

¿Alguna vez te sucedió que disfrutando de una buena lectura de golpe una frase te pega en medio de la frente? En The Furious Longing of God (El feroz deseo de Dios)1, Brennan Manning escribe:

Una pausa para meditar

Diciembre es, de lejos, el mes más ajetreado del año para mí. Paso los días organizando eventos, reciclando juguetes para dar a niños de escasos recursos, decorando la casa y planificando las reuniones navideñas y la cena de Nochebuena. Luego sigue la celebración de Año Nuevo, para dejar atrás lo viejo y abrazar lo nuevo.

Las desventuras de una ciclista

Vivimos en una calle en las afueras de un pequeño barrio semiurbano. Hay dos vías para llegar a la urbanización desde nuestra casa, pero ambas presentan varios obstáculos para ciclistas como mi marido y yo.

Diario de gratitud

«No recuerdo cómo se escribe esa palabra. ¿Cómo hago para expresar esta idea correctamente? Parece que no logro volcar mis ideas en el papel».

Me daba cuenta de que mis habilidades como escritora estaban oxidadas. No había tenido mucha ocasión de ordenar mis ideas en párrafos desde que había salido del colegio, y ahí, frente a mí, estaban las penosas consecuencias. Entonces me acordé de cuánto había disfrutado de un curso de expresión escrita que tomé en la universidad.

Lavando platos con Jesús

Algunos de los momentos más trascendentales que he pasado con Dios fueron cuando tenía las manos sumergidas en el agua con jabón donde lavo la vajilla. Desde hace años tengo el hábito de comenzar la mañana con oración y una lectura devocional. Pero el tiempo inapelablemente pasa, y al llegar cierta hora tengo que levantarme y meterme de lleno en la jornada con la sensación de que no he terminado del todo. Viene al caso una paráfrasis de un viejo himno góspel: «Con Él encantada estoy, pero en torno ya el día comienza»1.

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