Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana. (Los artículos de Maria Fontaine publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

Creados para amar

¡Con qué facilidad queda el amor relegado a un segundo plano por todas las cosas que queremos hacer! Es muy fácil atarearnos con un sinfín de actividades y olvidarnos de amar. A todos nos ha pasado en algún momento. Interiormente sabemos que debemos tratar con amor a los demás (1 Juan 4:7,8), y por lo general lo hacemos. Mas cuando nos vemos frente a una necesidad que exige una medida mayor de sacrificio, es fácil optar por una salida que prescinda del amor. Ahora bien, lo mejor en todos los casos es dejarnos guiar por el amor. No se nos debe olvidar la importancia de tener pequeños gestos de cariño y consideración, o simplemente de dedicar tiempo a los demás.

Cómo tratar las heridas del alma

La gran mayoría de los hechos desagradables que nos suceden son como simples magulladuras y rasguños que sufre nuestro espíritu. Al igual que un golpe puede causarnos un moretón y un dolor temporal, puede que un incidente molesto nos las haga pasar moradas, nos ponga negros o nos deprima; pero por lo general conseguimos olvidarlo en un tiempo relativamente breve. Claro que en un momento u otro casi todos sufrimos alguna herida profunda de carácter espiritual. ¿Qué podemos hacer para que se cure bien?

El abecé de la sanación

Durante muchísimo tiempo traté de entender el cómo, el cuándo y el porqué de las curaciones que obra Dios. Quería reducirlo todo a una fórmula sencilla y poder decir: «El que quiera curarse no tiene más que hacer esto y lo otro». Pero finalmente llegué a la conclusión de que no funciona así. Si dos personas siguieran el mismo procedimiento, es probable que a una le diera resultado y a la otra no.

La naturaleza divina

Dios «nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas [lleguemos] a ser participantes de la naturaleza divina» (2 Pedro 1:4).

¿En qué consiste la naturaleza divina? Es la esencia de Dios, Su manera de pensar y de actuar. Por medio de las promesas que nos ha hecho en Su Palabra podemos ser como Él y adoptar Sus opiniones, Sus sentimientos y Su forma de entender las cosas, si creemos y ponemos en práctica los principios y las promesas de la Biblia.

Dar gracias

Cuando mi hija era pequeña, una vez la oí rezar pidiéndole a Dios que detuviera la lluvia y que a la mañana siguiente hiciera un día bonito.

Le dije:

—Mi vida, no creo que al Señor le importe que le pidamos que pare la lluvia. A Él le gusta que le hagamos saber nuestras preferencias y deseos, y ha prometido darnos todo lo que necesitamos; pero ten presente que no siempre puede darnos lo que queremos. 

¿Hay que merecer el amor?

Una persona no necesita ser perfecta para merecer nuestro amor. No necesita ser intachable ni de trato fácil. Menos mal, pues no creo que nadie sea así en todo momento, ya que nadie es perfecto. Dios no nos exige perfección, pero sí espera que nos tratemos unos a otros con amor y comprensión. «Toda la ley en esta sola palabra se cumple: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”» (Gálatas 5:14).

Un mundo de amor—Así es el Cielo

La Biblia describe muchas de las cosas que nos aguardan en el Cielo. Explica cómo es, cómo seremos nosotros y a qué nos dedicaremos. Además hay numerosos testimonios de personas que, estando clínicamente muertas, tuvieron vislumbres del Cielo. Otros han tenido visiones o sueños de seres queridos ya fallecidos, que en algunos casos les transmitieron mensajes detallados sobre su vida en el más allá.

Fe ahora y siempre

El Señor obra en nosotros y maneja Sus asuntos de maneras que sobrepasan muchas veces nuestro entendimiento. Es algo misterioso que en muchos casos exige fe y paciencia, ya que por lo general Su cronograma es distinto del nuestro. La vida cristiana requiere fe y confianza, porque las riendas no las lleva uno mismo, sino Jesús. Debemos tener presente en todo momento que Él sabe lo que más conviene, que todo lo hace bien y que a menudo Él no prioriza lo mismo que nosotros, porque Su visión es mucho más abarcadora y a largo plazo.

Apreciar lo bueno

Después de publicar en mi blog un comentario sobre una canción cristiana que me resultó particularmente inspiradora, alguien me escribió para preguntarme si estaba al tanto de ciertos detalles personales del cantautor. En ese momento los desconocía, y la verdad es que me sorprendieron un poco.

Sin embargo, no por ello ha dejado de gustarme la canción, ni me parece que la bellísima verdad que contiene se vea invalidada por la forma de vida adoptada por su autor. 

Amor perfecto

Cuando pienso en el amor que Jesús nos prodiga, estos son algunos de los adjetivos que me vienen a la cabeza: perfecto, gratuito, incondicional, eterno.

Su amor es perfecto. Es lo único en este mundo que es absolutamente perfecto. Hay muchas cosas bonitas, hermosas y maravillosas, pero nada tan perfecto como Su amor. Vivimos en un mundo imperfecto, de seres humanos imperfectos y en circunstancias que dejan bastante que desear; pero Su amor nos permite remontar las dificultades de la vida. Dios es perfecto, y Su amor también.

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