Evelyn Sichrovsky

Evelyn Sichrovsky es creadora de contenidos para libros y materiales didácticos infantiles. Vive en el sur de Taiwán.

La olla quemada

Ni los nubarrones parecían tan sombríos, ni las ráfagas de viento helado tan frías como mi corazón. Saqué una olla del armario, medí el agua y los frijoles y la puse a calentar. Mi mente comenzó a discurrir sobre los acontecimientos de las últimas semanas y meses.

¿Me quiero?

Uno de los recuerdos más gratos que guardo de mi niñez es de cuando mi hermana mayor me leía mi relato preferido del Evangelio —la parábola del buen samaritano1— en una Biblia ilustrada. Nunca se me ha olvidado que mi prójimo no es solamente la gente de mi entorno, sino cualquier persona cuyo camino se cruce con el mío.

Ilumina tu rinconcito

Me desperecé al oír a un bebé llorar lastimeramente, algo a lo que ya me estaba acostumbrando. Detrás de la cortina que nos separaba, la voz cansina y abatida de su mamá trataba de consolarlo. Yo tenía quince años y me encontraba en la sala infantil del hospital luego de una operación de las amígdalas el día anterior. Contrariamente a lo esperado, se habían presentado algunas complicaciones, y el dolor de garganta y de oídos me impedía dormir profundamente. Presioné con más fuerza la compresa de hielo contra mi garganta y cara y me quedé observando a aquella mamá exhausta y agobiada que paseaba por el angosto pasillo a su pequeño en llanto.

Débil y fuerte a la vez

Hace nueve años me sometí a una operación que alteró mi vida. Cuando me llevaron de urgencia al hospital con un dolor terrible en el bajo vientre, los exámenes revelaron la presencia de un quiste gangrenoso de gran tamaño que se había reventado y que requería cirugía inmediata. Mi médico me aseguró que la recuperación tomaría menos de dos meses. Me aferré a esa promesa.

Amada

Amada…
no por las cimas que he alcanzado,
ni por logros muy celebrados;
no por los instantes de gloria,
fruto de una fe meritoria;
no por insistir con porfía,
a oscuras, hasta que raya el día.

Amo la vida

Las paredes de mi dormitorio se tiñen de luz con el sol de la mañana. Me froto los ojos, me desperezo, bostezo y dejo vagar mis pensamientos hacia el pasado. Con las vueltas que ha dado mi vida he hecho lo que a mi juicio es un descubrimiento, aunque seguramente muchos otros seres humanos ya desvelaron hace siglos ese secreto. He hallado lo que hace feliz a una persona y cómo puedo llegar yo misma a ser feliz.

En el albor del año

Verdaderamente fue un hermoso amanecer. La pálida luz del alba había ido cobrando intensidad hasta devenir un espléndido fulgor dorado, que al besar las nubes creaba tonalidades rosadas y anaranjadas. Era el anuncio de la llegada del nuevo año. Pero en aquellos momentos yo no estaba para sublimes sentimientos. Mientras observaba los rayos de sol danzar sobre las sábanas del hospital donde me encontraba, mis pensamientos giraban en torno a las circunstancias por las que había ido a parar ahí. 

La hoja en blanco

Toda en blanco estaba la hoja, ancha
como un mar albo de vasto tamaño.
En las manos de Dios, el nuevo año
tenía aspecto impecable, sin mancha.

Palabras salvadoras

El resplandor del sol entraba por la ventana cuando me quité de encima las cobijas, sin sospechar que estaba por vivir un día inolvidable. Susurré una oración y le pedí a Jesús que bendijera la tomografía abdominal que me tenían que hacer aquella mañana. Le rogué también que me indicara cualquier cosa que quisiera que yo supiera acerca de la jornada que tenía por delante. En mi interior escuché Su voz, que a estas alturas ya me es familiar: «Yo lucharé por ti. Nos enfrentaremos juntos a cada prueba que se presente».

¿Darás un poquito de cariño?

La Navidad pasada un médico invitó a mi familia a hacer una actuación para una docena de pacientes suyos de la tercera edad. Resultó que solamente cinco pudieron asistir a la función. Era el público más reducido para el que habíamos actuado. Sin embargo, las bellas sonrisas de aquellos rostros arrugados bien valieron el tiempo y el esfuerzo invertidos. Después visitamos en su casa a varios ancianos que estaban enfermos. 

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