Etapas

Las estaciones de la vida

Nuestro grupo de teatro representa frecuentemente una breve y dinámica escenificación basada en un monólogo de la obra Como gustéis, de Shakespeare, en la que el bardo resume las estaciones de la vida en siete etapas: el bebé que llora, el estudiante reacio, el amante lleno de suspiros, el fiero soldado, el juez sensato, el anciano y, finalmente, la muerte.

Un compromiso anual

Un día, hace unos tres años, mi padre invitó a sus cinco hijos —todos ellos casados y con hijos propios— a acompañarlo a él y a mi madre en un viaje a Tierra Santa. Él ya tenía 85 años y llevaba varios sin viajar ni volar. Hasta ese momento creo que se sentía viejo. Tenía aprensiones y miedos, y en cierto modo había cerrado ese capítulo de su vida. Sin embargo, aquel día algo cambió. Por una parte fue por su deseo de volver a visitar los lugares que conoció su amado Jesús, y por otra por sus ansias de hacer un viaje con su familia, algo que no hacíamos desde que éramos muy jóvenes.

Larga vida con Jesús

Mi padre vivió hasta los 101 años; mi madre, hasta los 99. Estuvieron casados más de 75 años. Sobrevivieron a ambas guerras mundiales y tuvieron nueve hijos, aunque dos de ellos, mellizos nacidos poco después de la Segunda Guerra Mundial, regresaron al cielo nada más venir a este mundo. Tuvieron 19 nietos y 19 bisnietos.

Conservar la chispa

De niña recuerdo que rompía a llorar cada vez que pensaba que mis padres envejecerían. Los quería tanto que la sola idea de que algún día perdieran el cabello y se les arrugara la piel me resultaba muy difícil de aceptar. Ahora que lo pienso, algo dentro de mí repudiaba el proceso de envejecimiento. Estaba convencidísima de que todo lo que fuera bello nunca debía terminar o perder su chispa.

Ciclos existenciales

«Todo tiene su momento oportuno;hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo»1.

Esa frase encierra una enorme lección. Es muy alentadora, y en cierto modo no tanto. Independientemente de cómo te sientas en determinado momento, de qué etapa de la vida estés viviendo, es probable que en algún momento se produzca un cambio, pues como bien sabemos, una temporada sucede a otra.

Reorientación profesional

Los últimos 12 años trabajé como contratista independiente en un programa que me apasionaba. Debido a unos reajustes recientes, el programa se clausuró. Siento el vacío, como si fuera un hueco en el estómago, y he tratado de descubrir qué viene ahora.

Para ser franca, aún no lo sé.

Aunque sí sé algunas cosas…

Hice las paces con Jo

Uno de mis libros preferidos de niña era Mujercitas, de Louisa May Alcott. La novela cuenta la vida de cuatro hermanas —Meg, Jo, Beth y Amy March— y sus experiencias en su paso de la niñez a la adultez. La obra presentaba ciertas analogías con mi familia, pues yo también tengo hermanas, y la menor, que nació prematura, me recordaba mucho a la frágil y dulce Beth. No me costó nada identificarme con Jo y su personalidad fuerte y emocional, su aire masculino, su amor por la literatura, su rechazo inicial de la idea del matrimonio, etc. Ella era mi modelo secreto de conducta.

Volver a empezar

Al cabo de 30 años de residir en el extranjero, mi marido y yo volvimos a Canadá. Durante todo ese lapso, había estado viviendo, trabajando y viajando por el continente americano, pero no había vuelto a mi país sino por breves periodos.

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