Amor - Febrero de 2013

La mayor satisfacción de la vida se halla en el reto más grande que nos presenta: amar a los demás como lo hace Dios. Los artículos de esta revista ofrecen reflexiones y consejos para acercarnos a esa meta..
 

Quien bien quiere a Dios, quiere a Sus criaturas

Quien bien quiere a Dios, quiere a Sus criaturas

«Quien ama a Beltrán, ama a su can», reza el adagio. Viene a cuento porque tengo varios amigos que quieren entrañablemente a sus mascotas. Por cariño y respeto a ellos, mi esposa y yo naturalmente nos mostramos afectuosos con sus animalitos. Disfrutamos de sus monerías y gracias, ya sean perros, gatos, tortugas o representantes de alguna especie exótica. También nosotros tenemos un gato negro aspirante a pantera, que a veces asusta más de lo que gusta. Luego está una amiga, por ejemplo, que acaba de conseguir un cachorro de bóxer blanco para sus hijos, el cual sustituyó a uno leonado que días atrás se fue al otro barrio. Es un perrito que enternece el corazón más pétreo. Otra pareja de amigos tienen dos regalones blancos peludos, cruce de maltés con una raza más grande. Cada vez que ellos regresan a su casa, los perros arman un alboroto magnífico. Aunque nos salten encima, se lo consentimos. Todo por amor. Esas son las reacciones que distinguen a los amantes de los animales de los que prefieren guardar distancias.

El regalo de la compañía

El regalo de la compañía

—¿A quién viene a ver? —me preguntó una enfermera menuda de pelo oscuro al sorprenderme en la sala de espera tomando un té y escribiendo en mi diario. 

—A mi sobrino —respondí con una sonrisa—. Pero está dormido, así que esperaré.

—Le hacen falta visitas. Es todavía un niño —dijo en tono maternal.

Mi princesa

Mi princesa

Para el primer cumpleaños de nuestra hija Audrey, mi mujer y yo teníamos pensada una pequeña celebración en casa con unos pocos amigos y familiares. Terminó siendo una fiesta impresionante con magdalenas a granel en el restaurante que administran sus abuelos. Probablemente los invitados disfrutaron más que mi hija; eso no lo niego. Audrey se pasó gran parte del tiempo observando cautelosamente lo que sucedía desde la seguridad de los brazos de alguien y se negó de plano a posar para una foto junto a su solitaria velita, por mucho que intenté convencerla de que lo hiciera (o tal vez justamente por eso).

Amor comunicativo

Amor comunicativo

Si manifiestas sincero amor e interés por el prójimo, no tendrás dificultades para ganar amigos. La gente no puede menos que sentirse atraída hacia quien se conduce con amor. La persona que quiere a los demás se hace querer. Cuando alguien sigue la regla de oro —«haz con los demás como te gustaría que hicieran contigo»—, atrae a la gente como las flores a las abejas. Tarde o temprano, los demás responden con reciprocidad. Esa es una de las ventajas de conocer y amar a Jesús y de observar Su regla de oro.
Shannon Shayler

36 segundos

36 segundos

Daniel y yo vivimos con nuestros cuatro hijos en el decimotercer piso de un edificio de la ciudad de Taichung (Taiwán). Huelga decir que el ascensor es nuestro amigo obligado.

Aquel había sido un típico día ajetreado para mí, dedicado casi de lleno a entretener a los niños, servirles la comida y evitar que se pelearan. Habíamos salido todos juntos —ni siquiera recuerdo para qué— y ya regresábamos a casa. Entramos al ascensor vacío, y uno de los niños apretó el botón. Se encendió el número 13 en el panel, y las puertas se cerraron.

¡Feliz Día del Amor y la Amistad!

¡Feliz Día del Amor y la Amistad!

Cada vez que pienso en el Día del Amor y la Amistad o Día de San Valentín, fecha que se conoce por el intercambio de cariñosos regalos entre personas que se quieren, me viene a la memoria el gran regalo que nos hizo Dios cuando nos entregó a Su Hijo, Jesús. Y me acuerdo de que todo el amor que sentimos por los demás en ese día —y cada día del año— se debe precisamente al amor que nos comunica Dios. Para Él no hay ocasión que no se preste para dar. Me gustaría seguir Su ejemplo en la medida de mis posibilidades.

Encontré un poema que me llegó muy hondo y menciona algunos de los regalos que nos hace nuestro gran Amor cada día del año. Cuando nos sentimos rebosantes de amor por todos los regalos que hemos recibido, nos dan ganas de comunicar ese amor a los demás para que ellos también lo disfruten.

En la salud como en la enfermedad

En la salud como en la enfermedad

Hace poco vi De amor y otras adicciones, una comedia romántica basada en las memorias de Jamie Reidy1.

Si bien me pareció que la película tiene sus más y sus menos, presenta una historia de amor más realista que las de las típicas películas románticas hollywoodienses. En ella, la joven y bella Maggie Murdock (Anne Hathaway) padece una enfermedad degenerativa incurable: el mal de Parkinson. Para mí eso compensó las escenas de la película que no me gustaron. Es que en la vida y en el mundo real, en las relaciones de pareja, suceden ese tipo de cosas.

El fruto fundamental: el amor

El fruto fundamental: el amor

«El fruto del espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Contra estas cosas no hay ley»1.

¿En qué medida es importante el amor? Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el mandamiento más importante, respondió: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos depende toda la Ley y los Profetas»2. Dicho de otro modo: si eres capaz de hacer esas dos cosas —amar a Dios y al prójimo—, lo demás está resuelto. Los restantes mandamientos se formularon con el fin de enseñarnos a hacer el bien y obrar con amor.

Examen para una nueva vida

Examen para una nueva vida

Una serie de pérdidas traumáticas me llevó a resentirme con Dios. Sola, sin ningún medio de sustento ni vislumbre alguna de esperanza, había intentado quitarme la vida. Recobré el conocimiento en un hospital, donde pasé los siguientes días recuperándome.

Llegó el Día de los Enamorados, el primero que pasaba sin mi marido. Sentada sola en una sala del hospital derramé las últimas lágrimas que me quedaban.

A la tercera va la vencida

A la tercera va la vencida

Estoy en mi tercer matrimonio, dato que normalmente no menciono en presencia de parejas recién casadas. Si bien estoy agradecida por mis dos enlaces anteriores, pues me dejaron varios hijos hermosos —mis tesoros más preciados—, creo que cuando acerté fue la tercera vez.

Al terminar mi segundo matrimonio, pensé que no habría otro, que me quedaría sola y tendría que arreglármelas como pudiera. Mi experiencia matrimonial me había dejado un mal regusto, y no esperaba que hubiera otro hombre en mi vida; pero estaba equivocada.

¿Cuánto te amo?

¿Cuánto te amo?

En uno de sus famosos poemas, Elizabeth Barrett Browning plasmó una bella declaración de amor que comenzaba así:

¿Cuánto te amo? ¿De qué maneras? Te lo voy a contar:
Te amo con la profundidad, extensión y altura
que alcanza mi alma cuando se aventura…

Sin condiciones

Sin condiciones

No te amo por lo que eres ni por lo que dejas de ser. No te amo por la clase de persona que eres. No te amo por lo que haces ni por lo bien que lo haces. No te amo porque hayas pecado poco o metido la pata con poca frecuencia, ni por las veces que has obrado con acierto. Te amo porque sí, sin condiciones. Aunque esa verdad resulte difícil de entender, cuando la captes toda tu vida cobrará un nuevo significado y mayor profundidad. Descubrirás una nueva realidad. En ti hay plenitud porque se te ama. Eres libre porque se te ama. Eres capaz de amar verdaderamente a los demás porque se te ama plena e incondicionalmente.

Cuatro amores

Cuatro amores

En lenguaje moderno, la palabra amor engloba una diversidad de sentimientos y emociones. Los griegos de la era clásica, sin embargo, eran más precisos. Tenían por lo menos cuatro términos para describir distintos aspectos del amor: storgē, philía, éros y agápē.

Storgē todavía se emplea en el griego actual y más o menos corresponde a nuestro vocablo afecto, particularmente el que existe en el seno de una familia. También se puede emplear en el sentido de soportar o aguantar; como sabemos la mayoría, ese era el amor que abrigábamos por nuestros hermanitos cuando éramos chicos.

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