Iris Richard

Iris Richard tiene siete hijos y seis nietos. Vive con su marido en Kenia, donde participa, desde hace 25 años, en labores misioneras y programas de ayuda humanitaria. Es enfermera y consejera. 

El hilo de oro

Antes de meterme de lleno en la jornada de trabajo y lidiar con una larga lista de asuntos pendientes, me detuve una media hora para hacer una lectura devocional, acompañada de oración y meditación. La Biblia se abrió al azar por Hebreos 11, que se conoce como el capítulo de la fe. Mientras leía los increíbles milagros que ha obrado la fe a través de los tiempos, me di cuenta de que muchas de esas cosas también han ocurrido en mi vida. En vista de que acababa de cumplir 60 años, pasé un rato reflexionando sobre todo lo que llevo recorrido hasta ahora y redacté mi propio capítulo de la fe:

¿Hablar o escuchar?

La pequeña cafetería de nuestro lugar de trabajo bullía de cháchara. Mis colegas estaban sentados en grupos, y las conversaciones se entrecruzaban. Aquella mañana se me ocurrió que tenía poco que aportar y opté por sentarme sola. Mirando por la ventana me dejé llevar por el penoso recuerdo de una pérdida reciente, y pensé también en algunos conflictos que habían asomado en mis relaciones laborales y en un trastorno de salud persistente. Me intrigaba cuándo llegaría al mentado final del túnel donde vuelve a brillar el sol.

Dos escenas de mi vida

Primera escena

El crujido de metal contra metal hizo que me diera un vuelco el corazón. Tenía prisa. Iba saliendo de mi plaza de estacionamiento en marcha atrás y, si bien miré rápidamente la ubicación de los demás automóviles, no caí en la cuenta de que había una camioneta aparcada en un espacio poco común.

La fe al rescate

Al rememorar las encrucijadas en las que me he visto a lo largo de mi vida —momentos en que parecía que las cosas habían dado un giro poco feliz o que mis planes y objetivos habían sufrido un duro revés—, me doy cuenta de que mi fe ha desempeñado un importante papel, y de que me ha ayudado a sobrellevar las circunstancias adversas y salir airosa de los aprietos.

Estimado Guillermo

Guillermo y yo somos viejos amigos. Hace poco nos encontramos para tomar un café y me contó las dificultades que ha tenido. Su mujer ha contraído una enfermedad crónica que la ha dejado postrada, y él la cuida como puede. Al mismo tiempo se ha visto abrumado por las exigencias de su trabajo y el miedo a quedar cesante. Todo eso ha desembocado en una crisis de fe. Le expliqué que yo también, no hace tanto, estuve batallando con sentimientos similares, y rezamos juntos; pero más tarde me pareció que tenía más cosas que le podía decir, y le escribí la siguiente carta.

No hay obstáculo insalvable

Las voces se oían asordinadas cuando comencé a despertarme lentamente de la anestesia tras la intervención quirúrgica que me habían hecho en la espalda.

Escuché entonces el pronóstico sombrío del médico: «Es posible que no pueda llevar una vida normal, y de ninguna manera podrá tener hijos con una desviación tan grave de la columna».

Fuera de mi zona de comodidad

Hace poco tuve la incómoda sensación de que necesitaba un cambio, pero no lograba concretar qué clase de cambio. Aunque estaba intranquila, no hice mucho por resolver la cuestión.

Entonces mi hija Joanna me invitó a un programa especial de gimnasia que incluye diversos ejercicios de tonificación, elongación, concentración y meditación. En general no soy muy adepta a la gimnasia en grupo, así que al principio me resistí a probarlo. Prefería hacer ejercicio yo sola al aire libre o en casa, pedalear en la bicicleta estática o seguir un programa aeróbico personalizado.

El nopal

Paseando por un sendero de un bosque tropical que solemos visitar los domingos, bajo el radiante sol matutino de África, descubro un magnífico nopal y me detengo a mirarlo más de cerca. Tiene hojas gomosas, gruesas y ovaladas, de color verde oscuro, con largas espinas. En contraste con su fiero aspecto general, de las puntas de algunas hojas brotan tiernas flores. Sus variados matices y su intrincado diseño las hacen deslumbrantes. ¡Cuánto se asemejan a la presencia de Jesús después de un trecho espinoso del camino de la vida! Como una flor que se aparece en las circunstancias más extrañas, Él me reafirma Su amor y atención1.

La tinaja de aceite y el tanque de combustible

Uno de mis relatos bíblicos preferidos ha sido para mí un faro desde que empecé a trabajar de voluntaria en el extranjero allá por 1978. Desde entonces me ha servido de promesa en la que apoyarme y de recordatorio del que no puedo hacer caso omiso.

De improviso

Nuestro jeep avanzaba a trompicones por un rústico camino que desembocaba en la carretera principal que conducía a Nairobi. Volvíamos de una provechosa misión humanitaria en una recóndita zona rural de Kenia. Mentalmente repasé la ajetreada semana que tenía por delante. Faltaban pocos días para la puesta en marcha del siguiente proyecto, y había mucho que planificar y organizar. Parecía que las horas no alcanzaban para todo.

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