Steve Hearts

Steve Hearts es ciego de nacimiento. Es escritor y músico y vive en Norteamérica. 

Contacto con el Consolador

En Juan 14:26 Jesús prometió enviar el Espíritu Santo para consolar a Sus seguidores después de Su partida de este mundo. «El Consolador, el Espíritu Santo que el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que Yo les he dicho».

Esa promesa me quedó grabada en la memoria desde la niñez. Sin embargo, no fue hasta los veintitantos años que tomé contacto con «el Consolador» personalmente.

Ocultar cicatrices

Todos tenemos experiencias en la vida que nos dejan cicatrices y —sean estas físicas o emocionales— a menudo tratamos de ocultarlas por miedo a lo que opinen los demás si las descubrieran. Estas cicatrices pueden ser cualquier cosa de la que nos sentimos avergonzados y que intentamos esconder; por ejemplo, heridas tapadas del pasado, luchas internas que enfrentamos, rasgos físicos que no nos enorgullecen, etc. A lo largo de mi vida he aprendido que ser transparente acerca de las cicatrices en lugar de ocultarlas es muy liberador. Les referiré enseguida una de mis consabidas cicatrices de la que he aprendido a no abochornarme.

Vuelta de página

Algo que suele ser difícil de aceptar en la vida es que para poder lanzarnos de lleno al futuro es imperativo dejar atrás no solo el pasado lejano, sino hasta el más reciente. Eso puede resultar particularmente trabajoso en momentos de transiciones importantes, tales como superar una relación sentimental que no resultó o cambiar de empleo o de casa.

Dios y yo

Hace poco estuve reflexionando sobre cómo ha cambiado progresivamente mi perspectiva de los milagros a lo largo de mi vida. Si bien tengo fe en Jesús desde niño, suelo compararme con las personas que fueron testigos de sanaciones, resurrecciones y otros milagros increíbles, y pienso que me perdí algo.

Halterofilia espiritual

Uno de mis ejercicios favoritos es la halterofilia (levantamiento de pesas). No me dedico al fisicoculturismo; simplemente lo hago para tonificarme y mantenerme en forma. Además me resulta interesante cuánto se parece la halterofilia a nuestro crecimiento espiritual.

Más útil que una luz

La vida terrenal suele concebirse como una larga carretera que recorre llanuras, colinas, montañas, valles y túneles. He pasado por todos esos tipos de terrenos innumerables veces y puedo afirmar sin asomo de duda que los túneles son lo que menos me gusta.

Dando se sale ganando

Cuesta mucho menos hablar de la generosidad que practicarla, sobre todo cuando exige algún sacrificio. Por otra parte, la Biblia dice que Dios la tiene en gran estima.

«Jesús se sentó frente al lugar donde se depositaban las ofrendas, y estuvo observando cómo la gente echaba sus monedas en las alcancías del templo. Muchos ricos echaban grandes cantidades. Pero una viuda pobre llegó y echó dos moneditas de muy poco valor. Jesús llamó a Sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro más que todos los demás. Estos dieron de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento”»1.

Enfocado en el objetivo

Una cosa es soñar con alcanzar una meta o lograr algo. Ese es un primer paso importante. Para algunos puede ser emprender una nueva actividad. Para otros, adquirir una habilidad. Para otros más puede implicar un cambio de hábitos o de estilo de vida. Cualquiera que sea el caso, para cristalizar nuestros sueños hace falta esfuerzo, perseverancia y, en muchas ocasiones, sacrificios. Una vez que tomamos conciencia de eso, todo depende de lo resueltos que estemos a alcanzar esa preciada meta, cualquiera que sea, y de cuánto estemos dispuestos a esforzarnos por ver cumplidas nuestras aspiraciones. Ahí es cuando entra a tallar la motivación.

Mi refugio

En los momentos tempestuosos de nuestra vida, a menudo nos preocupamos tanto de buscar una vía de escape —o de rescate— que nos olvidamos completamente del mejor refugio y más seguro resguardo que puede haber.

Anoche el sueño me fue absolutamente esquivo. Había sufrido una crisis de desánimo, dudas e impotencia. Estaba agitado, inquieto, en cuerpo y mente. Me costaba tomar las riendas de mis pensamientos para que no se desbocaran.

Los zapatos de Navidad

La época navideña —sin duda la más querida para mí— me hace revivir momentos inolvidables. Nevaba el día de diciembre en que toda mi familia volvió a los EE. UU. después de varios años de misionar en las Filipinas. Yo tenía entonces seis años. Aquel día conocí a mis abuelos y toqué por primera vez la nieve. Luego, cuando tenía quince años, estuve todas las festividades con una banda de músicos que viajó de Washington a México para realizar una gira de recitales benéficos. Lo pasé bomba.

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