Los padres

El mundo de una madre

No sé en qué planeta estaba cuando pensé que al llegar a ser madre todas las aptitudes que necesitaría me vendrían como por arte de magia. No pasó mucho tiempo hasta que caí en la cuenta de que, si bien criar hijos me ha deparado alegrías incomparables, es trabajo arduo. Parece que cada día trae consigo nuevos retos. Con todo tengo por cierto que ser madre me ha deparado más felicidad y ha hecho de mí una mejor persona.

Opa y yo

Mi abuelo —a quien apodaba «Opa»— y yo éramos muy cómplices. Él me agudizaba los sentidos y en nuestras caminatas semanales por los bosques compartía conmigo su amor por la naturaleza.

Todos los fines de semana yo esperaba ansiosamente el momento en que me llevaran al apartamento de Opa y Oma, de dos ambientes, en un pequeño pueblo en el corazón del distrito industrial de Alemania.

Crear familia

En el consultorio médico donde trabajo hay una paciente frecuente cuyo nombre de pila es Blender (en inglés, licuadora). Ese es su nombre legal. No he tenido oportunidad de preguntarle sobre el origen, pero tengo mucha curiosidad por saber qué llevó a sus padres a darle el nombre de un artefacto de cocina. A lo mejor en otro idioma significa algo hermoso. No tengo ni idea.

Mamá angustiosa

Cuando mi primer embarazo terminó en un aborto espontáneo, no estaba preocupada. Más bien me puse furiosa. Pasé semanas aguantando, pero finalmente llegué incluso a levantarle el puño a Dios y reprochárselo. «Me fallaste» —le espeté en resumidas cuentas.

La sonrisa del abuelo

Estaba cubierto por las típicas sábanas blancas de hospital y conectado a un enjambre de tubos y cables. Al acercarme, casi no lo reconozco. Estaba pálido, con las mejillas hundidas. Pero cuando abrió los ojos y me sonrió, casi no pude evitar desplomarme en sus brazos como siempre lo había hecho. El abuelo, a quien amaba más que a nadie en el mundo, había sufrido un grave infarto.

Un legado

Hubo una época en que era alto, andaba bien erguido y denotaba confianza y autoridad dondequiera que fuera. De joven dedicaba todos sus ratos libres, incluidas sus vacaciones, a una obra cristiana para ayudar a la juventud. Su conversión se había producido cuando tenía poco más de veinte años, y estaba muy comprometido con sus creencias y prácticas. Organizaba campamentos de verano en las montañas para multitudes de jóvenes que acababan de pasar por los difíciles años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y necesitaban una figura paterna o de hermano mayor.

Un hogar más feliz

Según el doctor James Bossard, antiguo profesor de sociología de la Universidad de Pensilvania, una de las facetas más descuidadas de la vida en familia es el modo en que los padres hablan delante de sus hijos. Luego de analizar extensas grabaciones de los intercambios que se dan a la hora de comer, el doctor Bossard afirmó: «Descubrí que todas las familias siguen ciertos hábitos de conversación bien marcados y que el más corriente de todos es el de criticar. En esas familias casi nunca se dice nada bueno de nadie. No paran de quejarse de sus amigos, de sus parientes, de sus vecinos y de casi todos los aspectos de su vida, desde las largas colas de los supermercados hasta la estupidez de su jefe.

Mi princesa

Para el primer cumpleaños de nuestra hija Audrey, mi mujer y yo teníamos pensada una pequeña celebración en casa con unos pocos amigos y familiares. Terminó siendo una fiesta impresionante con magdalenas a granel en el restaurante que administran sus abuelos. Probablemente los invitados disfrutaron más que mi hija; eso no lo niego. Audrey se pasó gran parte del tiempo observando cautelosamente lo que sucedía desde la seguridad de los brazos de alguien y se negó de plano a posar para una foto junto a su solitaria velita, por mucho que intenté convencerla de que lo hiciera (o tal vez justamente por eso).

<Page 1 of 3>
Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.