Julie Vasquez

Julie Vásquez es escritora independiente. Vive en Austin (EE.UU.).

Una mañana de voluntariado

En la víspera del Día de Acción de Gracias vi un artículo titulado «Operación Pavo». Una organización solicitaba la colaboración de voluntarios con el fin de preparar y empacar comidas para los desfavorecidos que de otro modo no disfrutarían de una estupenda cena de acción de gracias, de esas que a mí tanto me gustan: pavo, puré de papas, salsa de carne, relleno, gelatina de arándanos, arvejas y zanahorias, cazuela de habichuelas verdes, pastel de calabaza… Eso para empezar.

Cuando parece que Dios no contesta

¿Por qué algunas oraciones son respondidas antes que otras y por qué da la impresión de que algunas se quedan sin respuesta?

Es imposible saberlo a ciencia cierta, y probablemente varios factores inciden en ello. No cabe duda de que Dios siempre responde nuestras oraciones; pero no en todos los casos lo hace enseguida o tal como imaginábamos. A veces nos contesta que sí, otras que no, y otras más nos pide que esperemos.

Beneficios que nos reporta la oración

¡Pasar ratos con el Señor rinde tantos beneficios! ¿Cómo podríamos prescindir de ello? Él puede ayudarnos a resolver nuestros problemas, responder a nuestros interrogantes, aliviar nuestras penas, consolarnos cuando estamos tristes, alegrarnos la vida, transportarnos al Cielo y muchísimo más.

La oración cambia las circunstancias. Es uno de los medios de los que se vale Dios para satisfacer las necesidades y deseos de Sus hijos, siempre y cuando lo que le pidan sea beneficioso para ellos y para los demás. «Todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis» (Mateo 21:22 (RV95)).

La toma de contacto

Dios no concibe la oración como un rito, sino como un animado intercambio, un diálogo afectuoso entre un padre y sus amados hijos.

Lamentablemente, hoy en día impera la idea de que no es posible hablar con Dios en esos términos. Algunas personas piensan que su falta de religiosidad, de espiritualidad, de beatitud, les impide acercarse al Creador. Otras tienen la idea de que el Padre celestial es tan grande que se encuentra sumamente alejado de nuestra realidad. Hay quienes piensan que tiene mucho que hacer para interesarse por ellos y sus problemas, y que las cuestiones terrenales carecen de importancia para Él. Unos se consideran indignos y muy imperfectos. Otros se sienten culpables o avergonzados de ciertos actos que han cometido. Hay quienes incluso abrigan miedo de Dios. ¡Ojalá comprendieran que Él lo ve todo con ojos muy distintos!

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