Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

Tu pequeña luz

Me encanta leer narraciones vibrantes de personas que fundaron ONG, orfanatos, que adoptaron niños, crearon organizaciones de defensa de la libre competencia o algún otro portento de esos que cambian el mundo. Con todo —y por mucha inspiración que obtenemos de esos ejemplos—, la mayoría no tenemos vocación para ese tipo de misión. Estamos establecidos en un lugar, con una familia y lazos comunitarios, llevando una vida de perfil bastante bajo.

El metrónomo

Cuatro amigos se sientan en torno a la isla de la cocina. Cada uno de nosotros tiene empleo, horarios y obligaciones que nos impulsan en distintos sentidos, por lo que no tenemos oportunidad de pasar ratos juntos tan seguido. Sin embargo, esa noche nos juntamos para contarnos cosas de la vida.

El árbol

Viví en una aldea de Tanzania en la que había un viejo árbol de aguacate (palto) que era el tesoro del lugar. Creció en medio del pueblo y sus frutos estaban al alcance de cualquiera de los aldeanos, que lo protegían y cuidaban, dado que para algunos de ellos la fruta que producía constituía la mayor parte de su alimentación diaria.

Mi círculo de oración

El timbre de mi teléfono interrumpió aquella tarde mi tranquilo trayecto en automóvil. Era una amiga cercana. «¡Marie, necesito que reces por mí!» Apenas tenía unos momentos para hablar, los suficientes para contarme las situaciones angustiosas que se le habían presentado. Le aseguré que rezaría por ella. Cuando cortó la comunicación, me puse a orar por ella. Lo hice en voz alta hasta llegar a mi destino.

El motivo

Era verano y estaba participando en un viaje misionero con un grupo de jóvenes en la costa de Polonia. Al llegar este a su fin, nuestro centro en Varsovia iba a enviar un furgón para recoger a la mayoría; pero Nick, René y yo teníamos pensado volver en tren/bus/autostop. No tengo ni idea de cómo surgió aquel plan desatinado, pero en aquel momento a nosotros nos pareció genial.

Amor total

Cuando mi hija menor tenía dos años, todas las noches la acostaba en su camita. A veces la tarea resultaba fácil, porque caía rendida y se dormía en cuestión de minutos. Pero otras veces su obstinación chocaba con la mía y el enfrentamiento era tenaz. A la larga, sin embargo, siempre se dormía plácidamente. (¡Mamá ganaba!)

Cómo medir el éxito

A mí me cuesta mucho definir el éxito, sobre todo en lo relativo a mi trabajo. Diríase que cualquier actividad a la que dedico más de cuarenta horas todas las semanas debería aportarme alguna medida de éxito tangible. Debería traducirse en un ascenso, tareas estimulantes y un sentimiento de sano orgullo por lo que he logrado. Ahora bien, ¿y si esas cosas no se dan? ¿Qué sucede si uno se siente poco menos que invisible en su trabajo, si no le manifiestan nada de aprecio y mucho menos le dan un ascenso? ¿Significa eso que no ha sido exitoso? Si no se mide el éxito según nuestros logros, ¿cómo se mide?

La creación habla

En cierta ocasión hicimos una excursión en familia hasta la cima del pico Pikes, uno de los más altos de las Montañas Rocosas. A unos 4.200 metros sobre el nivel del mar nos deleitamos con increíbles vistas de lagos, formaciones rocosas, bosques y altas montañas en los cuatro puntos cardinales. Toda aquella escena quedó grabada en la memoria colectiva de nuestra familia, para evocarla una y otra vez.

Abrazar los cambios

Siempre me han fascinado las historias de personas que cambian su vida de un momento a otro. El renombrado cirujano que se transforma en panadero; el mendigo que se convierte en magnate de Wall Street; la mamá helicóptero que se hace montañista; el matrimonio emprendedor de alto vuelo que se entusiasma con el minimalismo y viaja por el mundo con todas sus pertenencias en una maletita. Será que me consuelo con la idea de que, si alguna vez hace falta, yo también puedo cambiar.

Hazlo por uno

A veces me quedo paralizada ante todo el sufrimiento que hay en el mundo. Simplemente no tengo la posibilidad de hacer algo significativo por aliviar el hambre, las enfermedades, la pobreza, las depresiones, la opresión, la soledad y la muerte. Cuando uno se fija en todo el dolor que hay, no ve sino desolación.

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