¿Jubilada?

¿Jubilada?

—¿Podrías dar clases de inglés a mi señora? —oí que me decía una voz a mis espaldas en la feria (mercado) semanal del barrio donde vivimos en Chile. Me di vuelta, y frente a mí se encontraba un desconocido muy entusiasta, que me decía:

—Mi mujer necesita aprender inglés. Creo que usted es la indicada para darle clases.

Me tomó por sorpresa. Tuve que explicarle que no era profesora de inglés, pero como el señor insistía, le anoté a regañadientes mi teléfono en un trozo de papel y se lo entregué.

La mañana siguiente me despertó una llamada telefónica. Una voz suave me saludó y me preguntó cuándo podíamos empezar las clases. A pesar de mi desconcierto acordé una cita con aquella señora, que vivía apenas a unas cuadras de mi casa.

Es cierto que fui docente 35 años, pero había dejado la profesión unos años antes alegando que estaba jubilada y reventada, o sea que aunque me encanta la docencia, ya no tenía la resistencia para dar clases en un aula.

A pesar de ello, mi nueva alumna resultó ser la mejor que una profesora pudiera pedir. Aunque no había dado clases de inglés como segundo idioma, no me costó encontrar textos y útiles didácticos. Tuvimos clases semanales durante dos años. Luego, los siguientes tres, di clases también a sus hijos. Conforman una bella familia cristiana con la que tenemos mucho en común. A medida que iban surgiendo oportunidades, tomé más alumnos de clases particulares y al cabo de un tiempo hice unos cursos para afinar mis competencias y me convertí en profesora certificada de inglés como segundo idioma (ESL, por sus siglas en inglés).

Gracias a eso, me di cuenta de que aún disfruto de la docencia. Tal vez no tenga la energía para manejar un aula llena de alumnos inquietos y bulliciosos, pero sí que me gusta dar clases particulares. Me fascina prepararlas y me pone muy contenta cuando mis alumnos revelan progresos. Así fue como la voz de un desconocido en la feria se plasmó en una nueva profesión para mí.

Al fin llegó el día largamente esperado por aquella familia. La empresa en la que trabajaba el padre lo trasladó a Canadá. Todos reconocimos que Dios había dispuesto que se cruzaran nuestros caminos y así pudieran prepararse para vivir en su nuevo país de destino. Están felices de practicar el idioma que estudiaron con tanto esfuerzo todos aquellos años. Me mandan fotos periódicamente. Por mi parte, agradezco que aunque oficialmente estoy en edad de jubilación, tengo toda una nueva profesión y abundantes oportunidades laborales. Me encantan las sorpresas y giros inesperados que nos brinda la vida. Veo además cómo Dios mueve los hilos para tramar esas situaciones y programar esos sucesos.

* * *

Entonces tus oídos oirán a tus espaldas estas palabras: «¡Este es el camino; anden por él, ya sea que vayan a la derecha o a la izquierda!» Isaías 30:21

El corazón del hombre traza su rumbo, pero sus pasos los dirige el Señor. Proverbios 16:9 (NVI)

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Sally García

Sally García es educadora y misionera. Vive en Chile y está afiliada a la Familia Internacional.  

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