Los niños

Cada criatura es singular

Cada nene trae a nuestra vida una dicha extraordinaria, una esperanza excepcional. Un bebé es un alma viviente, formada a partir de la unión de un espíritu creado por Dios con los elementos físicos del organismo de los padres. William Wordsworth lo describió con increíble belleza:

Aprende de los niños

Muchas personas mayores observan a un niño disfrutando despreocupadamente de sus juegos y por momentos desean volver a su infancia. A los niños se los ve tan tranquilos, tan felices, casi desprovistos de afanes. Se ríen con facilidad, disfrutan de lo que hacen y se entusiasman con las cosas más sencillas. En general tienen preocupaciones menores que rara vez duran más de unos minutos o una hora. Con seguridad pasan más tiempo felices y ocupados en sus intereses que tú.

La decisión de un niño

Corría el año 1996. Acabábamos de renunciar a la seguridad de la vida en Italia para irnos a la Croacia de la posguerra, todavía convulsionada e inestable. Fuimos a parar a un apartamento grande en las afueras de Rijeka.

El mango del cumpleaños

Mi hijo Jonathan nació en una pequeña aldea de la India en una época en que mi marido y yo hacíamos voluntariado en ese país. Como muchos niños indios, se crio comiendo arroz, dal, chapatis y una increíble y colorida variedad de frutas tropicales que allí se expenden en cada esquina.

Mi tesorito

Me imagino que a todas las primerizas les sucede lo mismo: no hay nada que me entretenga más que observar a mi bebita. Sus expresiones faciales, la vivacidad que se refleja en sus ojos, su curiosidad… Casi todo lo que hace despierta mi amor maternal. Y un maravilloso día tomé conciencia de que así, ni más ni menos, me ve Jesús a mí, pues me ama incondicionalmente.

Angelitos

Nuestro vecino,el señor Chen, respondió con entusiasmo a mi «buen día» añadiendo amigablemente: «¡El tiempo está estupendo hoy!, ¿no te parece?» Mientras lo observaba alejarse con brío y una radiante sonrisa que eclipsaba sus canas y arrugas, no pude menos que maravillarme. Hasta hace poco el señor Chen casi no me devolvía el saludo y prácticamente no sonreía ni hablaba con nadie. Trastornos crónicos de salud habían dejado en él su huella: andaba con el ceño fruncido, los hombros caídos y su característico paso cansino. ¿Qué podía haber operado en él un cambio tan fenomenal?

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