Número 4 - Salvación eterna

Para asegurarte un lugar en el Cielo solo tienes que creer. La gracia de Dios combinada con tu fe es todo lo que necesitas. Y te salvas para siempre. Jesús sabe que no eres ni serás nunca perfecto; pero eso no altera ni un ápice el amor que Él te tiene.

Una vez que nos salvamos es para siempre

Una vez que nos salvamos es para siempre

Hay quienes viven en perpetua inseguridad. Por muchas buenas obras que hagan y por muchas otras cosas que eviten hacer, no tienen la certeza de que irán al Cielo cuando mueran. Eso nos puede producir una enorme intranquilidad y hasta nos puede llevar a la neurosis. Es más, una vez supe de un hombre al que le ocurrió precisamente eso. Había reconocido en Jesús al Salvador. 

Fe renovada

Fe renovada

Estando en una estación de servicio, observé a tres señoras que iban frenéticamente de su auto al cajero, que se encontraba dentro del local. Una de ellas pasó por delante del stand donde yo estaba vendiendo libros, y le pregunté si podía ayudarla en algo.

—¡Perdimos las llaves del auto! —exclamó—. Hemos buscado por todas partes. Necesitamos un cerrajero que nos haga otra llave.

La fuente del verdadero amor

La fuente del verdadero amor

Dios nos creó con la necesidad de amar y ser amados. Él y solo Él puede satisfacer el más profundo anhelo del alma humana: llegar a sentirse totalmente amada y comprendida. Las cosas terrenales podrán satisfacer el cuerpo, pero solo Dios y Su amor eterno son capaces de llenar el vacío espiritual que tenemos en el alma y que Él creó exclusivamente para Sí. El espíritu humano nunca podrá sentirse satisfecho del todo con otra cosa que no sea la unión plena con el gran Espíritu de amor que lo creó.

¡Es gratis!

¡Es gratis!

La salvación es cuestión de fe pura y simple. Es consecuencia de creer: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo» (Hechos 16:31). Si la experiencia te resulta emocionante y sobrecogedora y va acompañada de alguna sensación intensa, puedes considerarte afortunado; pero eso no tiene ningún efecto sobre el hecho mismo. Lo que nos salva es la fe en la Palabra de Dios. Dios puso una sola condición para que nos salváramos: que creyéramos. Lo que sintamos o dejemos de sentir es irrelevante.

Un nuevo comenzar

Un nuevo comenzar

Mi vida ha dado un vuelco

Carlos (Perú)

A pesar de haber asistido a misa durante mi infancia y adolescencia, podría decirse que yo era ateo. Pensaba que Dios era una creación de los hombres. No me preocupaba mucho el tema hasta que sucedió algo que puso en peligro mi matrimonio. Eso, aparejado con la conciencia de que en el mundo las cosas iban de mal en peor, fue lo que me hizo pensar que tenía que haber un Ser Supremo.

Preguntas frecuentes en torno a la salvación

Preguntas frecuentes en torno a la salvación

¿Quién la necesita?

La mayoría de la gente cree que Dios califica a las personas del mismo modo que un profesor a sus alumnos. Si uno procura ser bueno y no comete faltas muy graves, cuando muera y termine el curso de la vida probablemente se lo calificará con una nota aprobatoria. En caso de no sacar buena nota y reprobar el curso, la cosa es distinta...

¡Recárgate!

¡Recárgate!

¡Recárgate!

Jesús dijo a Sus seguidores que les enviaría «la promesa del Padre» para que fueran «investidos de poder desde lo alto» (Lucas 24:49). Si has aceptado la salvación que te ofrece Jesús y has «nacido de nuevo del Espíritu», ya has recibido una porción del poder del Espíritu Santo. Pero eso no significa que te hayas llenado de él. Por lo general, eso ocurre después, y es una experiencia aparte.

Montañeses

Montañeses

Cuando Jesús subió al monte, dejó atrás las multitudes. «Viendo la multitud, [Jesús] subió al monte; y sentándose, vinieron a Él Sus discípulos» (Mateo 5:1). Los picos de las montañas nunca son muy concurridos. ¿Por qué? Porque cuesta mucho esfuerzo llegar allí. No hay mucha gente a la que le guste escalar.

Más señales del Fin—Ya estaba escrito, 3ª parte

Cuando los discípulos de Jesús le preguntaron cuál sería la señal de Su venida y del fin del mundo tal como lo conocemos, Él respondió revelando no solo una señal, sino muchas. En esta tercera parte de Ya estaba escrito estudiaremos dos de ellas. Las otras tres están tomadas del Antiguo Testamento, concretamente del libro de Daniel y de los escritos del apóstol Pablo, en el Nuevo Testamento.

Conéctate conmigo

Conéctate conmigo

Cualesquiera que sean tus circunstancias o el modo en que las has abordado hasta ahora, sea lo que sea que hayas hecho o dejado de hacer, ¡te amo! Veo cada una de tus lágrimas. Oigo todos tus clamores. Participo de cada uno de tus pesares, tus tristezas, tus frustraciones y preocupaciones. Conozco cada uno de tus deseos. Veo lo más recóndito de tu ser y tus anhelos más íntimos, y te aseguro que el amor que siento por ti es más profundo de lo que podrías concebir.

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