Sucio y arrugado

Sucio y arrugado

Llevamos algún tiempo montando espectáculos benéficos en nuestra hermosa ciudad de Granada (España). En cierta ocasión actuamos en un geriátrico. Después de los bailes, canciones y títeres, decidimos concluir con una ilustración de la valía de las personas. Fue así:

—Supongamos que decidiera regalar esto —pregunté mostrando un billete de 20 €—. ¿Quién lo querría?

Todos levantaron la mano.

—¿Y si le hiciera esto?

Arrugué el billete y repetí la pregunta. Todos seguían con la mano alzada. Luego lo tiré al suelo y lo pisoteé. Al recogerlo, volví a preguntar:

—¿Y ahora?

Algunos remilgados se abstuvieron, aunque la mayoría mantuvo la mano levantada.

—No nos olvidemos de que somos como este billete. A veces la vida nos deja maltrechos y sucios, pero a los ojos de Dios nunca perdemos nuestra valía como individuos.

Aunque los aplausos me conmovieron, todavía faltaba lo mejor.

Después de la actuación, mientras guardábamos nuestras cosas, se me acercó una mujer y me pidió conversar en privado. Pasamos a una sala contigua, y con lágrimas en los ojos me agarró fuertemente las manos y me dio las gracias una y otra vez mientras me decía:

—Mis hijos me trajeron aquí y se olvidaron de mí. Nunca me visitan. Ustedes vinieron hoy y me recordaron algo muy importante: Yo soy ese billete.

Aquello me hizo evocar un pasaje de la Biblia:«Aunque mis hijos me dejen, con todo, el Señor me recogerá»1.

Si en el transcurso de la vida tropezamos y caemos o por alguna razón terminamos sintiéndonos como un billete viejo, no olvidemos la moraleja de esta anécdota: Por muy sucios y arrugados que estemos, a los ojos de Dios seguimos teniendo un valor inestimable.

* * *

Trata a un hombre según lo que parece ser, y lo empeorarás. Trátalo como si ya fuera lo que puede llegar a ser, y se convertirá en lo que debe ser.  Johann Wolfgang von Goethe (1749–1832)

El amor y la bondad nunca se malgastan. Sus consecuencias siempre se hacen notar.  Barbara de Angelis (n. 1951)

La bondad es un idioma que el sordo oye y el ciego ve.  Mark Twain (1835–1910)

Ningún acto de bondad, por pequeño que sea, se hace en vano.  Esopo (ca. 620–564 a. C.)

1. Adaptación del Salmo 27:10

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Lucas Hernández

Lucas Hernández participa desde hace más de 40 años en labores voluntarias para ayudar a los necesitados. Vive en Granada (España).

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