Crear familia

Crear familia

En el consultorio médico donde trabajo hay una paciente frecuente cuyo nombre de pila es Blender (en inglés, licuadora). Ese es su nombre legal. No he tenido oportunidad de preguntarle sobre el origen, pero tengo mucha curiosidad por saber qué llevó a sus padres a darle el nombre de un artefacto de cocina. A lo mejor en otro idioma significa algo hermoso. No tengo ni idea.

No nos toca elegir la familia en que nacemos. Parecería que algunas personas se hubieran sacado la lotería familiar —si es que existe tal cosa—, ya sea genética o económicamente, o en términos de talento y aptitudes, o simplemente porque les tocó una vida familiar feliz en la que prima el amor. En otros casos no es tan así. Todos conocemos a alguien cuya historia familiar nos parte el alma. Además todos conocemos nuestra propia historia: el efecto que tuvieron en nosotros nuestros padres, hermanos, tías, tíos, abuelos y primos, ya fuera positiva o negativamente. O puede que alguien se haya criado sin conocer a su familia biológica o conozcamos a alguien que vive esa realidad.

A medida que mis hijos se van haciendo mayores tomo conciencia más profunda de lo importante que es dedicarnos a nuestra familia e invertir el tiempo y el esfuerzo necesarios para crear la familia que queremos. La vida ya es extremadamente ajetreada y exigente de por sí. De ahí que estoy aprendiendo a reevaluar mis prioridades. A continuación algunas enseñanzas que yo he sacado:

Hago lo que puedo con quien puedo. No siempre podemos esperar a reunir a toda la familia para vincularnos. En nuestra familia todas las dinámicas y combinaciones son importantes y contribuyen a la onda familiar.

El vecindario y la colectividad son importantes para la familia. Como se suele decir: «Criar un niño es trabajo de todo un pueblo». Nuestros hijos se enriquecen mucho de la compañía de otras personas fantásticas, y los padres también. Por eso pasamos tiempo con la gente de nuestra localidad e invertimos tiempo en ella.

Día a día. La cultura familiar se va desarrollando a partir de cosas pequeñas: orar juntos a la hora de ir dormir, grupos de mensajes de texto, tareas, risas, abrazos, debates y lo que atañe a la vida cotidiana. Esos son los hilos que forman la fibra de la familia mucho más que unas vacaciones al año o los grandes acontecimientos. Apreciemos el valor y la belleza de esas cosas.

La familia que reza unida permanece unida. Una de las formas más eficaces de enseñar a nuestros hijos a confiar en Dios es que nos vean a nosotros apoyarnos en Él.

Las familias fuertes crean sociedades fuertes. Yo creo firmemente que Dios apoya la familia como institución y quiere ayudarnos a cultivar familias fuertes y felices, aun en medio de las innumerables dificultades que enfrentamos.

Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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