Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es guionista y mimo. Dedicó 47 años de su vida a actividades misioneras en 10 países. Él y su esposa Pauline viven actualmente en Alemania.

El hombre que redescubrió la Navidad

Tiempo atrás mi mujer y yo fuimos a ver una producción alemana de Un cuento de Navidad,1 de Charles Dickens. Seguramente conoces la novela del banquero avaricioso que se convierte en un hombre generoso y desprendido gracias a las misteriosas gestiones de tres fantasmas que lo llevan en un viaje por su pasado, presente y futuro. Me impactó el efecto que tuvo aquella producción teatral en mí y el resto del público presente.

Agradecido de todas maneras

Hace poco leí un libro fascinante con el que me topé en una tienda de libros usados, The Secret Life of Water (La vida secreta del agua) de Masaru Emoto. Su premisa es que el agua refleja la fuerza positiva o negativa con la que entra en contacto. El autor expuso agua destilada a diversas influencias por medio del habla, la música, fotografías y escritos. Luego congeló el agua y retrató los cristales. Las fotografías sugieren que las influencias positivas tales como oraciones, música edificante y palabras alentadoras hicieron que el agua formara hermosos cristales, mientras que las influencias negativas causaron que el agua no cristalizara en absoluto o diera forma a figuras toscas.

Los diamantes de Argyle

Me topé con una perla en un artículo del Reader’s Digest de 1997. Trataba de la que en aquel entonces era la mina de diamantes más productiva del mundo: Argyle, en el noroeste de Australia. En su momento de mayor producción rendía decenas de millones de quilates por año, incluido el 90% de todos los diamantes rosas.

Cubrir una necesidad

Ted y Dorothy eran una joven pareja que compró Wall Drug, una farmacia en la región occidental de los Estados Unidos, allá por 1931. En aquellos días una farmacia (drugstore) era más bien una tienda de multiservicio que vendía una amplia variedad de productos y bebidas. De ahí que como negocio era prometedor. Desafortunadamente aquel pueblito apenas tenía 326 habitantes, todos ellos pobres. La economía no andaba bien y la joven pareja apenas ganaba lo suficiente para mantenerse a flote. Sin embargo, consideraban que tenían un llamado: cultivaban amistades, prestaban asistencia médica y a su parecer, se iban incorporando a la vida comunitaria.

Los arbolistas

Durante varios años pertenecí a una compañía de teatro que representaba con frecuencia el relato alegórico —muy motivante— de El hombre que plantaba árboles. La obra trata sobre Elzéard Bouffier, un viejo pastor de ovejas que repobló una extensa región del sur de Francia plantando un árbol a la vez mientras apacentaba sus rebaños. El cuento fue llevado a la pantalla y obtuvo un óscar al mejor cortometraje animado.1 De él se han hecho varias adaptaciones: un radioteatro producido por la BBC y una aclamada función de títeres, entre otras. Además, desde que vio la luz en 1953 de la pluma de Jean Giono, ha impulsado a cantidades de personas a iniciar programas de siembra de árboles.

El toque del maestro

Se ha dicho que son tres los artistas que nos brindan la música: Dios, que nos da madera mágica para hacer los instrumentos; el fabricante del instrumento, que tras meses de trabajo despierta la música que reside en la madera; y por último, el maestro virtuoso, que libera la música de los confines de la madera para liberar al oyente.

El árbol que revivió con la tempestad

Si alguna vez has sentido que toda tu vida sufrió un desarraigo y no tienes la menor idea de cómo vas llegar hasta el día de mañana, cobra ánimo del Roble de Turner, un árbol gigantesco de 16 metros de altura que fue plantado en 1798 y hoy prospera en los Royal Botanic Kew Gardens al sur de Londres. En los años 80 del siglo pasado se veía enfermizo y daba la impresión de que no sobreviviría.

Alégrese toda la tierra

La Navidad es una época de alegría y celebración. Numerosos países tienen costumbres y tradiciones singulares que contribuyen a hacer de esta una temporada feliz.

Bienvenido a Parkville

En un taller al que asistí, la terapeuta Emily Nash, que emplea las artes plásticas y escénicas para el tratamiento de diversas patologías,1 relató una experiencia que tuvo mientras trabajaba con niños y jóvenes afectados por diversos traumas en un centro de acogida de los EE.UU. Los muchachos que asistían a su clase muchas veces se mostraban belicosos, propensos a conductas destructivas y a infligirse daño a sí mismos. Eran además incapaces de confiar en la gente mayor y en sus mismos compañeros. Casi todos tenían un historial de graves abusos y abandono emocional.

No estoy solo

Estaba cansado y me quedé dormido mientras viajaba en el tranvía. Al llegar a destino me desperté de sopetón y apenas logré bajarme a tiempo. Para mi mala fortuna, no fue hasta después de mi visita al dentista que me di cuenta de que había dejado mi computadora portátil a bordo. ¡Me quería morir! Había perdido todos los ficheros de trabajo de los últimos 20 años, además de los discos de respaldo que estaban en el mismo bolso.

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