Amabilidad - Junio de 2013

La amabilidad cuesta poco o nada en cuanto a dinero se refiere. Cualquiera puede permitírsela. Todo el mundo quiere que lo traten con amabilidad. Este número de la revista te dará el estímulo que necesitas para infundir ánimo a quienes te rodean y ser una persona más comprensiva y considerada.
 

Ayuda y te ayudarán

Ayuda y te ayudarán

En una de Sus parábolas, Jesús cuenta la historia de un joven que, resuelto a hacer fortuna, se lleva su parte del patrimonio familiar y lo despilfarra viviendo perdidamente. Luego de tocar fondo, humillado y sin un céntimo, regresa a la casa paterna esperándose quizá una bronca, un ya te lo había advertido o por lo menos una recepción fría. Nada de eso: su padre lo acoge con los brazos abiertos y con lágrimas de alegría.

Mi momento de gloria

Mi momento de gloria

En la primavera de mi penúltimo año de secundaria, algunas chicas propusieron que nos preparáramos para el partido de baloncesto entre las representantes de nuestro curso y las del curso superior. Me pareció que podía ser entretenido, así que me apunté. No me fue muy bien en los entrenamientos, pues me distraía con mis amigas en vez de concentrarme en el juego; pero a pesar de poner nerviosas a algunas de las jugadoras más competitivas, me propuse seguir y participar en el que sería mi primer y único partido de baloncesto.

A lo largo del partido, nuestras rivales nos llevaron ventaja en todo momento. Mis compañeras se esforzaban por darles alcance. Yo había pasado la pelota un par de veces como una papa caliente, feliz de quitármela de encima lo antes posible. Hasta que…

Viva la amabilidad

Viva la amabilidad

En un vuelo que tomé hace unos meses me fijé en una niña de unos diez u once años sentada al otro lado del pasillo, en diagonal. Tenía un enorme cuaderno para colorear de lo más bonito que su mamá evidentemente le había conseguido para el vuelo. En la misma fila había otra niña de más o menos la misma edad; su papá iba sentado detrás de ella. Esa otra niña no tenía libro para colorear; es más, no tenía nada para entretenerse durante el vuelo.

Convicción para obrar bien

Convicción para obrar bien

Una tarde soleada hace unos setenta años, un grupo de amiguitos observaba, a través de una alambrada de púas, a unos hombres que jugaban al fútbol. El partido era emocionante, y disfrutaban viendo la habilidad de los jugadores. De golpe una patada mandó la pelota por encima de la valla. Aterrizó cerca de los niños.

—Sería genial tener una pelota —comentó uno de ellos—. Quedémonos con ella.

El fruto irresistible: la amabilidad

El fruto irresistible: la amabilidad

La amabilidad es amor en acción, amor traducido a sencillos actos cotidianos. Es consideración. Es vivir la regla de oro, tratar a los demás como quieres que te traten1. Es hacer la vista gorda ante las pifias y flaquezas ajenas. Es tener un corazón compasivo y perdonar a los demás tanto como nos perdona Dios a nosotros2.

Buenas palabras y buenas acciones

Buenas palabras y buenas acciones

Proponte hacer feliz al menos a una persona cada día, y en diez años habrás hecho felices a tres mil seiscientas cincuenta. Dicho de otro modo, habrás llevado alegría a todo un pequeño pueblo con tu contribución al fondo de bienestar general. 
Sydney Smith (1771–1845)

*

El principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado.
William James (1842–1910)

El don de escuchar

El don de escuchar

Me acababa de mudar a otro país con mi familia, lo que implicaba un cambio de colegio para los niños y de empleo para mi marido. Fue un momento difícil en que todos tuvimos que adaptarnos a la nueva situación, pero yo era la más afectada. Mi matrimonio también se estaba resintiendo. La lista de temas que mi marido y yo evitábamos iba en aumento, pues sabíamos que acabaríamos discutiendo.

Fue entonces que conocí a Tonia.

La cajera que se interesó por mí

La cajera que se interesó por mí

No sé cómo lo hizo, pero los ojos de la cajera se clavaron en los míos. Me descubrió. Yo había tratado de evitar todo contacto visual mientras terminaba de hacer las compras en el supermercado. Más vergonzoso que ser vista en público extrañamente vulnerable sería que alguien descubriera el incidente tan insignificante que me había desmoronado.

Siempre y cuando no tuviera que hablar, podía controlarme. Mi marido intentó hablar conmigo por teléfono, pero yo no estaba en condiciones de responderle. Si hubiera tratado de explicarle algo, solo me habrían salido palabras enredadas y fuertes sollozos.

Bumerán

Bumerán

Recuerdo la primera vez que fui al circo de niña. Me quedé boquiabierta al ver los espectáculos simultáneos que se presentaban en las tres pistas. En una había animales amaestrados; en otra, unos acróbatas que daban saltos y volaban por los aires. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue lo de la tercera pista. Una chica y un muchacho arrojaban unas armas de colores brillantes que, después de cruzar la pista, volvían a sus manos. Cualquiera que fuera la dirección en que tiraban esos artefactos, describían una curva y retornaban rápidamente a los jóvenes artistas, que los atrapaban y volvían a lanzarlos.

Valor neto de un abrazo comun

Valor neto de un abrazo comun

Los letreros eran simples rectángulos de madera pintada de blanco, que con brillantes letras rojas proclamaban: «ABRAZOS GRATIS». Estaban adornados con flores, corazones y alegres manchas de colores llamativos. Nos dirigimos a nuestro punto de encuentro, en un campus universitario cercano, donde nos reunimos con el resto de nuestro grupo, y emprendimos la marcha por el centro de Guadalajara, México, en busca de desconocidos a quienes prodigar espontáneas muestras de cariño.

Carteles en alto, nos dispersamos, como un imparable ejército de afecto.

Cambia el mundo

Cambia el mundo

Pregunta: Quiero poner más de mi parte para ejercer una influencia positiva en mi entorno, pero me da la impresión de que bien poco puedo hacer. Cambiar el mundo me parece una tarea monumental. No sabría por dónde empezar.

Respuesta: La buena noticia es que para dejar huella no hace falta ser una persona de mucha influencia o recursos. Cada cambio favorable que tiene lugar, por grande o pequeño que sea, contribuye a labrar un mundo mejor. Podemos mejorar la vida de las personas que nos rodean con nuestros actos de bondad y consideración, y también manifestando fe en ellas. A continuación, algunas fórmulas prácticas para empezar a cambiar, de persona en persona, nuestro rincón del mundo:

Héroes anónimos

Héroes anónimos

Es harto conocido el episodio en que un muchacho entregó su almuerzo a los discípulos para que lo repartieran entre la multitud1. Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, los bendijo, y milagrosamente se multiplicaron, con lo que sirvieron para saciar el hambre de miles de personas. ¿Quién era aquel chiquillo? ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo se llamaba su madre que con cariño le preparó la fiambrera? Desconocemos esos detalles.

Detrás de muchos milagros de liberación, sanación y provisión hay algún héroe anónimo que, sin hacer mucho ruido, realiza un sencillo acto de bondad. Recordemos a los hombres que cargaron en su camilla a su amigo paralítico. Tan ansiosos estaban de llevarlo ante Jesús para que lo sanara que abrieron un boquete en el tejado para poder introducirlo en la casa atestada de gente2.

Amor en acción

Amor en acción

Anteponer las necesidades ajenas a las tuyas te deja un agradable sentimiento de alegría y satisfacción. Cuando tienes un gesto amable con alguien, no solo le haces bien a él, sino también a ti. La felicidad que emana de los actos de bondad y cariño no es un placer frívolo o una satisfacción superficial, sino una sensación de realización mucho más profunda. Obrando así haces que Mi Espíritu de amor salpique el mundo que te rodea, la vida de otras personas y tu propia vida.

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