Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es escritor, facilitador y mimo. Vive en Alemania. V. el sitio web Elixir Mime.

Los zapatos de los pobres

Dicen que no se debe juzgar a nadie sin haberse puesto en su lugar. Eso probablemente lo sabía muy bien la Madre Teresa. Tras haber vivido casi treinta años entre los más pobres de los pobres de Calcuta —algo que siguió haciendo durante otros veinte años—, en 1979 se le concedió el Premio Nobel de la Paz. En su discurso de aceptación del premio explicó que toda persona, sea quien sea, es única y tiene gran valor, y sólo cuando aprendemos a respetar esa unicidad podemos empezar a ayudarla a mejorar su vida.

Se aproxima el fin

—¡Acabo de leer un libro que me ha dejado pasmado!

Mi amigo, que normalmente se toma la vida con soda, estaba bastante exaltado.

—¡Te digo que esto va a pasar muy pronto!

—¿El qué?

—¡El fin del mundo tal como lo conocemos hoy!

Que fluya

Me encontraba en la India unos días antes del comienzo de la temporada de los monzones.

En la India todos esperan con ansias la llegada de los monzones. En los periódicos se publican predicciones de su llegada y noticias de su avance diario por el país. Las fuertes lluvias lavan la suciedad que se ha acumulado a lo largo de los meses. Además, contribuyen a suavizar las temperaturas. Sin esos vientos, muchos cultivos serían inviables. Los monzones son la fuente de vida de la India.

Lo que dijo Jesús en la cruz

Todo lo que dijo Jesús en la cruz fue una manifestación de una faceta de Su amor. Las Palabras que pronunció en aquellos momentos todavía nos conmueven en la actualidad.

Amor por Sus enemigos

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).

Dijo eso refiriéndose a los soldados romanos que, por orden de Poncio Pilato, lo clavaron a la cruz para darle muerte. 

La comunicación empieza por casa

Pasaba por una mala racha en mis relaciones con los demás. En vez de «ganar amigos e influir sobre las personas», como propone el título del famoso libro de Dale Carnegie, los estaba perdiendo, y la gente se apartaba de mí. Era hora de buscar ayuda. Tomé el teléfono de la oración y marqué Jeremías 33:3: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces».

Jesús contestó enseguida. Luego del acostumbrado intercambio de afables saludos, nuestra conversación se desarrolló más o menos así:

A menos peso, más progreso

Un día, estando en la ciudad, vi una nueva báscula electrónica que mide el peso, lo correlaciona con la estatura e indica en un gráfico si la persona está excesivamente flaca, en su peso justo, gorda u obesa.

El vendedor insistía en que la probara, así que accedí. Y entonces aquel aparato desalmado me declaró obeso. ¡OBESO! ¿De qué se reían disimuladamente aquellos vendedores delgados y esbeltos? Yo tenía una imagen muy clara de cuál era el aspecto de una persona obesa, y no encajaba con el mío. ¿O sí?

Más joven que nunca

Cuando estudiaba en la escuela primaria escribí un ensayo sobre Ponce de León, el conquistador español que en 1513 partió en busca de la fuente de la juventud y en cambio descubrió Florida. La historia me fascinó, aunque no entendía muy bien por qué alguien querría encontrar un remedio para no envejecer. El envejecimiento era algo que desde mi perspectiva solo les ocurría a algunas personas, más que nada a mis abuelos. En aquel entonces la tercera edad me parecía algo muy lejano. Ahora que tengo cincuenta y tantos, ese puerto ya se divisa en mi horizonte, y cada año que pasa se ve más cercano.

«Después de verlo y tocarlo, por fin creí»

Si el apóstol Tomás pudiera relatarnos cómo vivió él la resurrección de Jesús, quizá nos contaría algo así:

Muchas personas que leen los Evangelios piensan que debió de ser estupendo contarse entre los primeros discípulos de Cristo, sobre todo ser uno de los doce que fueron elegidos por Él para acompañarlo mientras predicaba y obraba milagros. Aquellos tres años y medio con el Maestro efectivamente fueron extraordinarios, porque Él mismo era extraordinario, mejor dicho, perfecto.

La vida está en la semilla

Sembrar semillas y verlas crecer puede ser una experiencia espléndida y gratificadora. Naturalmente que una cosa es plantar unas cuantas semillas en una maceta y otra muy diferente dedicarse a la agricultura. Antes pensaba que cultivar la tierra era fácil, tanto es así que en cierta ocasión planté maíz en un campo abandonado que tenía mi familia. Arrendé una cultivadora y removí la tierra. Compré maíz de siembra y lo planté. Finalmente lo regué para que germinara. Pero lo sembré muy tarde, y las heladas quemaron los brotes cuando todavía estaban tiernos. Después sembré espinacas, pero los bichos se hicieron un festín con ellas y me dejaron las sobras. Tras esas experiencias, me sentí aliviado de no tener que ganarme la vida labrando la tierra. Por otra parte, me hicieron apreciar más a los agricultores. ¡Ahora valoro mucho más cada grano de maíz y cada hoja de espinaca!

Testigo ocular

Las últimas 24 horas han sido perturbadoras, aterradoras, maravillosas. Todo comenzó con una orden de Caifás, el sumo sacerdote; Caifás, el títere de Roma; Caifás, a quien sirvo. «Malco, ¡haz esto! Malco, ¡haz aquello!» Huelga decir que tengo que obedecer sus órdenes. Soy un títere del títere, y mis funciones consisten en llevar a cabo los trabajos sucios que me encarga. Desde luego, este fue el más sucio de todos.

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