Adiós al juego de la herradura

Adiós al juego de la herradura

Recuerdo claramente que los hombres de nuestro barrio se reunían después del trabajo para jugar a la herradura en un descampado contiguo a nuestra casa. La vida en mis años mozos llevaba un ritmo más pausado. A determinada hora se paraba de trabajar, y había ratos de holganza para jugar a la herradura.

Puede que no conozcas el juego. Consiste en arrojar una herradura hacia una barra clavada en un recuadro de tierra o de aserrín a unos doce metros de distancia. Gana aquel cuya herradura quede más cerca de la barra; y si uno logra introducirla en ella, mejor todavía.

Era una oportunidad ideal para conversar sobre lo sucedido durante el día. Los jugadores contaban sus alegrías y sus cuitas o comentaban noticias de actualidad. Aunque yo no entendía mucho lo que decían, me daba cuenta de que se la pasaban en grande.

Todo eso desapareció con la llegada de la televisión. Conforme cada familia compraba un televisor, se fue dedicando cada vez menos tiempo a juegos como el de la herradura. En cambio, todos pasaban varias horas cada noche petrificados ante aquella nueva maravilla de la tecnología, con sus parpadeantes imágenes en blanco y negro. Y eso no fue más que el comienzo.

Según investigaciones recientes, los británicos están más del 50% de sus horas de vigilia utilizando dispositivos tecnológicos; es decir, viendo televisión, navegando por Internet, comunicándose por las redes sociales, etc. ¡El promedio diario de 8 horas con 41 minutos supera el promedio de horas de sueño nocturno!1

Los vuelos comerciales comenzaron hace escasos cien años. Actualmente más de 8 millones de personas viajan en avión cada día2. ¿Nos ha hecho más felices tanta velocidad y tecnología? Tampoco creo que las últimas conquistas de la técnica nos hayan traído paz interior.

Vivimos acelerados desde la cuna hasta la sepultura, con el tiempo tan medido que casi no hay espacios para disfrutar de la fragancia de las rosas. «Haga más», «Hágalo mejor», «¿Por qué no lo hizo ayer?», «Hágase rico de la noche a la mañana», o mejor dicho, «Endéudese». Comida rápida, computadoras ultrarrápidas, dinero rápido, autos más rápidos para ir por el carril de alta velocidad, conversaciones breves con frases minimalistas. La consigna es: Viva rápido.

Por efecto de las prisas, acumulamos tanto estrés que no damos abasto. A veces vivimos en continua tensión y ni siquiera nos damos cuenta. Hace poco, en el curso de una visita al dentista, me enteré de que tengo grietas en algunas piezas dentales. El médico me explicó que el estrés me ha causado bruxismo, el hábito de apretar los dientes y rechinarlos mientras duermo.

Se han realizado estudios importantes para ver cómo se puede aliviar el estrés, ya que la ineficiencia, la baja productividad y el ausentismo laboral son muchas veces consecuencia del estrés en el lugar de trabajo y causan pérdidas valoradas en miles de millones cada año. ¿Cuál es, entonces, el remedio para el estrés? No podemos dar marcha atrás al reloj ni probablemente queramos hacerlo. El mundo de hoy es distinto al de mi infancia y juventud. No nos queda más remedio que ajustar nuestras estrategias. Felizmente algunas soluciones prácticas que han surgido a raíz de esos estudios no presentan a primera vista mayores dificultades:

• Dedicarse a la jardinería.
• Despejar la casa o el lugar de trabajo de cosas innecesarias.
• Ser más cariñosos y aceptar más muestras de afecto.
• Ir al masajista.
• Esforzarse por cultivar relaciones más armoniosas con los demás.
• Adquirir hábitos saludables en cuanto a alimentación y estilo de vida en general. Por ejemplo, reducir el consumo de alcohol y cafeína y dejar de fumar.
• Hacer ejercicio, de ser posible en medio de la naturaleza.
• Hacer tres elogios sinceros cada día en el trabajo.
• Descansar bien.
• Pegarse unas buenas carcajadas.
• Escuchar música suave.
• Tomarse unas breves vacaciones.
• Adoptar un animal doméstico.

Todas esas ideas prácticas ayudan; pero hace falta algo más para alcanzar la paz que da Dios, la cual supera todo lo que pueda uno imaginar. Es necesario que hagamos pausas a fin de que resuene en nuestro interior esa vocecilla apacible de Dios que nos reitera Su amor a pesar de nuestras imperfecciones.

Dediquemos hoy unos momentos a renovarnos por medio de la oración y encontrar descanso para nuestra alma. Los problemas se esfuman al experimentar el formidable amor de Dios. Una profecía sobre Jesús recibida poco antes de Su nacimiento decía que Él iba a «encaminar nuestros pies por camino de paz»3. ¡Ojalá sigas el camino que Él te indique!

* * *

El don de la paz

Jesús, Tú eres el Príncipe de Paz5. Te invito a entrar en mi corazón para que me concedas el don de la paz6. Anhelo hallar en Ti descanso —aun en medio de la convulsionada vida moderna— y la confianza de que me darás vida eterna.

Cristo está en mi corazón.
¿Quién nos puede separar?
Para siempre Suyo soy.
No hay mayor felicidad.

Lo que me alarmaba antes
hoy a mí ya no me inquieta.
En Sus brazos relajantes
he hallado paz completa.

Renunciando a ambiciones,
quiero aquí permanecer,
mientras me dice en canciones
que soy Suyo y mío es Él.

George Wade Robinson (1838–1877)

1. http://www.ansa.it/ansalatina/notizie/rubriche/entrevistas/20140807171135696368.html
2. http://www.revista80dias.es/2014/01/08/8170/se-cumplen-100-anos-del-primer-vuelo-comercial/
3. Lucas 1:79
4. http://elixirmime.com/
5. V. Isaías 9:6
6. V. Juan 14:27
Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es escritor, facilitador y mimo. Vive en Alemania. V. el sitio web Elixir Mime.

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