Salud y estado físico

Salud y estado físico

Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo.1 Dios nos ha encargado que cuidemos bien de él y que en ello seamos constantes. Jesús pagó el máximo precio para hacernos Suyos. Debemos, pues, demostrarle nuestra gratitud invirtiendo en nuestra salud. Cuidar bien de nuestro cuerpo y resguardar nuestra salud es consecuencia natural de amarnos a nosotros mismos y valorar el don de la vida que Dios nos ha proporcionado.

Tal vez se les cruce por la cabeza que no pueden darse el lujo de prestar debida atención a estos consejos, ya porque es demasiado costoso, ya porque lleva demasiado tiempo. A veces yo pienso lo mismo. Pero en última instancia, esforzarse por conservar la buena salud puede impedir que suframos un colapso, lo que puede ser mucho más costoso y provocar sobresaltos.

Analicemos cinco puntos de partida para un buen estado salud y condición física. Naturalmente que cuando se trata de temas relacionados con la salud siempre habrá opiniones divergentes, de ahí que cada uno debe tomar sus propias decisiones basándose en lo que le da resultado, según su organismo y considerando sus circunstancias y necesidades particulares.

Número 1: Tomar decisiones que propicien la buena salud.
Una de las claves para conservar la buena salud y un estado físico adecuado es los alimentos que ingerimos. En los últimos años se han puesto de moda muchas dietas y teorías sobre la alimentación. No obstante, luego de posteriores investigaciones, se reconsideraron algunas de las recomendaciones que se habían hecho sobre alimentos saludables. Por ejemplo, en un principio se hacía mucho hincapié en las dietas bajas en grasas, lo que tuvo como consecuencia que la gente pasó a ingerir mucha más azúcar, granos y alimentos procesados (pan, pastas, etc.) con muy malos resultados en términos generales.

Para tomar decisiones que conduzcan a una alimentación balanceada, se recomienda entre otras cosas:

  • Consumir una amplia variedad de alimentos preparados por uno mismo o por alguna persona de su entorno. Eso implica evitar alimentos procesados o precocinados.
  • Evitar el azúcar, el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa y los edulcorantes artificiales.
  • Comer bastantes frutas y verduras frescas de variados colores.
  • Tomar aceites saludables que contengan omega-3, tales como los que se encuentran en las nueces, semillas y aguacate (palta), y aceites extra vírgenes de oliva y coco.
  • Proteger la flora intestinal benéfica evitando el uso excesivo o innecesario de antibióticos y siguiendo una dieta balanceada baja en azúcares y granos refinados, que incluya probióticos naturales —bacterias buenas— como los contenidos en el yogur casero sin endulzar y otros alimentos fermentados. Todo ello contribuye a reforzar el sistema inmunológico.
  • Beber bastante agua pura. Para un adulto de talla media que viva en un clima moderado, una cantidad adecuada es aproximadamente ocho vasos de 200 ml cada uno.
  • Limitar la ingesta de cafeína y alcohol.

Y lógicamente, no fumar.

Número 2: Mantener un peso adecuado.
Si eres de esas personas que lidia con el exceso de peso o la obesidad, ya sabes la dura batalla que enfrentas. El sobrepeso es una condición muy extendida en el mundo. Según un reportaje reciente de la BBC, la obesidad se ha cuadruplicado desde 1980.2

El sobrepeso o la obesidad se consideran factores de riesgo cardiovascular, principalmente de infartos y apoplejías. Tienen también alta incidencia en la diabetes, los desórdenes músculo-esqueléticos —particularmente en la osteoartritis, enfermedad degenerativa incapacitante de las articulaciones— y algunos tipos de cáncer.

En general el sobrepeso y la obesidad se pueden prevenir. Revertir esas condiciones no es fácil, pero por la gracia de Dios y con Su ayuda, es posible. La Biblia nos promete: «No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.»3

Número 3: Ejercicio periódico.
El ejercicio es imprescindible para regular el peso corporal, aunque también aporta muchos otros beneficio para la salud, a saber: Incrementa la energía; mejora la fuerza, tono y resistencia musculares; contribuye al buen ánimo; reduce el estrés, la ansiedad y la depresión; lo hace a uno verse y sentirse más joven; reduce la grasa corporal y fortifica los huesos; potencia la agudeza mental, la productividad y la creatividad; contribuye al descanso profundo; propicia la intimidad y las relaciones; mejora la respuesta inmunológica; aumenta la movilidad articular; mejora la postura, y trata y previene más de 40 enfermedades crónicas.4

La clave es mantenerse activo, moverse, y hacerlo con frecuencia. «Según la Clínica Mayo, estar sentado es hoy el nuevo tabaquismo. Estar sentado más de tres o cuatro horas seguidas ahora equivale a fumarse hasta un paquete y medio de cigarrillos al día.»5

Número 4: Minimizar el estrés.
El estrés nos sobreviene como consecuencia de muchas y diversas preocupaciones, entre ellas, las enfermedades, dolores crónicos, apuros económicos, asuntos laborales, conflictos con la pareja, situaciones relacionadas con los hijos... La lista es interminable.

Sin tratamiento, un estrés prolongado y de alta intensidad puede derivar en una condición crónica capaz de acarrear graves trastornos de salud, entre ellos, ansiedad, insomnio, dolores musculares, alta presión arterial y un sistema inmunológico debilitado. Las investigaciones demuestran que el estrés hasta puede contribuir a la aparición de enfermedades graves, como el infarto, la depresión y la obesidad, o bien, exacerbar enfermedades existentes.»6

Hay muchas opciones para reducir el estrés al que nos vemos sometidos. Cada uno debe descubrir lo que le da resultado a él particularmente. Yo suelo sentirme estresado cuando me impongo demasiada presión, cuando estoy demasiado ocupado o tengo demasiadas reuniones y obligaciones. Cuando eso ocurre procuro mentalizarme para reducir la velocidad, descansar y relajarme más, y tomar más tiempo con el Señor. «Encomienda al Señor tus afanes, y Él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga.»7

Número 5: Disfrutar de la vida, ser feliz y adoptar una perspectiva optimista.
El siguiente artículo, «La felicidad es la clave de una vida longeva», es muy interesante y arroja luz sobre el tema:

Ruut Veenhoven, un profesor de la Universidad Erasmo de Rotterdam señaló: «La felicidad no sana, pero nos protege de las enfermedades».
Después de revisar 30 estudios realizados en distintos países por periodos que iban de uno a sesenta años, el profesor holandés afirmó que los efectos de la felicidad en la longevidad eran comparables a la diferencia entre fumar y no fumar.
Esa propensión a sentirse bien —añadió— podría extender la vida entre 7,5 y 10 años.
Las personas felices son más proclives a vigilar su peso, más perceptivas de los síntomas de enfermedad, suelen ser más moderadas con el cigarrillo y la bebida y en general viven más saludablemente.
Además son más activas y abiertas al mundo, tienen mayor confianza en sí mismas, toman decisiones más atinadas y cultivan más relaciones sociales.8

Por último les dejo unas líneas de la primera parte del libro de Rick Warren, The Daniel Plan:

La salud no se limita a un programa. Emana de reconocer y emplear el poder de Dios en nuestra vida y tratar nuestro cuerpo y mente con el cuidado que Él dispuso que les diéramos.
Si Dios señala un camino, da los medios para llegar a destino. Donde el dedo de Dios señala, Él te dota de lo que hace falta. No necesita de nuestro vigor y fuerza de voluntad, pero sí requiere nuestro compromiso. Desea que vivamos una vida plena que comprenda una fe vibrante, un cuerpo vibrante y una mente vibrante. Pero debemos depender de Jesús…
Es preciso tener fe en que podemos alcanzar una buena salud aunque aún no la veamos. Hebreos 11:1 dice: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve».
Nunca alcanzaremos una salud óptima si no tenemos en cuenta la dimensión espiritual de nuestra vida… [La clave] yace no en autosugestionarse sino en reposar en la gracia de Dios para que pueda hacer por medio de nosotros lo que se propone.9

1. V. 1 Corintios 3:16,17.
2. “Obesity quadruples to nearly one billion in developing world,” BBC News, 3 de enero de 2014.
3. Gálatas 6:9 (NVI)
4. Esta lista se basa en una publicada en el libro de Rick Warren, The Daniel Plan: 40 Days to a Healthier Life (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2013), 41.
5. Ibídem, 163, basado en el siguiente artículo: James Vlashos, Is Sitting a Lethal Activity? The New York Times, 14 de abril de 2011.
6. Alexandra Sifferlin, The Most Stressed-Out Generation? Young Adults, TIME, 7 de febrero de 2013.
7. Salmo 55:22 (NVI)
8. Happiness is key to longer life, AFP, 14 de agosto de 2008.
9. Warren, The Daniel Plan, 33–34,52.

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Peter Amsterdam

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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