El cuidado del cuerpo

El cuidado del cuerpo

Un hombre rico tenía dos hijos a los que amaba entrañablemente y colmaba de toda suerte de bienes. Cuando los muchachos se hicieron adultos, le entregó a cada uno la escritura de una magnífica residencia preparada desde el día de su nacimiento. Ambas estaban muy bien construidas y tenían un diseño exclusivo, y ambas precisaban mantenimiento y continuas labores de conservación. Uno de los hijos hizo diligentemente todas las reparaciones necesarias e inclusive introdujo algunas mejoras; el otro, sin embargo, desoyó los consejos de su padre y dejó que la casa se deteriorara.

¿Cuál de los dos crees que gozó de la bendición de su padre? Muy simple, ¿no? El que demostró con hechos su agradecimiento y cuidó con esmero del obsequio recibido. Esta, claro está, no es una parábola de Jesús, pero bien podría serlo. Guarda relación con la de los dos constructores: el que edificó su casa sobre la roca y el que la construyó sobre la arena, cuyo desenlace harto conocemos. Esta podría ser una interpretación:

El hombre pudiente es el Padre celestial, que posee riquezas incalculables. Nosotros somos Sus hijos; las casas que nos legó, nuestros cuerpos, «formidables y maravillosos», según canta el salmista(Salmo 139:14). Una figura similar empleó el apóstol Pablo cuando dijo que nuestro cuerpo era «templo del Espíritu Santo»

 (
1 Corintios 6:19). Todo edificio o templo evidentemente requiere mantenimiento, sobre todo si se quiere que resista las tormentas y sacudones de la vida. ¡Cómo no lo sabremos los que hemos vivido huracanes o temblores! Un modo de expresarle a Dios nuestro agradecimiento por el cuerpo que nos obsequió es, pues, cuidarlo bien. Los beneficios, cuando lo hacemos, son rotundos: Por una parte, quedamos mejor preparados para hacer frente a las desgracias y contrariedades que nos depara la vida; por otra, podemos gozar mucho más de todas las cosas buenas que el Padre celestial nos prodiga día a día.

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Gabriel García Valdivieso

Gabriel García Valdivieso

Gabriel García Valdivieso —que firma algunos artículos con el seudónimo de Gabriel Sarmiento— es director de la revista Conéctate. Tiene una larga trayectoria como traductor e intérprete. Es además profesor, locutor, redactor de artículos motivacionales y escribe poesía. Ha vivido en tres continentes y desde hace 40 años es misionero voluntario de La Familia Internacional. En su cuenta en Twitter publica noticias, frases y reflexiones: @gabiconectate.

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