La paciencia - Mayo de 2013

¿Te sucede que familiares, vecinos o compañeros de trabajo quejumbrosos, dominantes o molestos te echan a perder el día? ¿Te duele que tus gestos amables no sean correspondidos, o que no se aprecien tus esfuerzos? El presente número de Conéctate aborda precisamente esos temas y muchos más.
 

Gracia para seguir amando

Gracia para seguir amando

En uno de los capítulos más impactantes y poéticos de la Biblia —1 Corintios 13—, el apóstol Pablo describe el amor que los cristianos debemos personificar: «El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser»1.

En esta lista, la primera característica del amor es que es sufrido, y me parece muy revelador, porque amar —con la generosidad y constancia que describe Pablo posteriormente en este pasaje— exige sacrificio, entrega y aguante. No podemos reservar nuestras expresiones de amor y cariño para ciertas situaciones o para unas pocas personas queridas. Asimismo, tampoco podemos negárselas a la gente que nos decepciona o nos falla.

El desplume

El desplume

Me crié en una granja de Pleasant Hill, en el estado de Nueva York. Siempre estábamos rodeados de gallinas que correteaban en busca de gusanos e insectos y escarbaban la tierra para ver si encontraban alguna semilla. En general llevaban una vida despreocupada y feliz. Esa es una de las razones por las que, a pesar de disponer de un modesto presupuesto para alimentos, compro siempre huevos de gallinas camperas. Estoy convencida de que las gallinas felices ponen mejores huevos.

Algo que noté desde que era pequeña fue que existe un claro orden jerárquico entre las gallinas. La mayoría son animales sociables y humildes que no se meten en lo ajeno. Sin embargo, algunas van por ahí hinchando el pecho, alardeando de tener señorío sobre las demás… y arrancándoles las plumas de la cola.

De buen temple

De buen temple

Tiempo atrás tenía mis propias ideas sobre lo que eran la longanimidad y la paciencia. Longanimidad era soportar algo; y paciencia, soportar la falta de algo. La una iba con la frase: «Ojalá no tuviera…», y la otra con: «Ojalá tuviera…» Obviamente ambas palabras tienen también otros matices, sobre todo longanimidad.

Cuando consulté el significado del término griego µακροθυµέω (fonéticamente, makrothymia), palabra que se traduce en muchas versiones de la Biblia como paciencia o longanimidad, vi que tenía otra connotación. Makro significa grande —eso no es ninguna novedad—; y thymia significa temple, lo que sí me resultó revelador. Una traducción más literal de makrothymia sería gran temple.

Así es la vida

Así es la vida

A veces, en el momento menos esperado, nos vienen pequeñas revelaciones que nos aclaran las ideas, nos ayudan a entender mejor una situación y reactivan nuestra fe. El otro día tuve una de esas.

Los últimos meses hemos estado muy apretados de dinero, y para colmo tuvimos que llevar nuestro vehículo al taller. Mientras esperaba a que mi esposo me llamara para decirme cuánto iba costar más o menos la reparación, le pregunté a Dios por qué nos estaba ocurriendo eso en un momento ya de por sí tan complicado.

Espacios

Espacios

Decidí que más vale tarde que nunca y me atreví con algo que hubiera debido hacer mucho tiempo atrás: con mis 50 y tantos años me inscribí en un curso de conducción en la autoescuela del barrio.

Imagínate mi horror cuando en la segunda clase el instructor me llevó a conducir por Nairobi, con su tráfico caótico.

—Trate de dejar un espacio alrededor del vehículo —fue una de las primeras instrucciones que me dio.

El fruto conciliador: la paciencia

El fruto conciliador: la paciencia

«El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Contra estas cosas no hay ley»1.

—Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces he de perdonarlo? —le preguntó un hombre a Jesús.

Acto seguido aventuró una respuesta:

—¿Siete veces?

¡No la soporto!

¡No la soporto!

Ciertas personas nos gustan más que otras; y también hay que reconocer que cada uno de nosotros resulta más agradable para unas personas que para otras.

Cuando trabajaba de enfermera en la sala de emergencias de un hospital en Reikiavik (Islandia), me sentía bastante segura de mí misma y me consideraba capaz de afrontar casi cualquier situación. Me encantaba la acción, la adrenalina, y siempre me ofrecía para los casos más difíciles.

¿Por qué Dios tarda tanto?

¿Por qué Dios tarda tanto?

Pregunta: Llevo tiempo buscando trabajo, hasta ahora sin éxito. Si recé y estoy haciendo lo que puedo, ¿por qué no me ayuda Dios?

Respuesta:  Muchas veces no logramos entender cómo obra Dios en nuestra vida y por qué hace lo que hace. Es misterioso, pero nosenseña humildad, y por lo general requiere fe y paciencia. Sus propósitos suelen ser diferentes de los nuestros.

El espejo matrimonial

El espejo matrimonial

—¡Mari-i-i-i-ie! —retumbó por toda la casa la voz de Ivo, mi esposo—. ¿Dónde dices que pusiste mi camisa verde?

—Está colgada en el armario, en el costado izquierdo, entre las camisas blancas y tu saco.

—¡No la veo!

Subí por las escaleras y entré en la alcoba.

Con las velas destrozadas

Con las velas destrozadas

Hace varios meses, durante un período de intenso trabajo, me entraron muchas ganas de tomarme un descanso. Sabía que necesitaba pensar en mi futuro y en mis planes a tenor de ciertos cambios en mi entorno que iban a afectar mi carrera y mis condiciones de vida. Al mismo tiempo, también me hacía ilusión hincarle el diente a un proyecto personal que desde hacía meses me tenía entusiasmada y al que no había podido dedicar mucho tiempo por andar tan embebida en mi trabajo. Era algo que me apasionaba y que me parecía que sería un buen punto de partida para materializar algunos de mis sueños y objetivos.

Muchas olas se dejan pasar

Muchas olas se dejan pasar

Sin otras opciones de empleo en aquel momento, mi situación no era muy feliz que digamos. Mi jefe me hacía la vida imposible. Era egoísta, maleducado y vulgar. Sin embargo, al igual que el gerente incompetente de la teleserie The Office, se creía el mejor amigo de todos. Cada vez que yo trataba de explicarle las cosas que me molestaban, él me escuchaba atentamente y me daba las gracias; pero luego seguía igual. No modificaba su comportamiento ni un ápice. A pesar de que presenté una queja a su superior, nada cambió.

Parecía que estaba condenado a trabajar indefinidamente en aquel ambiente estresante, sin posibilidad de ejercer control alguno sobre los incidentes que se producían, algunos un poco fastidiosos y otros francamente escandalosos. Uno de estos últimos me llevó por fin a la desesperación. Aunque no había nada que pudiera hacer para cambiar la situación, la rabia que tenía dentro me iba a destruir si no hallaba la forma de liberarme de ella.

Calma matinal

Calma matinal

La Biblia da muchas pautas sobre cómo invertir sabiamente nuestro tiempo y energías. Se nos exhorta, entre otras cosas, a amar y ayudar al prójimo1, a difundir la buena nueva del amor de Dios2 y a ser aplicados en nuestro trabajo3. Por otra parte, la Biblia también enseña que a veces lo mejor es quedarse quieto y dejar que Dios obre en favor nuestro.

—Me voy de pesca —dijo Simón Pedro a sus condiscípulos4.

—Te acompañamos —respondieron ellos.

Hay que ser realista

Hay que ser realista

Si eres como la mayoría de la gente de hoy en día, seguramente te has acostumbrado a un ritmo intenso de trabajo y a obtener resultados rápidos. El inconveniente —o uno de los inconvenientes— de ese estilo de vida es que lo que ayer era suficiente, hoy en muchos casos da la impresión de que no lo es. El abrigar cada vez mayores expectativas acaba volviéndote más exigente con otras personas y con la vida misma.

Si bien te esmeras por seguir el ritmo general, no puedes evitar que algunas cosas tomen tiempo. La mayoría de las dificultades con las que te topas en el trabajo, de los trastornos de salud que sufres y de los conflictos que tienes con los demás no se resuelven con un clic del ratón ni apretando un botón.

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