Dina Ellens

Nacida en Holanda, Dina Ellens ha conocido variados ambientes culturales de los Estados Unidos, donde se educó, y de diversos lugares de Asia. Durante más de 25 años enseñó en colegios del Sudeste Asiático. Ahora que se ha retirado, sigue realizando labores de voluntariado y mantiene vivo su interés por la educación temprana y la literatura.

Una reflexión fructífera

El otro día pasé un rato muy entretenido con mi nieta de 10 años hablando de fruta. Acabábamos de leer los versículos de Apocalipsis 22 acerca del árbol de la vida, que da 12 tipos de fruto: «Después el ángel me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, en medio de la calle de la ciudad. Y a cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce clases de fruto, dando su fruto cada mes; y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones».1

Dale los pedazos rotos de tu vida

Yo pensaba que tenía la vida resuelta. Tenía un marido amoroso, cuatro niños preciosos y una labor gratificadora como cooperante. Nos habíamos trasladado a Indonesia para colaborar en un taller protegido para niños discapacitados, bajo el patrocinio del Consejo Internacional de Bienestar Social. Para nosotros era un placer vivir aquella experiencia.

La luz de la Navidad

Estaba reunida con unas amigas en una sala llena de decoraciones navideñas. En la mesa de café había refrescos, y estábamos cantando villancicos. Nada más típico, ¿no?

Pero es que yo vivo en el Sudeste Asiático. Estaba rodeada de personas del país, intentado cantar Noche gloriosa en un idioma que no conocía. Recorrí el círculo con la mirada y pensé brevemente en la historia de cada una de las presentes.

Eddy y el aro

A veces los mayores héroes son seres anónimos, de los que nadie habla, que andan por la vida con callada valentía y dejan una marca indeleble. Eddy es uno de ellos.

Romper en caso de emergencia

Hace poco se comunicaron conmigo dos amigas para contarme ciertas situaciones difíciles que atravesaban. Primero fue Ina, que me llamó para decirme que los exámenes de su hija, que había estado tres años libre de leucemia, habían dado positivo. Acababa de recibir la desgarradora noticia, y sus emociones la rebasaban.

Cómo superé un mal trago

Los primeros minutos, mientras digería la noticia, fueron devastadores. Tuve la sensación de que mi mundo entero se desmoronaba. No sé cómo, pero logré salir torpemente de la oficina de mi jefe. Sus palabras me seguían dando vueltas en la cabeza:

—Dada la actual situación tenemos que hacer recortes. ¿Estarías dispuesta a aceptar de momento una reducción de tu jornada laboral?

El jazmín

La muerte de mi hermano me golpeó duro, quizá porque fue muy inesperada. John murió de un infarto con apenas 51 años. Hasta entonces daba la impresión de ser un hombre fuerte y saludable, que estaba en la plenitud de la vida. No es extraño que me resultara difícil aceptar esa pérdida.

Encontrar el camino

Nunca me han resultado fáciles los cambios inesperados. El año pasado me vi justamente en una situación de esas. Esperaba poder mudarme más cerca de mi hijo y su familia, pero al final no se dio la situación que yo había pensado.

Descorazonada, hice una pausa para sopesar mis opciones. Mirando por la ventana vi que era un día hermoso. Un suave manto de paz me envolvió.

Nuestra mejor Navidad

El año en que contábamos con menos dinero para gastar terminamos pasando la mejor Navidad de todas. Habíamos llegado poco antes a un nuevo país y en la mudanza habíamos tenido que dejar atrás todos los adornos navideños. Yo no sabía cómo decorar la casa, sobre todo teniendo en cuenta que nuestros recursos económicos eran escasos y teníamos que hacer frente a gastos adicionales para instalarnos. Felizmente, un fin de semana de otoño en que salimos a dar un paseo por un pinar, a mis hijos se les ocurrió juntar las piñas que habían caído de los árboles y elaborar con ellas adornos navideños. Nos pusimos manos a la obra enseguida y para el atardecer habíamos llenado una bolsa grande.

Equilibrio vital

Hace poco un amigo me dijo: «Mi empresa anda bien, pero mis alergias han empeorado más que nunca. Por lo visto, cuando me estreso se agravan. ¿No será que lo uno está relacionado con lo otro?»

Todos sabemos lo que es estar muy ocupados, pero Jesús nos dice: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y Yo les daré descanso. Carguen con Mi yugo y aprendan de Mí, pues Yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma»1.

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