Joyce Suttin

Joyce Suttin es educadora, escritora y frecuente colaboradora de la revista Activated. Vive con su esposo en San Antonio (Texas) y realiza un apostolado en línea para el cual selecciona pasajes, prepara textos para edición y redacta artículos de carácter inspirativo.

Mi cuarentena del alma

No me di cuenta de lo ocupada que estaba hasta que me detuve. No había cobrado conciencia de lo importante que era para mí andar de acá para allá y relacionarme con la gente hasta que me vi impedida de hacerlo. Nunca reparé en que me estaba estresando con tanta actividad hasta que ya no hubo más actividades y me tuve que quedar en casa inmovilizada por las restricciones del covid-19.

¿Por qué un bebé?

Ahora que aparece nuevamente la Navidad en el horizonte me dio por preguntarme por qué envió Dios a Jesús a la Tierra en Belén encarnado en un bebé. Hemos referido el relato una y otra vez. Yo prácticamente me tengo memorizado el capítulo 2 de Lucas. María va montada a lomos del burro mientras José busca desesperado una posada, los pastores ven ángeles en el campo y los sabios de Oriente persiguen una estrella.

Sentirme bella

Me miré en el muro espejado del gimnasio mientras hacía los movimientos de taichí y me sobrevino una impresión sorprendente. Nunca pensé que era tan bella.

Permítanme explicarme.

¿Quién tiene la culpa?

Hace poco estaba evocando cosas del pasado. Me puse a pensar en decisiones que había tomado y comencé a culpar a los demás por el desenlace de ciertas situaciones. Culpé a mis padres por decisiones que tomaron ellos y que afectaron mi infancia. Culpé a mi colegio por mis inseguridades y por esa sensación que tenía de que nunca alcanzaría el grado de perfección necesario como para triunfar en distintos aspectos. Culpé a mi iglesia por actitudes que tenía hacia Dios y que afectaron mi relación con Él.

El taxista de Nueva York

Pasé unos meses muy duros en la primavera de 1972. Estaba ansiosa por tener un niño, un bebé que cobijar en mis brazos y que fuera mío. Dos veces había sufrido un aborto espontáneo. Le reprochaba a Dios aquellas desilusiones. Se las enrostraba diciéndole: Mira lo que hiciste cuando confié en que responderías a mi oración. Simplemente no lograba desembarazarme de eso y reemprender camino.

Los milagros de la naturaleza

Hoy vi una hoja suspendida en el aire, danzando en el viento, girando y remolineando, pero sin caer. Me detuve a observarla un momento, algo perpleja y confundida, hasta que miré más de cerca y alcancé a percibir un hilo de telaraña pequeñísimo —casi invisible— del que pendía aquella hoja de una rama. En ese momento todo cobró sentido y me di cuenta de que aquello —que un minúsculo hilo pudiera mantener suspendida una hoja agitada con furia por el viento— era una hazaña de la naturaleza.

Sacudir el kétchup

Hace poco vi un aviso publicitario de una famosa marca de kétchup (salsa de tomate con vinagre y especias) en el que se mostraba el producto saliendo de un recipiente muy lentamente al son de la música de At Last. Me recordó cuando era niña y esperaba que el kétchup cayera con lentitud exasperante sobre mi hamburguesa.

Lo mejor de lo peor

Conocí a mi amiga Laura cuando yo tenía 13 años. Una vecina la trajo a casa. Intercambiamos números de teléfono y enseguida llegamos a ser mejores amigas. Aquello de tener una mejor amiga era una nueva experiencia para mí. Me fascinaba la idea de que alguien quería ser mi amiga, no una amiga de la familia o de mi hermana mayor, o alguien que había conocido en la iglesia o el colegio, sino alguien con quien conversar y pasar el tiempo los fines de semana.

Mamá angustiosa

Cuando mi primer embarazo terminó en un aborto espontáneo, no estaba preocupada. Más bien me puse furiosa. Pasé semanas aguantando, pero finalmente llegué incluso a levantarle el puño a Dios y reprochárselo. «Me fallaste» —le espeté en resumidas cuentas.

Para salir de la bruma

Tengo un recuerdo muy nítido de lo que sucedió. Me desperté temprano una mañana de verano y, al mirar por la ventana, vi que estaba todo cubierto de blanco. Me restregué los ojos pensando que estaba viendo mal y decidí averiguar qué pasaba. Salí a la terraza y al bajar por las escaleras quedé pasmada. Daba la sensación de que estaba dentro de una nube. Di unos pasos y giré sobre mí misma. En ese momento me di cuenta de que no sabía dónde estaba. Me encontraba a unos pasos apenas de la terraza, pero no sabía en qué dirección quedaba.

<Page 1 of 4>
Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.