Chalsey Dooley

Chalsey Dooley vive en Australia. Escribe textos motivacionales para niños y educadores y se dedica de lleno a la formación de sus hijos. Este es su sitio web www.nurture-inspire-teach.com.

Cómo cumplí mi sueño

Cuando empecé a trazarme metas hace cinco años, casi me parecían inalcanzables. Sin embargo, invoqué la promesa: «Dios hará que esto suceda, porque Aquel que los llama es fiel»1. Con Su ayuda, pues, me aboqué a ello. Mi plan era redactar y crear miles de páginas de textos de buena calidad para promover la fe en los niños.

Héroes anónimos

Sabe Dios la enorme cantidad de actos de heroísmo que se realizan todos los días. Si se premiara cada uno de ellos con una placa, habría suficientes para cubrir todos los muros del mundo. Tal vez en eso pensaba mi marido, Michael, cuando escribió esta canción en honor de muchos héroes anónimos.

Detalles de amor

Creo que una de las cosas que más me motiva a permanecer lo más cerca posible de Jesús son esos gestos personalizados de cariño que tiene conmigo.

Los tiene con cada uno de nosotros. A veces nos percatamos de ellos; otras, no. A veces los notamos, pero los atribuimos a otras causas. Me imagino que eso lo entristece. Sin embargo, nos ama demasiado como para darnos por perdidos. A lo largo de toda nuestra vida insiste en expresarnos Su amor y en repetirnos las dos palabras más maravillosas que hay: «¡Te amo!»

La alegría no va incluida

Los avisos publicitarios suelen presentar más que el artículo que pretenden vender. Una propaganda de una piscina inflable bien puede mostrar una familia feliz chapoteando en ella. ¿Acaso la piscina te garantiza que tendrás una familia feliz?

Mil y un regalos para Jesús

La Navidad pasada no tuvo en ningún momento esa chispa mágica que suele tener. Me molestó todo el espíritu comercial que contamina nuestra ciudad desde meses antes. Entre los avisos llamativos de las revistas y la sensación de que yo no tenía mucho que ofrecerle a Jesús por lo limitantes que son nuestras circunstancias, perdí el entusiasmo. No me hacía ninguna ilusión decorar el árbol. Tampoco deseaba el estrés y el sentimiento de culpa que suele producir el esforzarse frenéticamente por darle sentido a todo.

El ornitorrinco limpio

Algunos días parecen ser mágicos: las cosas me salen bien, pongo en práctica nuevas ideas y el tiempo me rinde. En cambio otros días, cuando llega la noche tengo que hacer un esfuerzo para recordar algo digno de mención que haya hecho. Es cierto que di de comer a los niños, los vestí, los ayudé con sus actividades didácticas y los llevé a jugar a la plaza… pero me quedo con gusto a poco. Tengo ganas de liquidar unos cuanto ítems de mi extensa lista de tareas pendientes. Quisiera poder decir que he hecho grandes progresos. No obstante, me da la impresión de estar atrasándome cada vez más en muchos aspectos de mi vida.

Me conoce perfectamente

Me encuentro en una etapa de la vida en la que estoy tan ocupada viviendo y atendiendo a todos mis proyectos y mis obligaciones como madre, ama de casa, profesora y esposa que no encuentro tiempo para escribir posts ni cartas a mis amigos sobre mí misma.

La cajera que se interesó por mí

No sé cómo lo hizo, pero los ojos de la cajera se clavaron en los míos. Me descubrió. Yo había tratado de evitar todo contacto visual mientras terminaba de hacer las compras en el supermercado. Más vergonzoso que ser vista en público extrañamente vulnerable sería que alguien descubriera el incidente tan insignificante que me había desmoronado.

Siempre y cuando no tuviera que hablar, podía controlarme. Mi marido intentó hablar conmigo por teléfono, pero yo no estaba en condiciones de responderle. Si hubiera tratado de explicarle algo, solo me habrían salido palabras enredadas y fuertes sollozos.

Un mundo imperfecto

La sonrisa de mi bebito era una nimiedad. Sin embargo, modificó mi perspectiva de la vida.

Al despertarse y mirarme, vio lo más fundamental para él en el mundo: ¡yo! No le importó que mi pantalón de pijama no combinara con la blusa, ni que estuviera toda despeinada. Simplemente me quiere, y le encanta estar conmigo. No necesita perfección; el amor todo lo perdona, todo lo embellece. En el momento en que lo tomé en brazos y me impregné del amor que irradiaba, se me esclareció algo que había estado rumiando un rato antes.

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