Los padres

Enséñame

Hoy tomé un sereno conocimiento de algo. Por un momento logré atisbar en la mente de mi hija sin que ella supiera que la estaba observando y vi una faceta de ella que normalmente no se manifiesta. La vi más furibunda que de costumbre y tomé conciencia de que ha interpretado las experiencias de su vida de forma muy distinta a lo que yo esperaba.

Estar presente

La mayoría de los padres de familia pueden dar fe de que una de las tareas más difíciles que tienen, de esas que no dan respiro, es la de pasar tiempo de calidad con sus hijos. Lo que complica aún más las cosas es que la definición de tiempo de calidad puede variar de un padre a otro o de un niño a otro.

El mundo de una madre

No sé en qué planeta estaba cuando pensé que al llegar a ser madre todas las aptitudes que necesitaría me vendrían como por arte de magia. No pasó mucho tiempo hasta que caí en la cuenta de que, si bien criar hijos me ha deparado alegrías incomparables, es trabajo arduo. Parece que cada día trae consigo nuevos retos. Con todo tengo por cierto que ser madre me ha deparado más felicidad y ha hecho de mí una mejor persona.

Opa y yo

Mi abuelo —a quien apodaba «Opa»— y yo éramos muy cómplices. Él me agudizaba los sentidos y en nuestras caminatas semanales por los bosques compartía conmigo su amor por la naturaleza.

Todos los fines de semana yo esperaba ansiosamente el momento en que me llevaran al apartamento de Opa y Oma, de dos ambientes, en un pequeño pueblo en el corazón del distrito industrial de Alemania.

Crear familia

En el consultorio médico donde trabajo hay una paciente frecuente cuyo nombre de pila es Blender (en inglés, licuadora). Ese es su nombre legal. No he tenido oportunidad de preguntarle sobre el origen, pero tengo mucha curiosidad por saber qué llevó a sus padres a darle el nombre de un artefacto de cocina. A lo mejor en otro idioma significa algo hermoso. No tengo ni idea.

Mamá angustiosa

Cuando mi primer embarazo terminó en un aborto espontáneo, no estaba preocupada. Más bien me puse furiosa. Pasé semanas aguantando, pero finalmente llegué incluso a levantarle el puño a Dios y reprochárselo. «Me fallaste» —le espeté en resumidas cuentas.

La sonrisa del abuelo

Estaba cubierto por las típicas sábanas blancas de hospital y conectado a un enjambre de tubos y cables. Al acercarme, casi no lo reconozco. Estaba pálido, con las mejillas hundidas. Pero cuando abrió los ojos y me sonrió, casi no pude evitar desplomarme en sus brazos como siempre lo había hecho. El abuelo, a quien amaba más que a nadie en el mundo, había sufrido un grave infarto.

Un legado

Hubo una época en que era alto, andaba bien erguido y denotaba confianza y autoridad dondequiera que fuera. De joven dedicaba todos sus ratos libres, incluidas sus vacaciones, a una obra cristiana para ayudar a la juventud. Su conversión se había producido cuando tenía poco más de veinte años, y estaba muy comprometido con sus creencias y prácticas. Organizaba campamentos de verano en las montañas para multitudes de jóvenes que acababan de pasar por los difíciles años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y necesitaban una figura paterna o de hermano mayor.

<Page 1 of 3>
Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.