Joyce Suttin

Joyce Suttin es educadora, escritora y frecuente colaboradora de la revista Activated. Vive con su esposo en San Antonio (Texas) y realiza un apostolado en línea para el cual selecciona pasajes, prepara textos para edición y redacta artículos de carácter inspirativo.

Lo mejor de lo peor

Conocí a mi amiga Laura cuando yo tenía 13 años. Una vecina la trajo a casa. Intercambiamos números de teléfono y enseguida llegamos a ser mejores amigas. Aquello de tener una mejor amiga era una nueva experiencia para mí. Me fascinaba la idea de que alguien quería ser mi amiga, no una amiga de la familia o de mi hermana mayor, o alguien que había conocido en la iglesia o el colegio, sino alguien con quien conversar y pasar el tiempo los fines de semana.

Mamá angustiosa

Cuando mi primer embarazo terminó en un aborto espontáneo, no estaba preocupada. Más bien me puse furiosa. Pasé semanas aguantando, pero finalmente llegué incluso a levantarle el puño a Dios y reprochárselo. «Me fallaste» —le espeté en resumidas cuentas.

Para salir de la bruma

Tengo un recuerdo muy nítido de lo que sucedió. Me desperté temprano una mañana de verano y, al mirar por la ventana, vi que estaba todo cubierto de blanco. Me restregué los ojos pensando que estaba viendo mal y decidí averiguar qué pasaba. Salí a la terraza y al bajar por las escaleras quedé pasmada. Daba la sensación de que estaba dentro de una nube. Di unos pasos y giré sobre mí misma. En ese momento me di cuenta de que no sabía dónde estaba. Me encontraba a unos pasos apenas de la terraza, pero no sabía en qué dirección quedaba.

Flores, proyectos y sueños para el año nuevo

Aunque disfruto mucho ocupándome de mi jardín, a veces las flores me presentan un dilema. Me encanta comprar unas cuantas cada primavera y disfrutar de su belleza en los largos días de verano, mientras las riego y les dedico cuidados. Pero me cuesta desprenderme de ellas cuando amarillean y se marchitan.

Como la fragancia de una vela

Hay versículos de la Biblia con los que he tenido dificultades. Uno de ellos es: «Oren sin cesar»1. Pienso con frecuencia en esa exhortación, y me ha servido para entender la importancia de orar. Rezo mucho, pero debo confesar que no lo hago sin cesar, así que a menudo me he sentido culpable por no hacerlo lo suficiente.

La práctica de la empatía

En una entrevista que vi el domingo pasado le preguntaron al invitado:

—Actualmente, ¿cuál es la mayor necesidad que hay en el mundo?

Sin vacilar respondió:

—Empatía. El mundo necesita más empatía.

Una semana pésima

Que en una semana un par de cosas no salgan conforme a lo previsto no es el fin del mundo. Tengo aguante suficiente para unas pocas contrariedades. Sé que cada semana trae consigo su cuota de aprietos y apuros y estoy acostumbrada a lidiar con eso. En general conservo el buen humor y el optimismo.

Los cambios y las podas

Por fin aparecieron los podadores. Los había estado esperando ansiosamente. Aunque tenía ganas de que me podaran los árboles, me daba pánico pensar que lo pudieran hacer mal. Sabía desde hace tiempo que había que hacer una buena poda; pero a una parte de mí le encanta lo silvestre y agreste, y esperé demasiado para llamarlos.

Entre la espada y la pared

Después de pasar unas semanas difíciles, comencé a cuestionar mi fe. No dudaba de Dios, sino que cuestionaba mi fe ante las dificultades. Además estaba preocupada porque estoy entrando en años, y me reprochaba a mí misma el haberme convertido en una debilucha y no ser capaz de mantener el ritmo de antes. Así las cosas, acepté agradecida una invitación de mi hija Madi para ir de excursión a un lugar llamado Roca Encantada.

Una noche larga y oscura

Había ido a la tienda naturista, a diez cuadras de casa, para comprar vitaminas. Aunque me encanta caminar y hacía ese trayecto a menudo, ese día la sensación era diferente. Primero se me olvidó mi listita, luego me confundí con el dinero del cambio.

De regreso me detuve en un paso de peatones a la espera de que cambiara el semáforo. Al cabo de unos momentos noté que la gente me miraba raro, y entendí que, aunque el semáforo había cambiado varias veces, yo no había cruzado. El resto del trayecto se me hizo más largo que de costumbre.

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