Valorar el envejecimiento

Valorar el envejecimiento

Desde que cumplí 70 años he estado pensando más en las ventajas del envejecimiento. Pese a que muchos de nosotros, ahora que estamos entrando en edad, hemos experimentado algunas de las desventajas o dificultades, muchas cosas buenas también afloran en esta etapa de la vida. Quiero explorar algunas de ellas con ustedes refiriéndoles mis ideas y experiencias. Claro que es posible que ustedes no estén en la etapa de la vida en que todo eso se les aplica personalmente. En todo caso puede que el tema les interese por consideración a los adultos mayores de su familia o a amigos de la tercera edad.

Como ocurre en cualquier otra etapa de la vida, el envejecimiento traerá consigo sus batallas y sus luchas. Algunas cosas que enfrentamos pueden parecer grandes trastornos en nuestros planes y deseos, pero si dedicamos tiempo a ver las posibilidades que se abren con esas pruebas, en realidad podemos transformar el proceso de envejecimiento en una experiencia muy positiva.

Aunque reconozco que hay veces en que los dolores y otros inconvenientes no nos parecen muy beneficiosos que digamos, he resuelto ver estos años como una oportunidad de crecimiento. Quiero seguir corriendo con paciencia la carrera que tengo por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de mi fe1. A esta actitud positiva algunos la llaman envejecer con dignidad, envejecer victoriosamente o con actitud triunfante.

Mayor respeto por el tiempo. La vejez realza la importancia de emplear el tiempo prudentemente. Ahora tengo más motivación para plantearme objetivos claros que alcanzaré mientras tengo oportunidad, en vez de posponerlos. A estas alturas, dejarlos para otro momento resulta mucho más incierto, puesto que ese otro momento tal vez no llegue nunca. Tomar una mayor conciencia de la importancia de aprovechar sabiamente el tiempo es a la vez un aliciente para no dar tanta relevancia a las distracciones de esta vida.

Eficiencia evitando desparramar la atención. En mi caso la clave es concentrarme en una sola cosa a la vez. Al principio parece que uno logra más al tratar de hacer muchas cosas a la vez. No obstante, cuando se suman todos los detalles que a menudo se omiten al trabajar de esta manera, en realidad no resulta ser tan eficaz.

Depender más de los demás. Perder la independencia o el hecho de que en esta edad es más difícil hacer cosas que uno hacía antes, puede ser desalentador. El lado positivo, sin embargo, es que necesitar más ayuda de otras personas propicia la humildad y contribuye a mantenernos en comunión más íntima con Jesús y en relación más estrecha con los demás.

Los desafíos mantienen activo el cerebro. Descubro que los muchos obstáculos y dificultades que afronto ahora en mi vida me mantienen el cerebro activo: pensar, desarrollar nuevas ideas, hallar modos de sortear esos obstáculos y concentrar la atención.

Actitudes para permanecer vibrantes y flexibles espiritualmente. La cantidad de años biológicos que hayamos vivido no incide en la juventud de espíritu. Lo que uno decida creer acerca de su persona es lo que se reflejará en sus pensamientos, palabras y actos. Optemos por tratar cada nuevo día y los cambios que nos pueda deparar como una oportunidad de mantenernos jóvenes de corazón y vibrantes de espíritu.

Los ultimátum y cambios en el estilo de vida son bendiciones. Algunos amigos míos han tenido experiencias de ese tipo a modo de infartos que los obligaron a ir más despacio, a analizar y cambiar su estilo de vida. Esos cambios les infundieron nueva vida y les aportaron todo un nuevo concepto de lo que es importante.

Claro que no todos los ultimátums son tan rigurosos. Yo en todo caso estoy agradecida por aquellos ultimátum me que exigen efectuar cambios para bien en mi estilo de vida, por más que al principio me rebajen un poco el orgullo y me resulten incómodos, inconvenientes y a veces desconcertantes.

Concientización en materia de salud. Parte de valorar más la vida a medida que envejezco es que veo la importancia que Dios ha otorgado a la salud. Más que antes tiendo a notar lo que pasa en mi organismo. Ahora que estoy entrando en años tengo mayor interés por estudiar temas de salud, obtener asesoramiento fiable y encontrar soluciones o remedios naturales y eficaces.

Establecer lazos con otras personas de la tercera edad. Los adultos mayores tenemos mucho en común; por eso es útil encontrar un grupo de apoyo. Juntos podemos ayudarnos mutuamente a apreciar muchos aspectos positivos de la vejez. Podemos dar testimonio del cuidado que Dios nos prodiga y de la ayuda que nos proporciona para que todo sea más llevadero, incluso para remontarnos y ser positivos pese a los aspectos negativos.

Mayor satisfacción llevando un ritmo más lento. He aceptado que debo ir a un ritmo más lento, porque tengo menos energía y mi cuerpo no puede seguir un ritmo tan rápido ni trabajar tan duro físicamente como antes. Por otro lado, el que vaya a paso más lento me da la posibilidad de disfrutar más del viaje y me brinda una mayor satisfacción.

Transmitir valiosa experiencia. Poder transmitir nuestras experiencias, la sabiduría que esta vida nos ha impartido, nuestros testimonios o nuestras vivencias o anécdotas, tanto a personas de nuestra edad como a las generaciones más jóvenes, es un privilegio de incalculable valor.

He descubierto que muchas personas jóvenes aceptan más fácilmente unas palabras de ánimo y un consejo de la boca de un veterano que de alguien de su edad o de una figura paterna o materna. En nuestros últimos años podemos ser una mayor bendición para las generaciones más jóvenes y hasta tal vez servirles de confidente, mentor o ambas cosas. (Claro que ofrecer consejos o intercambiar experiencias con otros no debe hacerse en formato de prédica o sermón.)

Los beneficios de un constante aprendizaje. Aprender algo nuevo, aunque nos demande un mayor esfuerzo, puede ser muy divertido, además de proporcionarnos un sentido de realización. Una de mis amigas se puso a enseñar inglés como segundo idioma para complementar sus ingresos. De pronto se dio cuenta de que le encantaba enseñar y la pedagogía se convirtió en su pasión.

Manifestar compasión y ofrecer consuelo. A medida que envejecemos, por lo general nos compadecemos más de otras personas, pues podemos identificarnos con muchos de sus apremios y luchas, habiéndolos experimentado ya en carne propia.

El don de la sencillez. Otra ventaja de la vejez es reconocer las dichas más sencillas de la vida.

Oportunidades para una vida más equilibrada. A medida que envejecemos nos damos cuenta de que podemos contrapesar nuestros actos y esfuerzos concibiendo la vida más como una experiencia que se vive que como algo que debe soportarse o que hay que superar. Cuando las circunstancias nos exigen ir a un ritmo más lento, podemos aprovechar la oportunidad para servir al prójimo por medio de la oración o infundiendo ánimo.

Llenar espacios vacíos. Si te aflige la soledad o no puedes seguir integrando el círculo social en el que antes te desenvolvías, puedes tornar esa pérdida en una oportunidad de acercarte a otros que sufren de soledad. La mejor manera de llenar el vacío que hay en tu vida es contribuir a llenar los vacíos que tengan otras personas.

Las ventajas de la risa. Algunas cosas que hago a veces son cómicas. Por ejemplo, tomo algo que quiero llevar a otro cuarto. Llego al otro cuarto y no sé qué pasó con el objeto que traía. Regreso al primer cuarto y me doy cuenta de que había tomado ese objeto, me distraje y lo volví a poner en el mismo sitio en vez de llevármelo al otro cuarto. O bien, ¿te ha pasado alguna vez que te has puesto a buscar tu teléfono por todas partes para finalmente caer en la cuenta de que lo tenías en la mano? ¡A mí me ha pasado! A veces hasta olvido que llevo puestos los anteojos.

La risa puede ser muy eficaz para disminuir el estrés. Asimismo es muy buena para la salud y el sistema inmunitario. Una buena carcajada alivia la tensión física y el estrés, y deja los músculos relajados hasta cuarenta y cinco minutos después2.

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Maria Fontaine

Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana. (Los artículos de Maria Fontaine publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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