Chris Mizrany

Chris Mizrany es misionero, diseñador de páginas web y fotógrafo. Colabora con la fundación Helping Hand en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

Mi mes perfecto

Hace poco llegué a una conclusión total y absolutamente prosaica: que no doy la talla, que no soy tan bueno como quisiera.

Mi torre Jenga

Uno de mis juegos preferidos consiste en desarmar cosas. Se trata de un juego de alto riesgo, pues por muy bien que lo estés haciendo, todo puede echarse a perder muy rápidamente y ahí se acaba la partida.

Una vida signada por el perdón

A lo largo de mi vida he recibido mi cuota de (merecidas) consecuencias por mis transgresiones. Sin embargo, en más de una ocasión no recibí lo que me hubiera merecido. En cambio, obtuve misericordia.

No corremos solos

Con frecuencia oímos decir que nuestra vida de fe se asemeja a correr una carrera o hallarse en medio de una travesía. Hay numerosas canciones, libros y sermones basados en esos conceptos. Como corredor que soy, encuentro inspiración en el versículo: «Corramos con perseverancia la carrera que tenemos delante de nosotros […], puestos los ojos en Jesús».1 Hace poco eso se me hizo patente desde una perspectiva totalmente nueva.

Cómo huir de las olas

Un día mi mujer y yo llevamos a Kristen —nuestra hija de 13 meses— a la playa. El tiempo estaba lindísimo. Era un día perfecto. Mientras caminábamos por la arena tomándola cada uno de una manito, ella sonreía y balbuceaba en su propio lenguaje encriptado.

Jesús y mi mochila

A lo largo de los años mi mochila ha sido duramente maltratada. La he expuesto a un sol inclemente y a lluvias torrenciales, tanto en mi barrio como en viajes al extranjero. Me ha acompañado en labores humanitarias y también en mis vacaciones. De hecho, dondequiera que fui, mi mochila fue conmigo.

Cuando apareció Jesús

Nunca deja de asombrarme cómo Jesús se aparece en los momentos oscuros y difíciles de nuestra vida. El capítulo 8 de Lucas es una muestra de ello.

Jairo —un clérigo y personaje de cierta relevancia— ruega a Jesús —ya acosado por multitudes de personas deseosas de oír sus palabras— que vaya a su casa y sane a su hija moribunda.

Dios, el griego y la gran esperanza

A pesar de todos los indicios de que nos esperan tiempos difíciles, el año nuevo me tiene animado. Me entusiasma esforzarme por alcanzar nuevas metas y superarme. El sustantivo entusiasmo viene del término griego enthousiasmós, cuya raíz es enthous, que significa «inspiración o posesión divina». Resulta interesante que inicialmente se usaba en sentido peyorativo para describir un celo religioso excesivo.

El regalo incomparable

Una de las cosas que más me gustan de la Navidad son los regalos. Ya sé que la Navidad entraña mucho más que eso, pero el simple hecho de abrir los paquetes y descubrir qué contienen siempre me genera expectativas. Cuando veo un regalo bien envuelto y con una etiqueta a mi nombre, me emociono. Por más que tenga alguna idea de lo que podría ser, me resulta muy entretenido abrir el paquete y ver el regalo por primera vez.

Una fuente inagotable de energía

La ciudad en la que vivo en Sudáfrica enfrenta regularmente cortes de energía. A veces el fluido eléctrico se interrumpe hasta cinco horas diarias. Lo denominan loadshedding (recorte o desconexión de carga). A causa de la sobredemanda y el déficit de oferta, la empresa eléctrica debe racionar y cortar intermitentemente la electricidad. Durante esos períodos, las fábricas se detienen, los comercios cierran, el tráfico se vuelve caótico, los ventiladores y neveras se apagan y todo el mundo sufre. No es mucho lo que se puede hacer sin energía eléctrica.

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