El perdón - Junio de 2020

¿Has herido alguna vez a alguien y te habría gustado que te perdonara? ¿Te sorprendes a veces pensando en una persona que te hizo daño? No eres el único. Esta revista te revelará los secretos del perdón y la enorme paz y felicidad que puedes experimentar cuando remites la ofensa recibida.

Aclaremos cuentas

Aclaremos cuentas

Los primeros versículos del capítulo inaugural del libro de Isaías son aterradores. Dios emplea allí un lenguaje muy fuerte para ventilar las numerosas ofensas cometidas por el reino de Judá, entre las que destacan la opresión de los pobres, actos de corrupción y manos manchadas de sangre, todo lo cual los había distanciado y enajenado de Dios. Les espetó que sus prácticas religiosas se habían falseado y desvalorizado y que en sus corazones primaba la maldad y la rebeldía contra Dios. Como consecuencia, sufrían ignominiosas y categóricas derrotas a manos de sus enemigos.

Una vida signada por el perdón

Una vida signada por el perdón

A lo largo de mi vida he recibido mi cuota de (merecidas) consecuencias por mis transgresiones. Sin embargo, en más de una ocasión no recibí lo que me hubiera merecido. En cambio, obtuve misericordia.

El llamado a perdonar

El llamado a perdonar

Los Evangelios describen que Jesús fue azotado, golpeado y finalmente clavado a una cruz. Mientras pendía de aquel madero, aguardando la muerte, algunas de Sus últimas palabras fueron: «Padre, perdónalos».1 El perdón fue Su respuesta a un juicio injusto, a la flagelación que tuvo que soportar con un azote de puntas de hueso o metal que le laceraron la piel, causándole un dolor inimaginable, y a los clavos con que le perforaron las manos y los pies para luego ser dejado ahí en la cruz agonizante.

Pedir perdón

Pedir perdón

Hace años me vi en una situación laboral complicada y desagradable con un compañero de trabajo. Las cosas no mejoraron y fue un alivio cuando finalmente él se trasladó a otro lado. Un tiempo después recibí un breve correo electrónico suyo con tres palabras: «Te pido disculpas».

¿Bien conservado o avinagrado?

¿Bien conservado o avinagrado?

Mi sabor preferido es el ácido: caramelos ácidos, pepinillos, cualquier cosa que sea con limón, las cerezas agrias, todo eso me encanta. Hay quienes prefieren lo dulce, lo salado o el recién llegado al barrio, el umami de los japoneses. En fin, cada uno tiene sus gustos y sabores preferidos, pero el que creo que no es favorito de nadie es el amargo. No me sorprende. De hecho, la palabra que más he visto empleada en las definiciones de amargo es desagradable.

Misericordia

Misericordia

Él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia.
Tito 3:5 (NVI)

*

Sean compasivos, así como su Padre es compasivo.
Lucas 6:36 (NVI)

¿Quién tiene la culpa?

¿Quién tiene la culpa?

Hace poco estaba evocando cosas del pasado. Me puse a pensar en decisiones que había tomado y comencé a culpar a los demás por el desenlace de ciertas situaciones. Culpé a mis padres por decisiones que tomaron ellos y que afectaron mi infancia. Culpé a mi colegio por mis inseguridades y por esa sensación que tenía de que nunca alcanzaría el grado de perfección necesario como para triunfar en distintos aspectos. Culpé a mi iglesia por actitudes que tenía hacia Dios y que afectaron mi relación con Él.

El proceso continuo

El proceso continuo

«Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal».1 La primera vez que leí ese versículo de la Biblia me punzó la conciencia y sentí vergüenza. ¿Por qué? Porque sabía que había personas a las que no había perdonado. Y, sin embargo, quería que Dios me perdonara por actitudes mías que habían ofendido a otros.

La decisión de perdonar

La decisión de perdonar

Tal vez Pedro pensó que iba a complicar a Jesús cuando le preguntó: «Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano o hermana que ha pecado contra mí?». Quería que le diera un número, que se lo cuantificara para saber hasta qué punto era tolerable y en qué momento ya no había más espacio para el perdón. Entonces aventura una cifra: «¿Siete veces?» «No, siete veces no —le responde Jesús—, sino setenta veces siete».1

Perdón transformador

Perdón transformador

Perdonar no es un acto emocional; es una decisión. No es que al decidir perdonar todo el dolor desaparezca; sin embargo, esa decisión tuya me permite obrar en tu corazón.

Mi gran descubrimiento

Mi gran descubrimiento

Siempre tuve una afinidad con el apóstol Pedro. Cometía muchos errores, abría la boca cuando no debía, no quería perdonar a su hermano y en última instancia negó a Jesús tres veces.

Perdón transformador

Perdón transformador

Perdonar no es un acto emocional; es una decisión. No es que al decidir perdonar todo el dolor desaparezca; sin embargo, esa decisión tuya me permite obrar en tu corazón.

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