Autoestima

La mano del tejedor

En una tienda de artículos selectos en la que andábamos curioseando con mi nieta encontré en liquidación una chaqueta (saco) de punto lindísima. Estábamos en una zona comercial bohemia disfrutando de la tarde juntas. La chaqueta era de un tono azul que me encanta y de un tipo de algodón que es muy práctico para los veranos de Texas.

El toque del maestro

Se ha dicho que son tres los artistas que nos brindan la música: Dios, que nos da madera mágica para hacer los instrumentos; el fabricante del instrumento, que tras meses de trabajo despierta la música que reside en la madera; y por último, el maestro virtuoso, que libera la música de los confines de la madera para liberar al oyente.

Ocultar cicatrices

Todos tenemos experiencias en la vida que nos dejan cicatrices y —sean estas físicas o emocionales— a menudo tratamos de ocultarlas por miedo a lo que opinen los demás si las descubrieran. Estas cicatrices pueden ser cualquier cosa de la que nos sentimos avergonzados y que intentamos esconder; por ejemplo, heridas tapadas del pasado, luchas internas que enfrentamos, rasgos físicos que no nos enorgullecen, etc. A lo largo de mi vida he aprendido que ser transparente acerca de las cicatrices en lugar de ocultarlas es muy liberador. Les referiré enseguida una de mis consabidas cicatrices de la que he aprendido a no abochornarme.

Un cambio interior

En mayor o menor grado, casi todos estamos insatisfechos con nosotros mismos. Pero eso no es necesariamente malo. Para hacer progresos es menester cierta medida de insatisfacción. Es sano aspirar a ser más de lo que somos. El problema es que muchos nos quedamos estancados en la fase de insatisfacción. ¿Por qué?

Mis tres hijos

Ponerle ropa igual a mis tres hijos de edad preescolar parecía algo razonable en aquel momento. Para empezar, facilitaba la compra de vestimenta; y dado que eran varones de porte y tez parecidos, se veían bien con la misma ropa. Por superficial que fuera, daba un semblante de orden en una casa con tres chicos en perpetuo movimiento, y en público realzaba lo que a mi juicio era la prole más adorable que hubiera existido.

Nueva infusión de vida

Seguramente una de las frases que más me salían de la boca de pequeña era: «¡No es justo!» Siempre me parecía que alguien —o todo el mundo— estaba en mejor situación que yo.

En los primeros años de mi adolescencia adquirí la mala costumbre de medirlo y analizarlo todo y me obsesioné comparando mi figura, mi personalidad y mi capacidad con las de otras chicas de mi edad.

La lección de guitarra

Observa detenidamente las dos guitarras que se muestran a continuación. Si fueras guitarrista, ¿cuál elegirías? Probablemente la que está en la parte superior con los trastes rectos (las barritas metálicas delgadas incrustadas a lo largo del cuello sobre las que se presionan las cuerdas), ¿verdad? Pues quizá te sorprenda saber que según algunos guitarristas de destacada trayectoria, la que está en la parte inferior produce el mejor sonido. Curioso, ¿verdad?

Hagamos historia

¿Alguna vez has abrigado un íntimo deseo de cambiar el mundo, de hacer algo que influya para bien en la humanidad? ¿Pero pensándolo dos veces te inmovilizaste, porque no creías que un ser anónimo como tú, tan don nadie y poco dotado, podría dejar huella? Sin ánimo de ofenderte, esa conclusión es disparatada.

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