Iris Richard

Iris Richard tiene siete hijos y seis nietos. Vive con su marido en Kenia, donde participa, desde hace 25 años, en labores misioneras y programas de ayuda humanitaria. Es enfermera y consejera. 

Creí que nadie lo sabía

En un día gris y lluvioso, sentada frente a la ventana en una pequeña casa de ladrillo de Leicester (Inglaterra), estuve observando los riachuelos que formaba la lluvia sobre el cristal. Un amigo me había dejado su casa mientras él estaba de viaje. Yo me encontraba en la ciudad para atender a un ser querido en la fase terminal de su enfermedad. El viaje en autobús de la casa hasta el hospital, donde me pasaba la mayor parte de los días, tomaba media hora.

Añoranzas

Nací en 1955, apenas diez años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las penurias de la guerra estaban aún frescas en la conciencia de la gente. Mi abuelo nos hablaba del hambre y del agotamiento extremo de aquellos días, y de la lucha por mantenerse vivo durante los largos y gélidos meses de invierno.

Actitud mental positiva

Durante un curso de asesoramiento que tomé hace poco, todos los asistentes investigamos el tema del diálogo interno negativo. Enseguida se hizo patente que esa mala costumbre empaña nuestros éxitos, sofoca grandes ideas en su etapa de gestación e influye en nuestras reacciones y en nuestra perspectiva de diversas situaciones.

Mis salvadores

Era el año 1977. Karl y yo habíamos partido de Alemania en una casa rodante el año anterior. Nuestro viaje ya nos había llevado por Italia, lo que en aquel entonces era Yugoslavia, Grecia, Turquía, Irán, Afganistán y la India. Teníamos la esperanza de llegar a Nepal, comprar una granja en las montañas y establecernos allí, para llevar una vida tranquila apartados de la sociedad moderna.

Espacios

Decidí que más vale tarde que nunca y me atreví con algo que hubiera debido hacer mucho tiempo atrás: con mis 50 y tantos años me inscribí en un curso de conducción en la autoescuela del barrio.

Imagínate mi horror cuando en la segunda clase el instructor me llevó a conducir por Nairobi, con su tráfico caótico.

—Trate de dejar un espacio alrededor del vehículo —fue una de las primeras instrucciones que me dio.

Cuando se va un ser querido

Steve era un niñito alegre de ojazos marrones, cabello rubio rizado y un hoyuelo que aparecía en su mejilla derecha cada vez que sonreía. Tenía una mirada distraída y con frecuencia se sentaba junto a la ventana para contemplar la lluvia, las nubes o los pájaros.

—Lo ha besado un ángel —me dijo con una sonrisa la partera japonesa cuando puso por primera vez a aquella cálida criatura en mis brazos, señalando en la parte posterior de la cabeza un mechón de pelo blanco como la nieve—. Tiene un llamado especial en la vida.

A lo largo de los años recordé muchas veces sus palabras, deseosa de saber qué significado tenían.

Mi diario

Cuando se me ocurrió inicialmente, como propósito de Año Nuevo, la idea de llevar un diario de vida, la descarté de plano. Demasiados propósitos anteriores habían quedado en el tintero y presentí que terminaría el año con un diario de puras páginas en blanco. Además me dije a mí misma que no tenía tiempo para una tarea más.

Sin embargo, acababa de terminar un curso de asesoramiento en el que llevar un diario era un requisito. El instructor había insistido en que cultiváramos el hábito de anotar nuestros pensamientos, ideas, planes, experiencias, preocupaciones, miedos y triunfos. Constituía un paso importante para llegar al autoconocimiento —nos explicó—, y añadió que era esencial para poder ayudar a otros a resolver sus problemas.

5 formas de distenderse

Cada mañana me despierto y tomo un tren expreso que corre como una bala por la vía de alta velocidad. Mientras me deslizo a toda marcha sobre los rieles de la vida, miro por la ventana y pienso: «¿Dónde se ha ido el tiempo? ¿Cómo es posible que mis hijos crecieran tan rápido?» Ahora me está pasando con mis nietos. Miro mi reflejo en la ventanilla y me pregunto cuándo me salieron todas esas canas. Parece que fue ayer…

En el mundo actual, tan cambiante y en continua expansión, es difícil apartar la atención de lo que nos afecta desde fuera, las presiones que encontramos en la vía rápida. No obstante, para renovamos es preciso que satisfagamos nuestras necesidades internas. Se puede comenzar con algo muy sencillo, como expresan las siguientes recomendaciones:

El ascensor

—No hemos logrado ni la mitad de lo que teníamos planeado hacer esta mañana—mascullé nerviosa al subirme al ascensor que debía llevarnos a mi marido y a mí al piso 20 de un céntrico edificio donde teníamos una cita.

Instantes después, el ascensor se detuvo repentinamente, y un manto de tinieblas lo envolvió todo.

Una tabla de salvación

«Sally Agallo había llegado al colmo de la desesperación —decía un artículo aparecido en Drum, un semanario que se publica en el África Oriental—; de ahí que un buen día tomara un ferry en Mombasa y, una vez mar adentro, se arrojara por la borda».

«Por increíble que parezca —contó Sally a Drum—, en lugar de hundirme, me quedé flotando. Escuchaba claramente a la gente que gritaba que alguien se había tirado al mar. Desesperada por hundirme, me esforcé por permanecer debajo del agua. Sin embargo, contra todo pronóstico y pese a que no sé nadar, algo me sostenía. En ese momento Dios me habló y me dijo que tenía otros planes para mí, que no permitiría que me ahogara».

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