Steve Hearts

Steve Hearts es ciego de nacimiento. Es escritor y músico y vive en Norteamérica. 

Halterofilia espiritual

Uno de mis ejercicios favoritos es la halterofilia (levantamiento de pesas). No me dedico al fisicoculturismo; simplemente lo hago para tonificarme y mantenerme en forma. Además me resulta interesante cuánto se parece la halterofilia a nuestro crecimiento espiritual.

Más útil que una luz

La vida terrenal suele concebirse como una larga carretera que recorre llanuras, colinas, montañas, valles y túneles. He pasado por todos esos tipos de terrenos innumerables veces y puedo afirmar sin asomo de duda que los túneles son lo que menos me gusta.

Dando se sale ganando

Cuesta mucho menos hablar de la generosidad que practicarla, sobre todo cuando exige algún sacrificio. Por otra parte, la Biblia dice que Dios la tiene en gran estima.

«Jesús se sentó frente al lugar donde se depositaban las ofrendas, y estuvo observando cómo la gente echaba sus monedas en las alcancías del templo. Muchos ricos echaban grandes cantidades. Pero una viuda pobre llegó y echó dos moneditas de muy poco valor. Jesús llamó a Sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro más que todos los demás. Estos dieron de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento”»1.

Enfocado en el objetivo

Una cosa es soñar con alcanzar una meta o lograr algo. Ese es un primer paso importante. Para algunos puede ser emprender una nueva actividad. Para otros, adquirir una habilidad. Para otros más puede implicar un cambio de hábitos o de estilo de vida. Cualquiera que sea el caso, para cristalizar nuestros sueños hace falta esfuerzo, perseverancia y, en muchas ocasiones, sacrificios. Una vez que tomamos conciencia de eso, todo depende de lo resueltos que estemos a alcanzar esa preciada meta, cualquiera que sea, y de cuánto estemos dispuestos a esforzarnos por ver cumplidas nuestras aspiraciones. Ahí es cuando entra a tallar la motivación.

Mi refugio

En los momentos tempestuosos de nuestra vida, a menudo nos preocupamos tanto de buscar una vía de escape —o de rescate— que nos olvidamos completamente del mejor refugio y más seguro resguardo que puede haber.

Anoche el sueño me fue absolutamente esquivo. Había sufrido una crisis de desánimo, dudas e impotencia. Estaba agitado, inquieto, en cuerpo y mente. Me costaba tomar las riendas de mis pensamientos para que no se desbocaran.

Los zapatos de Navidad

La época navideña —sin duda la más querida para mí— me hace revivir momentos inolvidables. Nevaba el día de diciembre en que toda mi familia volvió a los EE. UU. después de varios años de misionar en las Filipinas. Yo tenía entonces seis años. Aquel día conocí a mis abuelos y toqué por primera vez la nieve. Luego, cuando tenía quince años, estuve todas las festividades con una banda de músicos que viajó de Washington a México para realizar una gira de recitales benéficos. Lo pasé bomba.

La verdadera quietud

Hace un tiempo me enfrenté a un dilema que me sentí incapaz de resolver. A solas en la quietud de la noche, le di al asunto vueltas y más vueltas sin encontrarle remedio. Finalmente le pedí orientación al Señor.

Estaba tendido en la cama, a la espera de una respuesta. El silencio era absoluto. Se me empezaba a agotar la paciencia. Justo en el momento en que me levantaba a tomar agua, me habló una apacible y delicada voz:

Ver más allá

La vida abunda en retos de todo tipo. A algunas personas los más monumentales se les presentan después de recorrer un buen trecho de la carretera de la vida. En mi caso, el principal desafío que he tenido que afrontar se me dio a conocer poco después de nacer y me acompaña hasta el día de hoy. Soy ciego.

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