Janet Barnes

Janet Barcelo —que firma algunos artículos con el seudónimo de Janet Barnes— lleva 25 años trabajando como educadora voluntaria y misionera en países tan diversos como el Japón, la Argentina, la India y Rumania. Actualmente vive en los Estados Unidos, está dedicada a la formación de sus hijos menores (tiene 9) y participa frecuentemente en obras sociales y de caridad.

El ganso solitario

La laguna que queda junto a mi casa es un lugar tranquilo, ideal para la contemplación. Un día en que me hallaba en una situación particularmente difícil me senté a leer en el embarcadero. Me encontraba muy sola y ansiosa de respuestas, o al menos de una señal de la presencia de Dios, algo que me calmara y me infundiera la seguridad de que mi vida estaba en Sus manos. Pero no pasó nada. Al rato me dirigí de regreso a la casa, algo desanimada.

El puente

Acababa de llegar a la ciudad portuaria de Tampico (México), para realizar labores sociales con un grupo de voluntarios. Lo primero que hicieron fue enseñarme la casa que nos serviría de base. Queda bastante cerca del bullicioso centro de la ciudad y, por otro lado, no muy apartada de las zonas pobres de la periferia en que llevamos a cabo la mayor parte de nuestra obra benéfica. «¡Qué buena ubicación!», me dije. Desde la casa se observaba una preciosa laguna donde la gente se congrega al ponerse el sol. Además, está a poca distancia en auto de una playa limpia y poco concurrida.

Son olas

Una mañana en que me encontraba muy alterada revisé mi correo electrónico y vi que un amigo me había enviado un videoclip. Resultó ser una sucesión de escenas de playas con una suave música instrumental de fondo. Las olas que bañaban la orilla me recordaron la apacible belleza de la creación de Dios, y al verlas y oírlas deslizarse suavemente sobre la arena una y otra vez, mi espíritu se serenó.

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