Ariana Andreassen

Ariana Andreassen—que también firma con el nombre de Ariana Keating— es profesora. Vive en Tailandia y tiene tres hijos.

La eterna búsqueda

Cuando tenía seis años me aprendí un poema que se titulaba Una leyenda olvidada. Cuenta que tres niñitos fueron a ver a Jesús. Uno era ciego, otro mudo y el tercero cojo. Pese a sus limitaciones físicas, se ayudaron mutuamente para llegar hasta el pesebre donde estaba Jesús. Dios les hizo entonces un magnífico regalo: los sanó.

¡Feliz día nuevo!

En la mayoría de los países el Año Nuevo se celebra el primer día de enero. Sin embargo, en Camboya, donde viví tres años, se celebra tres veces cada 365 días.

Para empezar, el 1º de enero se celebra el Año Nuevo internacional, más conocido por las fiestas nocturnas y sus consiguientes resacas.

Luego está el Año Nuevo chino, en enero o febrero. En el Año Nuevo chino se echan petardos, se visita a los parientes y se quema dinero falso en honor a los ancestros.

Ajuste de vision

Cuando no me pongo mis gafas, todo lo que está a más de unos metros me hace forzar la vista. Más allá de esa distancia lo veo todo borroso. Llevo 20 años usando anteojos, pero a veces se dan situaciones en que no puedo o no quiero ponérmelos. En esos casos, irremediablemente se me nubla casi todo lo que pasa a mi alrededor.

Una vez mi marido y yo estábamos saliendo de una peluquería cuando, sin saber yo por qué, él empezó a hablar de una amiga nuestra. Lo cierto es que ella había estado en la peluquería con nosotros todo el tiempo; pero mi alcance visual era tan reducido que no la había reconocido.

Todo por el premio

No sé cómo sobreviven las elefantas a 22 meses de embarazo. He tenido dos embarazos, y nueve meses es más que suficiente para mí. Me pasé semanas en que no veía la hora de que naciera el bebé. Sin embargo, al empezar el duro trabajo de parto me pareció que mi sufrimiento no acabaría nunca.

Unos 30 minutos antes que naciera Lisa —la segunda—, yo estaba ya para tirar la toalla. Pero aguanté un poco más y nació ella, mi recompensa.

Desde pequeñines

Mi hijo Anthony es un chiquillo muy despierto, muy activo, de apenas tres añitos. Le encanta aprender cosas. Hace un tiempo, su tema preferido de conversación eran los rayos. No se cansaba de hablar de las tormentas, de que algunos edificios se incendian cuando les cae un rayo… Cuando le dio por escenificar todo eso con sus figuritas de Playmobile y de Lego, procuré canalizar positivamente sus pensamientos y sus energías enseñándole, por ejemplo, que Benjamin Franklin inventó el pararrayos para evitar esos desastres.

Mi gran afición

Charles Spurgeon —predicador inglés del siglo XIX— dijo algo que para mí define el papel del cristiano en cuanto a la oración. «Así como los pintores se consagran a sus cuadros, y los poetas al cultivo de la lengua clásica, nosotros debemos practicarapasionadamente la oración». Así y todo, confieso que antes a veces me costaba ser constante en la oración. Y no por falta de ganas, más bien todo lo contrario; pero no lograba ser consecuente con mis buenas intenciones. No exagero si digo que cada vez que intentaba orar, un mar de pensamientos me invadía la cabeza, y enseguida me veía envuelta en otros quehaceres.

Desafiar lo imposible

¿Alguna vez has leído algo que luego se te quedó grabado en la cabeza? A mí me ocurrió hace poco con un artículo de revista titulado El asesinato de lo imposible. Desde el primer momento me intrigó. (Está claro que la palabra asesinato tiene mucho gancho.) Rápidamente eché una ojeada al texto. Trataba de un alpinista que ha escalado las cumbres más altas del mundo. Es más, ha dedicado su vida al sueño de ser uno de los montañistas más hábiles y destacados de la Historia. Sin embargo, su pasión tuvo un precio. Enfrentarse a la furia de los elementos con frecuencia le afectó la salud. Tanto es así que en una ocasión se le congelaron siete dedos de los pies y los perdió. Sin amilanarse, continuó estudiando formas de desafiar lo imposible.

Feliz resurrección

Cuando tenía ocho o nueve años, mis padres consiguieron el video de Jesús de Nazaret (1977), miniserie de seis horas dirigida por Franco Zeffirelli. Nos pasamos varios domingos por la mañana viéndola detenidamente para estudiar la vida de Cristo. En la última hora se muestra Su juicio y Su crucifixión. Yo ya conocía en esencia la historia, pues todos los años nos la contaban en la época de la Pascua. Sin embargo, verla retratada tan vívidamente me impactó. Miré horrorizada el juicio, las burlas, los azotes y la crucifixión del Señor. Ver morir a Jesús fue más de lo que podía soportar. Se me partió el corazón y me eché a llorar.

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