Ingibjörg Torfadóttir

Ingibjörg Torfadóttir está afiliada a LFI. Vive en Reikiavik.  

Lo que hace Dios por mí

Cuando llegué al pabellón de pacientes con Alzheimer para hacer mi turno de enfermería, me encontré con una señora que estaba muy nerviosa y no se quedaba quieta. Podría haberle suministrado algún medicamento para tranquilizarla; pero como no tenía una actitud agresiva ni dolor, decidí caminar un rato con ella. Fue un paseo sin destino; a veces me detenía a estudiar unos cuadros, mostrarle un peluche, mirar por la ventana y cosas así, aunque mayormente nos limitamos a caminar.

Me hace ilusión que llegue el lunes

Una columna publicada recientemente en un periódico presentaba las respuestas proporcionadas por islandeses exitosos a una misma lista de preguntas. Me llamó la atención una de las respuestas a la pregunta «¿Tiene usted algún consejo general que dar a los lectores?» Decía: «El domingo piense con ilusión en la semana de trabajo».

«Del dicho al hecho hay mucho trecho», pensé.

¡No la soporto!

Ciertas personas nos gustan más que otras; y también hay que reconocer que cada uno de nosotros resulta más agradable para unas personas que para otras.

Cuando trabajaba de enfermera en la sala de emergencias de un hospital en Reikiavik (Islandia), me sentía bastante segura de mí misma y me consideraba capaz de afrontar casi cualquier situación. Me encantaba la acción, la adrenalina, y siempre me ofrecía para los casos más difíciles.

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