Al llegar a los 40, ¿empieza uno a declinar?

Al llegar a los 40, ¿empieza uno a declinar?

Pregunta: Pensaba que una vez que mis hijos se hicieran mayores y se independizaran tendría tiempo para ciertas cosas que siempre había querido hacer. Pero al término de la jornada estoy agotado, y al llegar el fin de semana no tengo energías para nada. A partir de ahora, ¿será todo cuesta abajo?

Respuesta: Después de los 40 hay que hacer algunos ajustes; pero no significa que sea todo cuesta abajo. La merma de las energías físicas es natural y forma parte de los designios de Dios. Él se vale de eso y de otros obstáculos propios de la madurez para llevarnos a reflexionar sobre nuestra vida y nuestra escala de prioridades. Naturalmente Él espera que al experimentar esos cambios acudamos a Él. De ese modo puede cumplir Su deseo de ayudarnos (Salmo 46:1).

Cualquiera que sea nuestra edad, Él quiere dotarnos de lo necesario para hacer frente a los nuevos desafíos. Nos promete: «Como tus días serán tus fuerzas» (Deuteronomio 33:25). En esa época de la vida nuestra principal fuerza es la madurez que hemos adquirido por medio de la experiencia. Él se propone que cultivemos aún más esa fortaleza de espíritu y carácter dándole más cabida en nuestros pensamientos y actividades cotidianas. También puede ayudarte a ordenar y jerarquizar tus objetivos. Si le pides orientación, te la dará (Proverbios 3:5,6; Santiago 1:5). Hasta puede que te indique la manera de hacer algunas cosas que siempre habías deseado hacer y te dé las fuerzas para ello.

Si no tienes por costumbre encomendarle a Dios tus problemas por medio de la oración y obtener Sus soluciones y las fuerzas que anhela darte, puede que todo esto te desconcierte y no sepas por dónde empezar. En realidad es bastante sencillo: Dile que quieres tenerlo más presente, y Él te saldrá al encuentro (Santiago 4:8). Habla con Él como lo harías con un amigo. Así, al igual que un músculo, tu relación con Él se irá fortaleciendo diariamente.

La edad madura abordada de esa manera puede ser la etapa más feliz y gratificante que hayas vivido.

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Una sólida promesa de la Biblia que sirve de estupendo punto de referencia en la edad madura es Romanos 8:28: «A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien». Si amas a Dios y sabes lo mucho que Él te ama, puedes tener la certeza de que se interesa por tu bienestar y quiere valerse hasta de los retos que te presenta la edad madura para ayudarte a efectuar cambios positivos. Así podrás enfocar esta etapa con fe, poniendo los ojos no en las dificultades que conlleva, sino en las nuevas posibilidades que sabes que te brindará.—María Fontaine

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