Pon de tu parte

Pon de tu parte

Tu cuerpo es una máquina increíblemente compleja y eficiente, pero es preciso cuidarla bien para que funcione como es debido. Si quieres verte libre de enfermedades y otros trastornos físicos, debes poner de tu parte. Eso requiere tiempo, esfuerzo y reflexión. Es necesario que comas bien, que bebas una buena cantidad de líquidos, que duermas las horas necesarias, que hagas ejercicio, que te hagas revisar periódicamente la dentadura y la vista, que limites el contacto con todo lo que pueda ser perjudicial, etc.

Cuidar el cuerpo nunca ha sido sencillo ni fácil; no obstante, se hace cada vez más difícil y complicado. El mundo está cambiando, y esos cambios alteran el modo de vida de las personas e implican mayores demandas físicas. Si bien se han reducido o erradicado muchos de los elementos que atentaban contra la salud de anteriores generaciones, han surgido nuevos peligros por motivo de los alimentos procesados, la exposición constante a sustancias químicas, el esmog, el trabajo sedentario y el estrés aparejado a la vida en el siglo XXI.

No es fácil, pero si haces lo que está a tu alcance por vivir sanamente, te ahorrarás muchos problemas de salud. Además te resultará más fácil rogarme que intervenga cuando te enfermes, ya que cuesta tener la confianza de que te libraré de una desgracia si sabes que te ha venido por culpa tuya. Eso se aplica no solo a la curación, sino a toda situación en que necesites Mi ayuda. Si haces lo que puedes, Yo haré lo demás.

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Mensajes de Jesús

Estas palabras de Jesús las captaron hombres y mujeres como tú que simplemente pidieron a Jesús que les hablara. Invocaron la promesa bíblica, que reza: «Clama a Mí y Yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces» (Jeremías 33:3). Gracias a ello obtuvieron consejo, orientación y aliento.

Los mensajes de guía y consuelo que nos vienen en los ratos de oración personal expresan el gran amor y desvelo que nos prodiga Jesús. Él habla a todos los que crean en Él, le pidan que les hable y acepten que ese suave susurro (2 Reyes 12:9) que resuena en sus corazones es la voz de Él. Tú mismo puedes oír directamente a Jesús. Para interiorizarte más sobre el tema, te recomendamos que leas estos artículos.

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