Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

Ideas para el Adviento

Me encanta la idea del Adviento, aunque debo admitir que no lo observo como debiera. Llega en el momento más ajetreado del año, cuando me atrapa el afán de cumplir los objetivos y plazos de fin de año y ando atareada preparándome para la Navidad.

Dos secretos

Todo el mundo tiene su propio concepto de la paz y el contentamiento. Yo pienso en colinas verdes y una cabaña en el bosque con un vistoso jardín. Pienso en pasar las tardes en el sillón-columpio del porche de la casa contemplando el atardecer, en grata conversación con mis amigos y familia. Pienso en un buen saldo en nuestra cuenta de ahorro. En mi mundo feliz mis hijos todos llevan vidas productivas y gratificantes y cuando sean mayores formarán familias felices y sanas. A todos mis seres queridos les va bien. Todo eso me suena a paz, lo que llamaríamos una buena vida. En esas circunstancias yo estaría ¡más contenta que unas pascuas!

Remontar el aciago presente

Pasé gran parte de mi juventud viajando en transporte público. Los buses en Polonia suelen estar tan llenos que uno puede sostenerse en pie con la sola presión de los viajeros, sin apoyarse en sus propias piernas ni agarrarse del pasamanos. Pero como nosotros vivíamos al final de la línea, poco a poco el bus se iba vaciando, y cuando lo hacía había que estar sentado o agarrarse bien para no caerse.

Enséñame

Hoy tomé un sereno conocimiento de algo. Por un momento logré atisbar en la mente de mi hija sin que ella supiera que la estaba observando y vi una faceta de ella que normalmente no se manifiesta. La vi más furibunda que de costumbre y tomé conciencia de que ha interpretado las experiencias de su vida de forma muy distinta a lo que yo esperaba.

La Biblia y tú

Hace unos años caí en la cuenta de que tenía una relación superficial con la Biblia. Aquello me descolocó, pues toda mi vida fui seguidora de las Escrituras. A pesar de que me sabía como la palma de mi mano muchos versículos, relatos e interpretaciones, me di cuenta de que había muchas otras cosas de las que no tenía ni idea.

Las moneditas de la viuda

Jesús y Sus discípulos se encontraban en el templo observando a la gente que daba sus ofrendas. Un hombre acaudalado se acercó al cofre haciendo alarde de la jugosa suma que donaba. A este le siguió una viuda, que echó sus dos moneditas de limosna, las de más pequeño valor que hubiera podido dar. Refunfuñando, los discípulos comentaron entre sí lo mísera que era su ofrenda; mas cuál no sería su sorpresa cuando Jesús les dijo que ella había dado más que todos, pues había dado todo lo que tenía.1

Tu pequeña luz

Un viernes por la tarde hace unas semanas mi marido y yo decidimos sacar unas reposeras (tumbonas) y ponerlas en la entrada de la casa. Le avisamos a nuestros vecinos que estaríamos allí con bebidas y una picada (bocaditos). Arrasé con lo que tenía en la nevera y logré reunir unas papitas y salsa, zanahorias y hummus, una tajada de queso y unos MandM que nos habían sobrado.

¿Control?

Yo era una de las ilusas que comenzó al año pasado con un nuevo planificador. El 2020 prometía mucho y pensé que tenía algún control sobre el rumbo que tomaría el año. Tenía programado un viaje largamente postergado para ir a ver a mi familia a principios de la primavera, algunos proyectos de mejoras en la casa, un plan de ahorro y economía, planes de vacaciones familiares y para usted de contar.

El Dios sereno

La vida es un desfile constante de contradicciones: cosas a las que aferrarse, otras que soltar; unas por las que luchar, otras que renunciar. Se nos aconseja que pongamos más esfuerzo, que nos demos un descanso, que no nos tensionemos, que tomemos mejores decisiones, que simplemente digamos que sí, que simplemente digamos que no, que nos conformemos, que no nos conformemos. Para colmo nunca falta el que te dice: «Escucha tu corazón. Nada más». ¡Claro!

El arte de animar

Mientras escribo este artículo una muy buena amiga mía enfrenta sucesivas olas de malas noticias. Su marido acaba de ser despedido de un empleo que tuvo durante 27 años, a ella le salió un mamograma sospechoso, el aire acondicionado de su casa se descompuso y tuvieron que sacrificar a una mascota de la familia. Por el momento no se trata de nada trágico, pero son noticias desalentadoras, del tipo que lo llevan a uno a preguntarse: «Dios, ¿por qué?», o «¿Estás ahí, Dios mío? ¿No ves estas cosas? ¿Acaso te importan?»

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