La generosidad - Julio 2021

Los Evangelios relatan que Dios, gracias al inmenso amor que nos tiene, ofreció a Su único Hijo y que ese Hijo murió por nosotros en una cruz. Ese acto representa el modelo de generosidad que debemos seguir todos los que amamos a Dios. Los siguientes artículos te proporcionarán consejos y ejemplos de la vida real.

Una riqueza diferente

Una riqueza diferente

El gran lingüista José María Zainqui decía en su diccionario razonado de sinónimos y contrarios que «se llama generosidad a la tendencia de un alma grande y noble a prestar ayuda, perdonar, sacrificarse y dar de lo suyo propio». Más adelante agrega: Abnegación es el nombre que se da al sacrificio del propio bienestar e interés en provecho de otros». Es decir que el concepto general de dadivosidad está centrado en los demás, en dar uno de sí mismo aunque duela y represente una renuncia a algo que para uno es valioso. Entre otros sinónimos, el autor menciona también el desprendimiento y el desinterés, la liberalidad, la largueza y la beneficencia, que no es otra cosa que hacer el bien a los demás.

¿A qué esperar?

¿A qué esperar?

Me encantaría presentarles a mi amiga Vanessa. Es un perfecto ejemplo del Evangelio calzado en zapatillas. Cuando comenzó a asistir a nuestros estudios bíblicos era madre soltera de tres chicos adolescentes y les aseguro que ya había tenido su buena dosis de desventuras y quebrantos. Tal vez era por eso que tenía ese algo, esa felicidad contagiosa, ojos chispeantes y una carcajada a flor de labios, sobre todo cuando contaba cosas graciosas sobre ella misma.

¿Qué atesoramos?

¿Qué atesoramos?

En la segunda mitad del capítulo 6 del Evangelio de Mateo, Jesús pone el foco en nuestra relación con las cosas materiales. Comienza enseñando cuál debe ser nuestra escala de prioridades y nuestra actitud frente a los bienes materiales:

Alegría como la profesaba Jesús

Alegría como la profesaba Jesús

Una mañana muy fría y sombría, al despertarme, descubrí que había dormido de más. Con un gruñido de disgusto me bajé de la cama y, todavía atontada por el sueño, comencé a vestirme. En ese momento me acordé: ¡Esta mañana temprano hay un evento para el Día de la Mujer, al que me comprometí a asistir! Nuestra misión había organizado diversas celebraciones sobre la mujer en Sudáfrica. Aquel día debíamos ir a un centro para madres en crisis y tomar un té matinal con ellas. Íbamos a llevar diversos convites, entre ellos una tarta de zanahoria, unos bollos suizos y una bolsa de regalos con una variedad de artículos personales y de tocador.

Willie y los favores de cinco minutos

Willie y los favores de cinco minutos

Ya terminábamos de distribuir cincuenta paquetes de diez kilos de ayuda a gente de bajos recursos —la mayoría viudas y discapacitados— en un salón a las afueras de uno de los barrios pobres más grandes de África Oriental.

Satisfecha por la labor realizada, yo estaba a punto de partir cuando Sally, una colega, tomó el último paquete y propuso:

El dador alegre

El dador alegre

Típica mañana en nuestro hogar. Andábamos a las carreras preparándonos para la jornada. Los niños se alistaban para ir al colegio, había que cocinar el desayuno, ordenar la casa, mientras yo metía la comida en la olla de cocción lenta, me ponía el maquillaje y pare usted de contar. La más pequeña trataba de servirse un vaso de leche y aún no conseguía dominar la técnica, así que le pedí a su hermana mayor que la ayudara. No sé por qué, pero esa mañana la mayor no estaba con ganas de dar una mano. Con expresión de fastidio tomó la taza, sirvió presurosamente la leche y la colocó delante de su hermana con aspereza. Eso suscitó en ella una reacción de mal genio que derivó en una discusión entre las dos. Lo menos deseable en ese momento.

Hazme una torta

Hazme una torta

Lo que vamos a relatar aconteció en Israel alrededor del año 850 a.C.1 Era una época triste y difícil para la nación hebrea, que vivía sujeta al yugo del peor rey que había tenido hasta entonces: Acab. Este había adoptado el culto a Baal, dios pagano preferido por su esposa Jezabel. Bajo el reinado de Acab y Jezabel, los profetas del Dios verdadero fueron liquidados sistemáticamente.

Cubrir una necesidad

Cubrir una necesidad

Ted y Dorothy eran una joven pareja que compró Wall Drug, una farmacia en la región occidental de los Estados Unidos, allá por 1931. En aquellos días una farmacia (drugstore) era más bien una tienda de multiservicio que vendía una amplia variedad de productos y bebidas. De ahí que como negocio era prometedor. Desafortunadamente aquel pueblito apenas tenía 326 habitantes, todos ellos pobres. La economía no andaba bien y la joven pareja apenas ganaba lo suficiente para mantenerse a flote. Sin embargo, consideraban que tenían un llamado: cultivaban amistades, prestaban asistencia médica y a su parecer, se iban incorporando a la vida comunitaria.

Las moneditas de la viuda

Las moneditas de la viuda

Jesús y Sus discípulos se encontraban en el templo observando a la gente que daba sus ofrendas. Un hombre acaudalado se acercó al cofre haciendo alarde de la jugosa suma que donaba. A este le siguió una viuda, que echó sus dos moneditas de limosna, las de más pequeño valor que hubiera podido dar. Refunfuñando, los discípulos comentaron entre sí lo mísera que era su ofrenda; mas cuál no sería su sorpresa cuando Jesús les dijo que ella había dado más que todos, pues había dado todo lo que tenía.1

Generosidad con los demás

Generosidad con los demás

Aprovecha las oportunidades que se te presenten de dar. Procura hallar algo que puedas dar cada día: sea una sonrisa, un elogio, un poco de tiempo, disposición para escuchar, una buena comida, una prenda u objeto que no necesites o una palabra bondadosa. Siempre hay algo que puedes compartir con los demás.

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