Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

Volver a lo esencial

Me encontraba en la fila de la caja de una tienda y noté que la señora que estaba delante de mí vestía una camiseta de vivos colores con un versículo de la Biblia inscrito en ella. Cuando agradeció a la cajera, le dijo:

—Mi amor, espero que sepas que Jesús te ama.

Love, Actually

Todos los años en la temporada navideña mi marido tiene que aguantarse mi tradición privada de ver Love, Actually1 (Realmente amor). La película entrelaza una serie de relatos de forma completamente previsible y empalagosa. La cosa es que cada vez que la veo me conmueve una parte distinta de la trama. He tratado de entusiasmar a mi marido con la película, pero no hay caso. Sé que eso me hace un poco cursi, pero no logro entender cómo alguien puede no sentirse atraído por esas expresiones de cariño, ternura y calor humano.

El sentido de comunidad

Hoy tengo el privilegio de recibir a cinco familias para cenar. Nos conocemos de casi toda la vida y esta noche nos reuniremos en un espíritu de alegre comunidad. Me hacen ilusión este tipo de veladas en las que nos relajamos con amigos y familiares. Ahí yace mi verdadera riqueza.

La decisión de perdonar

Tal vez Pedro pensó que iba a complicar a Jesús cuando le preguntó: «Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano o hermana que ha pecado contra mí?». Quería que le diera un número, que se lo cuantificara para saber hasta qué punto era tolerable y en qué momento ya no había más espacio para el perdón. Entonces aventura una cifra: «¿Siete veces?» «No, siete veces no —le responde Jesús—, sino setenta veces siete».1

El pacificador

Cuando Jesús predicó el Sermón de la Montaña,1 —una de las oratorias más referidas de todos los tiempos— dijo: «Bienaventurados los pacificadores».

¿Qué es, entonces, un pacificador? Una persona que se encuentra con una situación tensa, que enoja o perturba, y promueve la paz. Eso no es fácil y exige valentía.

Una gran fe

La mayor parte de mi vida he descrito mi fe como la del carbonero, es decir, sé que Jesús me ama y punto. Jesús dijo que me ama. Lo afirma la Biblia. No me cuestionaba mucho. Y cuando lo hacía, generalmente quedaba satisfecha con respuestas al estilo de «solo Dios lo sabe», o «tienes que aceptar esto por fe». Dicho de otro modo, es posible que la lógica no sea de aplicación en este caso: cree solamente. Por sorprendente que pueda ser, yo aceptaba las cosas así, sin más.

Mi alma tiene sed

«Así como un venado sediento desea el agua de un arroyo, así también yo, Dios mío, busco estar cerca de ti».1

Me encanta esta oración, porque expresa la necesidad de Dios en forma visceral, como un venado que busca agua. La sed es una reacción involuntaria, una necesidad que debe satisfacerse.

La montaña rusa

Hace unos meses, un caluroso sábado, fuimos en familia a un parque diversiones, una excursión que esperábamos con mucha ilusión. Nuestros hijos adolescentes —impertérritos ante el calor del sol y las multitudes— estaban ansiosos por sacarle provecho al día que tenían por delante, aventurándose en las montañas rusas y otros juegos de esos que hacen subir la adrenalina. Ni bien entramos al parque nos dirigimos a la montaña rusa más alta y con más bucles de todo el parque.

La alegría y los buenos tiempos

Me fascinó el siguiente versículo: «Los pueblos de Judá y de Israel eran tan numerosos como la arena que está a la orilla del mar; y abundaban la comida, la bebida y la alegría».1

Aunque llevo muchos años estudiando la Biblia no creo haberme detenido antes en ese versículo. Al menos, nunca me detuve en su significado.

Diciembres de duelos

Mientras el canal de películas Hallmark anunciaba unas 40 producciones nuevas sobre la Navidad para su temporada de 2019, se me ocurrió que pocos acontecimientos suscitan más expectativas que la Navidad. La Navidad ha venido a representar la culminación del año en una temporada de belleza, festividades, generosidad, amistad y alegría. Nos predisponemos a repetir tradiciones y traer toda la perfección de Navidades pasadas a la versión actual.

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