Jessie Richards

Jessie Richards formó parte del equipo de redacción y producción de la revista Activated entre el 2001 y el 2012. Es autora de diversos artículos publicados en la revista y además ha escrito y revisado textos para otras publicaciones y páginas web cristianas.

Por qué son azules las sandías

Desde que era niña me cuesta conciliar y mantener el sueño. En los últimos años, tras aprender varios trucos, he logrado reducir considerablemente mi insomnio. Sin embargo, en promedio tardo entre 20 y 90 minutos en quedarme dormida en la noche. Por lo general no se debe a que haya tomado café por la tarde o a que no haya hecho suficiente ejercicio.

Todo un año sin ropa

Bueno, no exactamente. Déjame que te lo explique.

Al principio del año pasado me hice el propósito de no comprarme ropa ni zapatos en los siguientes 12 meses. Lo hice por varias razones:

A veces menos es más

Aunque sea un cliché del que se abusa en los curriculum vitae, la verdad es que soy una persona orientada a los objetivos. Desde que tengo memoria me he impuesto metas, particularmente al principio del año, las cuales luego me aboco a alcanzar. Muchos propósitos que se hacen en Año Nuevo quedan en nada porque son cosas que la gente dice en un momento de pasión —o de culpabilidad— y que al rato olvida o desestima. Ese no es mi caso. 

Un salvador multifacético

He estado pensando que las tradiciones navideñas varían no solo de país en país, sino también de familia en familia.

Una tracción

Hace un decenio comencé a interesarme por tener un buen estado físico, afición que todavía conservo. Como en mi infancia y adolescencia fui bastante frágil de salud y tenía una constitución poco atlética, me emocioné al descubrir que podía adiestrar mi cuerpo para correr varios kilómetros, levantar pesas e incluso hacer unas cuantas flexiones de codos sin apoyar las rodillas en el suelo.Algo que tenía unas ganas bárbaras de hacer, aunque no me consideraba capaz, era una dominada, es decir, una tracción con agarre invertido. Lo había probado varias veces y a duras penas había logrado levantarme una pizca. Ni hablar de tocar la barra con el mentón. Estaba prácticamente convencida de que no tenía suficiente fuerza en el torso y los brazos.

Once Momentos

Desde que tenía 11 o12 años he escrito algún tipo de diario. A principios de este año decidí que no solo llevaría un registro de los sucesos evidentemente significativos, sino que escribiría al menos una o dos líneas todos los días,aunque no hubiera ocurrido ningún hecho digno de mención. Tengo la satisfacción de que de momento voy bien y creo que cumpliré ampliamente lo que me propuse.

El lado dubitativo de mi fe

De pequeña pensaba que la fe y las dudaseran conceptos opuestos. La fe era buena; las dudas, malas. Con esa mentalidad, hasta las preguntas podían resultar peligrosas, pues me imaginaba que podían conducir a dudas. A una persona intelectualmente curiosa le cuesta lidiar con eso. A mí siempre me molestó, desde que tengo memoria. Las preguntas a las que me resistía iban desde cuestionarme si a Dios realmente le importaba tal o cual regla específica del Antiguo Testamento hasta el enorme y omnipresente interrogante: ¿Existe Dios?

Aguacate

A mí me fascina el aguacate. Además de ser una fruta deliciosa, tiene muy diversos usos en la cocina. Eso sin hablar de sus extraordinarios beneficios para la salud: es una de las mejores fuentes de aceites naturales y de múltiples vitaminas.

Mi misión

Desde que tengo memoria he abrigado la convicción de que mi vida necesita tener un sentido, una misión, un plan. Aparte de ser un rasgo intrínseco de mi personalidad, desde pequeña me inculcaron que Dios obra así en todos nosotros, que tiene una vocación, un «sitio especial en Su reino» para cada uno. Todavía lo creo, aunque con ciertos matices.

Entornos de trabajo estimulantes

Hace poco pasé la mayor parte de un día libre en el zoológico. Hacía mucho tiempo que no iba. Los animales son fascinantes: me resulta entretenido observarlos. Además aprendí cosas muy interesantes. Algo que advertí también —y que no recuerdo haber notado tanto cuando era más joven— fue la tristeza de los animales en cautiverio. Estoy convencida de que en ese zoológico los animales reciben muy buena atención; pero ¿cómo puede una celda, por espaciosa que sea, compararse con los amplios espacios abiertos de su hábitat natural?

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