Andar con Dios - Noviembre de 2013

Una relación implica camaradería, diálogo y afinidad de sentimientos e ideas. En este número se explora cómo podemos cultivar nuestra relación con Dios.
 

Paseos con un amigo

Paseos con un amigo

Hoy en día es consuetudinario recomendar un paseo, una caminata, para botar toxinas, liberar tensiones o como simple forma de recreación en medio de tanto compromiso. Todos los expertos coinciden en que caminar es excelente para la salud. Un buen paseo cae de maravilla, y más si vamos acompañados de una persona con quien tenemos afinidad. Si encima caminamos con Dios, el efecto es doblemente beneficioso. «Y ¿cómo se hace eso?», me preguntarán intrigados algunos.

¡Es Él! ¡Es Él!

¡Es Él! ¡Es Él!

Pasé con una amiga frente a un cine justo a la hora en que terminaban varias películas y cientos de personas salían a la calle. Un hombre en particular me llamó la atención, por su gran estatura. Venía directamente hacia nosotras. Debía de medir dos metros diez y tenía la contextura atlética de un jugador de baloncesto. Cuando me volví para decirle a Abi lo que pensaba, ella corrió hacia él.

Incendios forestales

Incendios forestales

Durante las últimas décadas, violentos incendios forestales han barrido las zonas boscosas de Norteamérica, devastando enormes extensiones y muchas veces destruyendo barrios enteros. Eso es algo relativamente nuevo. Aunque en cierta medida el fuego siempre ha contribuido al equilibrio ecológico, estos incendios de descomunales proporciones empezaron a producirse en épocas más o menos recientes.

Dios con nosotros

Dios con nosotros

Mi granero ardió; ahora nada me obstruye la visión de la luna. 
Mizuta Masahide (1657–1723)

*

No se trata de si Dios permite o no que sucedan ciertas cosas. Simplemente son parte de la vida. Nuestro Padre está al tanto de cada pajarillo que cae a tierra, pero no siempre impide que caiga. ¿Qué enseñanza hemos de derivar de eso? Que nuestras reacciones son más importantes que los sucesos que las motivan. He aquí un misterio: una experiencia vivida por un hombre lo lleva a maldecir a Dios, mientras que la misma experiencia lleva a otro a bendecirlo. Nuestra reacción ante un suceso tiene más importancia que el suceso mismo. 

El señor conejo y yo

El señor conejo y yo

Todo empezó cuando cedimos a las súplicas de los niños y les compramos un lindo conejito. Al principio era muy pequeño para dejarlo solo en el jardín mientras los niños estaban en la escuela, pero tampoco podía permanecer en su jaula todo el día sin hacer nada de ejercicio.

Así que recayó en mí la tarea de sacarlo cada día al jardín. Pronto se convirtió en un pequeño ritual. Cada mañana, cuando le abría la puerta de malla, golpeaba el piso con una de sus patas traseras, como si dijera: «Llevo tiempo esperándote». Tan pronto lo ponía en el suelo, daba pequeños brincos de alegría, mostrando lo contento que se sentía de estar vivo.

El factor Dios

El factor Dios

Aunque Dios vive en la dimensión celestial, obra en el mundo real. No solo reparte recompensas de índole espiritual, sino también bendiciones tangibles, visibles y materiales, de esas que se miden en pesos, dólares y euros. Es Dios del Cielo y también del mundo terrenal. Trasciende ambos mundos, reina y vive en ambos, domina en ambos y crea en ambos, y tiene poder para pagarnos en ambas monedas.

El Star Dust

El Star Dust

Si bien ha transcurrido más de un decenio desde que salió la noticia1, me sigue fascinando la historia de un avión comercial que desapareció misteriosamente durante un vuelo regular.

Fue en 1947. Un avión de pasajeros británico bautizado Star Dust despegó de Buenos Aires con destino a la capital chilena, un viaje que hubiera debido durar menos de cuatro horas. La ruta sobrevolaba la cordillera de los Andes. El capitán y el primer y segundo oficial eran pilotos con experiencia en misiones de combate con la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial. La aeronave, un Avro Lancastrian, era idónea para realizar ese trayecto.

Oraciones eficaces

Oraciones eficaces

¿Te olvidas a veces de rezar, o no sabes cómo empezar o qué decir cuando te acuerdas? Toma tiempo hacerse el hábito de orar, pero vale la pena cultivarlo, pues puede servirnos para evitar o resolver muchos problemas. Si tus ratos de oración necesitan un envión, te resultarán útiles los siguientes consejos.

El puente

El puente

Acababa de llegar a la ciudad portuaria de Tampico (México), para realizar labores sociales con un grupo de voluntarios. Lo primero que hicieron fue enseñarme la casa que nos serviría de base. Queda bastante cerca del bullicioso centro de la ciudad y, por otro lado, no muy apartada de las zonas pobres de la periferia en que llevamos a cabo la mayor parte de nuestra obra benéfica. «¡Qué buena ubicación!», me dije. Desde la casa se observaba una preciosa laguna donde la gente se congrega al ponerse el sol. Además, está a poca distancia en auto de una playa limpia y poco concurrida.

El contacto con la arena

El contacto con la arena

De una pila de papeles saltó una tarjetita postal que cayó al suelo. Era una antigua fotografía, nada fuera de lo común, de una pequeña lancha pesquera navegando por una mar calma bajo el cielo azul. No sé cómo había ido a parar allí, pero me hizo sonreír. Evoqué mi infancia, cuando jugaba a la orilla del mar. Recordé el cosquilleo de la arena entre los dedos de los pies, las conchitas que coleccionaba con mis amigos del vecindario y las competencias que teníamos para ver quién era capaz de lanzar una piedra al agua más lejos.

Seamos íconos

Seamos íconos

El vocablo griego traducido como imagen en la mayoría de las biblias en español es eikón, del que proviene la palabra ícono. En la Biblia se usa tanto en su acepción literal1 como en sentido figurado2. La Septuaginta, que fue la primera traducción oficial al griego del Antiguo Testamento hebreo, se refiere a Adán como el «eikón de Dios».

Andar con Dios

Andar con Dios

Tal vez seas de los que disfrutan caminando de madrugada, como Jesús, que «levantándose muy de mañana […], se fue a un lugar desierto, y allí oraba»1. O tal vez prefieres caminar tranquilamente al atardecer2. Tal vez tus caminatas cumplen un propósito determinado, son parte de tu recorrido para llegar a tu lugar de trabajo, al colegio o a la tienda donde haces las compras. En todo caso, siempre que caminas, donde sea que lo hagas, continúas una larga tradición:

Compañero constante

Compañero constante

Deseo ser tu compañero, tu consejero, tu pronto auxilio, no alguien a quien solo conoces por referencias, o del que rara vez te acuerdas, o con quien hablas muy de tanto en tanto. Tampoco me interesa ser un simple asesor al que acudes cuando estás en un apuro o te aprestas a tomar una decisión importante. Deseo ser una presencia amorosa y constante en tu vida.

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