Sentirme bella

Sentirme bella

Me miré en el muro espejado del gimnasio mientras hacía los movimientos de taichí y me sobrevino una impresión sorprendente. Nunca pensé que era tan bella.

Permítanme explicarme.

Aunque de bebita era muy linda, en cuanto entré al jardín de infantes me di cuenta de que no era la más linda de mi clase. Linda quería decir rubia o de cabello color azabache; el mío era marrón claro. Linda implicaba ojos grandes azules o color café, y los míos eran pequeños y verdosos, y siempre un poco torcidos. Supe, pues, desde temprana edad que nunca me destacaría por mi belleza.

Fui madurando y entendí que hay algo llamado belleza interior. La gente agradable tiene aspecto agradable; la gente ruin, en cambio, por mucho atractivo que tenga, pierde lo que se considera verdadera belleza. Por muy perfecto que sea su cabello o sus rasgos físicos o su cuerpo, si es poco amable, suele notársele en el rostro. Decidí que me destacaría por mi belleza interior. Trataría de ser afable. Intentaría no salirme de mis casillas. Procuraría tratar a otros con amor y ser generosa. Evitaría ser miserable.

Con todo, nunca me sentí linda. Por eso me sorprendió esa impresión que tuve.

Tal vez fuera el hecho de que me miraba en un espejo mural desde cierta distancia. Quizá se debía a que finalmente estaba aprendiendo los movimientos lentos y gráciles del taichí. O puede que simplemente había dejado de juzgarme a mí misma y que entonces me veía como tal vez me ven los demás. El hecho es que en ese momento me vi hermosa, y había pasado mucho tiempo desde que me había percibido de esa manera.

No es que me hubiera esforzado por verme linda. No me comparaba con las demás personas que estaban en la sala. Simplemente estaba pasándolo bien, disfrutando de la música suave y el vaivén de mi cuerpo, la libertad y el sentido de realización que me daba el haber llegado a dominar algo nuevo. Algo importante que me enseñó aquello es que ojalá me hubiera permitido a mí misma sentirme así cuando era más joven. Ojalá no me hubiera comparado con otras ni me hubiera criticado ni juzgado a mí misma. Hubiera querido pasar más tiempo disfrutando de la música y me hubiera sentido más agradecida de tener un cuerpo que me permitía moverme al son de la misma. Hubiera deseado pasar más tiempo exigiéndome para hacer algo que me hiciera sentir bella.

Tal vez en aquel momento me vi como me ve Dios, una mujer mayor que sentía joven, una mujer que abrigaba la alegría del descubrimiento y la libertad de aprender, una hija de Dios agradecida por su vida y un día más para alabarlo.

Joyce Suttin

Joyce Suttin

Joyce Suttin es educadora, escritora y frecuente colaboradora de la revista Activated. Vive con su esposo en San Antonio (Texas) y realiza un apostolado en línea para el cual selecciona pasajes, prepara textos para edición y redacta artículos de carácter inspirativo.

Más en esta categoría: « ¿Qué es la belleza?
Copyright 2020 © Activated. All rights reserved.