Los padres

La sonrisa del abuelo

Estaba cubierto por las típicas sábanas blancas de hospital y conectado a un enjambre de tubos y cables. Al acercarme, casi no lo reconozco. Estaba pálido, con las mejillas hundidas. Pero cuando abrió los ojos y me sonrió, casi no pude evitar desplomarme en sus brazos como siempre lo había hecho. El abuelo, a quien amaba más que a nadie en el mundo, había sufrido un grave infarto.

Un legado

Hubo una época en que era alto, andaba bien erguido y denotaba confianza y autoridad dondequiera que fuera. De joven dedicaba todos sus ratos libres, incluidas sus vacaciones, a una obra cristiana para ayudar a la juventud. Su conversión se había producido cuando tenía poco más de veinte años, y estaba muy comprometido con sus creencias y prácticas. Organizaba campamentos de verano en las montañas para multitudes de jóvenes que acababan de pasar por los difíciles años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y necesitaban una figura paterna o de hermano mayor.

Un hogar más feliz

Según el doctor James Bossard, antiguo profesor de sociología de la Universidad de Pensilvania, una de las facetas más descuidadas de la vida en familia es el modo en que los padres hablan delante de sus hijos. Luego de analizar extensas grabaciones de los intercambios que se dan a la hora de comer, el doctor Bossard afirmó: «Descubrí que todas las familias siguen ciertos hábitos de conversación bien marcados y que el más corriente de todos es el de criticar. En esas familias casi nunca se dice nada bueno de nadie. No paran de quejarse de sus amigos, de sus parientes, de sus vecinos y de casi todos los aspectos de su vida, desde las largas colas de los supermercados hasta la estupidez de su jefe.

Mi princesa

Para el primer cumpleaños de nuestra hija Audrey, mi mujer y yo teníamos pensada una pequeña celebración en casa con unos pocos amigos y familiares. Terminó siendo una fiesta impresionante con magdalenas a granel en el restaurante que administran sus abuelos. Probablemente los invitados disfrutaron más que mi hija; eso no lo niego. Audrey se pasó gran parte del tiempo observando cautelosamente lo que sucedía desde la seguridad de los brazos de alguien y se negó de plano a posar para una foto junto a su solitaria velita, por mucho que intenté convencerla de que lo hiciera (o tal vez justamente por eso).

El mayor de ellos es el amor

1 Corintios 13 en boca de una madre

Si vivo en una casa de impecable belleza, con todo en perfecto orden, y no tengo amor, soy un ama de casa, pero no he formado un hogar.

Si vivo para encerar, lustrar y cuidar los elementos decorativos, pero no tengo amor, mis hijos aprenderán a ser limpios por fuera en lugar de puros por dentro.

El amor deja el polvo para ir a buscar la risa de un niño.

Crecer juntos

No solo los niños crecen; también los padres. Los niños nos observan para ver qué hacemos con nuestra vida tanto como nosotros a ellos. No puedo pedir a mis hijos que tengan grandes sueños y luchen para concretarlos. Solo puedo hacer yo lo mismo.—Joyce Maynard

No sé en qué planeta vivía cuando pensé que el día que tuviera un hijo todas las habilidades que se requieren para criarlo me vendrían como por arte de magia. No tardé en darme cuenta de que los hijos, por mucho que proporcionan incomparables alegrías, también representan bastante trabajo. En mi caso tuve que ajustar mis aspiraciones y mi orden de prioridades a mi nueva realidad. Todos los días paso por un proceso de aprendizaje para adaptarme a sus nuevas necesidades.—Katiuscia Giusti

No pasará de moda

La maternidad tradicional nunca pasa de moda, porque su esencia es el amor. Yo creé al hombre con la necesidad de ser amado y dispuse que la madre fuera el primer ser en transmitirle ese amor. Una madre es la encarnación de la ternura, el desvelo y el amor. Hasta el niño más pequeño es capaz de percibir y responder a ese amor. 

Si eres de las que piensan que se están perdiendo algo o que viven en el pasado por estar en casa «sin hacer otra cosa» que cuidar del bebé o criar a varios hijos cuando podrían estar perfeccionándose en su profesión, reflexiona. ¡El amor es lo mejor de la vida! Es lo más importante que puede aprender una persona y a la vez el obsequio más valioso que se puede recibir. Además, una madre lo encarna y lo entrega como nadie. El mundo podría seguir adelante perfectamente bien sin muchas cosas, pero sin madres, jamás. La maternidad a la antigua nunca pasará de moda.

El abecé de los padres

Pensamientos que pueden evitarnos más de un tropezón

Nos preocupa lo que un niño llegará a ser el día de mañana, y se nos olvida que hoy ya es una persona.
Stacia Tauscher

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Con los niños se puede aprender mucho. Uno averigua, por ejemplo, cuánta paciencia tiene.
Franklin Jones

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