Efecto a largo plazo

Efecto a largo plazo

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

Proverbios 22:6

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Cuando oímos hablar de alguien que está llevando a cabo una gran obra, podemos estar seguros de que tuvo una excelente base. Quizá fue la instrucción que le dio su madre, el ejemplo de su padre, la influencia de un profesor o una experiencia intensa que vivió. En todo caso, ese elemento era indispensable; de lo contrario no estaría logrando tanto, por muchas oportunidades favorables que haya tenido.
Catherine Miles

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Los padres y la autoestima

Un estudio ha revelado que los padres que dedican unos cuantos minutos al día a cada uno de sus hijos por separado multiplican las probabilidades de que éstos lleguen a ser adultos seguros de sí mismos.

De los muchachos que afirmaron que su padre pasaba ratos con ellos, se interesaba en sus progresos y los apoyaba, más del 90 por ciento tenía fe en su propia capacidad. Mientras que de los niños que expresaron que su padre pasaba poco o nada de tiempo con ellos, el 72 por ciento tenía la autoestima muy baja y evidenciaba más problemas  emocionales y conductuales.

El mismo estudio arrojó otro resultado bastante sorprendente: los efectos positivos de una buena relación entre padre e hijo son igual de evidentes en las familias biparentales que en aquellas en que el padre, aun estando ausente (por ejemplo, después de un divorcio), se esfuerza por pasar tiempo con sus hijos. Estudios similares demuestran que un resultado igualmente positivo se produce cuando, en ausencia del padre, otra figura paterna asume el papel de éste, como puede ser un padrastro, tío, abuelo, profesor o mentor.

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A los jóvenes preséntales grandes expectativas, manifiéstales cariño y dales tu apoyo. Tendrán éxito.
Said Sewell

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Un sermón de lo más elocuente

Pocos días antes de la recolección de una mies que prometía ser particularmente abundante, se desató una espantosa tormenta de viento y piedra. La cosecha se perdió. Después de la granizada, el dueño del terreno salió con su hijito a la puerta de su vivienda. Cuando el pequeño vio lo que había quedado del hermoso trigal, se le llenaron los ojos de lágrimas y se volvió a su padre, esperando unas palabras de desesperación. En ese instante, el agricultor entonó suavemente un himno de confianza en Dios. Años después, cuando aquel chiquillo era ya un hombre, manifestó: «Aquel fue el sermón más elocuente que he escuchado en mi vida».

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La labor de un mentor consiste en dejarse exprimir el coco, prestar oído y dar un empujón en la dirección indicada.
John Crosby

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