Vida sencilla

Lo mejor que hay

Hace años mi esposa hizo un precioso bordado que hoy cuelga, enmarcado, de una de las paredes de nuestra casa. En letras de diversas tonalidades dice: «Lo mejor que hay en la vida no se compra ni se vende». Su mensaje artesanal se me metió hace años bajo la piel y suele aflorar cada vez que me entusiasmo con adquirir el último artilugio tecnológico o algún artículo que, por atractivo que parezca, resulta innecesario.

La quimera de la perfección

Soy un entusiasta de la fotografía. Cuando conseguí mi primera cámara —una automática de bajo costo— me quedé fascinado con el nuevo mundo de posibilidades que se me abrió. La llevaba a todas partes, y con ella capté muchos recuerdos, hasta que un día cayó contra una roca, y nunca más funcionó.

Optar por menos

Mi marido y yo pasamos un año en una pequeña población de Tanzania. Era un pueblito con dos semáforos, sin supermercado ni restaurantes, con un solo edificio de dos pisos y ningún tipo de distracción. Vivíamos en una casa sencilla y apenas contábamos con el mobiliario y las comodidades más básicas.

Once Momentos

Desde que tenía 11 o12 años he escrito algún tipo de diario. A principios de este año decidí que no solo llevaría un registro de los sucesos evidentemente significativos, sino que escribiría al menos una o dos líneas todos los días,aunque no hubiera ocurrido ningún hecho digno de mención. Tengo la satisfacción de que de momento voy bien y creo que cumpliré ampliamente lo que me propuse.

Adiós al juego de la herradura

Recuerdo claramente que los hombres de nuestro barrio se reunían después del trabajo para jugar a la herradura en un descampado contiguo a nuestra casa. La vida en mis años mozos llevaba un ritmo más pausado. A determinada hora se paraba de trabajar, y había ratos de holganza para jugar a la herradura.

La sencillez

Nuestros auténticos tesoros no son el dinero ni los bienes materiales; son el reino de Dios, Su amor, Su relación con nosotros, nuestra salvación, la divina providencia, la atención que nos prodiga Dios y las recompensas que nos aguardan. El tener eso claro nos permite abordar con el enfoque correcto la cuestión de nuestros recursos económicos y el fin que les damos.

Mi experiencia como cuidadora

En años recientes me he dedicado a cuidar de personas a las que quiero mucho. He atendido a amigos que padecían enfermedades graves e hice de enfermera para mi madre hasta que falleció de cáncer en 2009.

La lección del té

Algo que disfruté mucho en los años que viví en Japón fue la habilidad de los japoneses para tornar actividades cotidianas en expresiones de arte. Han transformado tareas de todos los días —como la preparación del té, la confección de arreglos florales, la jardinería y el rastrillado de piedras— en experiencias culturales y espirituales. Admiro su capacidad para preservar y valorar la belleza de los quehaceres sencillos de la vida.

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