Vida sencilla

La senda de la sencillez

Hace poco, de camino al gimnasio me puse a escuchar un programa de radio cristiano. Todos los días hacen una pregunta distinta, y la gente puede enviar su respuesta por teléfono o por Facebook. La pregunta de ese día era bastante sencilla: «¿Qué cosas te hacen ilusión?»

Las respuestas de los oyentes fueron bastante simples, pero a la vez reconfortantes. Por ejemplo, una señora dijo que le hace ilusión tomarse una taza de té por la noche después de acostar a sus hijos.

La cultura maya

Por motivo de nuestra labor voluntaria, viajé de Europa a América Central con mi esposo, Andrew, y nuestra hija Angelina. En Guatemala, Dios nos bendijo con la magnífica oportunidad de sentarnos junto a un apacible lago que en otro tiempo fue un centro de la próspera cultura maya. En aquel ambiente sereno, el mayor acontecimiento del día —tanto para los lugareños como para los turistas— es contemplar el sol ponerse detrás de los tres volcanes que bordean la orilla occidental del lago. Allí los placeres de la vida son sencillos: por ejemplo, nadar en partes del lago donde afloran fuentes termales subterráneas de origen volcánico, creando una curiosa mezcla de agua helada, tibia y muy caliente.

La búsqueda de la perfección

Recuerdo que de pequeña en una ocasión me fijé en un árbol que me pareció perfecto. Se erguía al fondo de un campo que había detrás de nuestra casa. Casi no podía contener mi entusiasmo cuando corrí hacía él para observarlo de cerca. Sin embargo, cuando me disponía a arrancar hojas perfectas de aquel árbol perfecto, me llevé una de mis primeras decepciones. Al examinarlas detenidamente vi que cada una tenía algún defecto: un raspón, una mancha marrón, una mordedura de insecto. No había una sola que pudiera llevarme a casa y colgar de la pared de mi cuarto como símbolo de perfección.

Vivir bien con menos

Muchas son las ventajas de aprender a vivir con arreglo a la premisa de que menos es más. La vida moderna y los hábitos que forja nos impiden de algún modo ver esos beneficios. Parte del problema radica en que vivimos tan ocupados que rara vez nos tomamos el tiempo para considerar detenidamente lo que hacemos. Nos dejamos llevar por la corriente, nos movemos por inercia; sin embargo, el ritmo que llevamos ocasiona muchas veces una merma de valiosos recursos, salud y felicidad. He aquí unos consejos para cambiar de ritmo.

Cómo sacarle el máximo provecho a la vida

Es lamentable que tantas personas se contenten con vegetar. Claro que es posible que estén muy ocupadas manteniéndose a flote o esforzándose por salir adelante, y que empleen todos sus ratos libres en actividades que esperan que les resulten agradables. Pero, ¿a qué conducen tales actividades? ¿En qué momento viven de verdad?

El secreto para sacarle el máximo provecho a la existencia es vivir en estrecha relación conmigo y con Mi Palabra. 

Conserva la sencillez

Dije grandes verdades, palabras profundas que transformaron y siguen transformando vidas. Pero también me dirigí a los niños. Hablé con sencillez, con claridad, y no perdí la capacidad de apreciar los detallitos. Me detenía a disfrutar de las flores. Cocinaba para Mis discípulos.

Cuando no encuentras alegría en lo cotidiano, la vida se torna confusa, y pierdes la ternura humana. Sustituyes la profundidad de carácter por un laberinto de razonamientos complejos, la sensibilidad a las cosas del espíritu por meros conocimientos intelectuales.

Dos caminos

Hace poco fui a ver a un amigo. Para llegar a su oficina atravesé dos puertas laqueadas y subí en un reluciente ascensor. La secretaria me ofreció una taza de café gourmet antes de hacerme pasar a una espaciosa sala de conferencias, donde recuerdos personales, souvenirs de sus viajes por el mundo y numerosos premios se disputaban el espacio disponible en las repisas de madera de teca.

Mi amigo llegó instantes después y me saludó afectuosamente con una sonrisa encantadora. Llevaba un traje elegante, aunque un poco arrugado después de un largo día en la oficina. Suspiró mientras se sentaba frente a mí. La sonrisa se le borró por un momento, revelando cansancio y agobio.

El país sin demasiados

Tuve un breve sueño de lo más extraño. Crucé unas montañas en dirección al mar y me encontré con un paraíso. Fue como entrar en otro mundo. Al rato regresé para contarte la experiencia y describirte lo maravillosa que había sido.

Lo estupendo de aquel país era que no había demasiado de nada. Así de simple. En aquel país era imposible incurrir en excesos de ningún tipo. No se podía comer demasiado, ni beber demasiado, ni trabajar demasiado, ni dormir demasiado, ni ir demasiado lejos.

<Page 2 of 2>
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.