Desarrollo personal

¡Cantemos!

Me despertó temprano un coro de pájaros con sus trinos, gorjeos y conversaciones. Sus sonoras y alegres melodías llenaban el ambiente; eran como un sonido envolvente natural. Estaba acampando con varios amigos en unos bosques próximos a Mostar, una ciudad de seiscientos años de antigüedad que se mencionó mucho en las noticias durante la guerra de Yugoslavia de principios de los 90.

Las tres esferas de la vida espiritual

Nuestra vida espiritual está dividida primordialmente en tres esferas: alabanza, oración y obras.

Alabanza

La alabanza es una manifestación de amor. Consiste en expresarle a Dios cuánto lo amamos y lo agradecidos que estamos por todo lo que hace por nosotros. Por eso, cuando apartamos nuestra atención de los quehaceres cotidianos para concentrarnos en el plano espiritual y en las necesidades del espíritu, ¿qué es lo primero que debemos hacer? Alabar a Dios por Su bondad. «Entrad por Sus puertas con acción de gracias, por Sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid Su nombre»1. La alabanza nos transporta al plano celestial.

El águila encadenada

Muchas personas se proponen hacer esto o aquello, cambiar tal o cual cosa, superar algún vicio o cultivar una buena costumbre. A veces lo consiguen; con frecuencia no. ¿Será porque muchos nos parecemos al ave de la siguiente anécdota?

Un hombre tenía un águila que durante muchos años mantuvo encadenada a una estaca. Todos los días el ave caminaba incesantemente alrededor de aquel palo, tanto es así que con el tiempo hizo un surco en el suelo. Cuando el águila empezó a hacerse vieja, el amo sintió lástima de ella y decidió soltarla; así, pues, le quitó la argolla de metal que la sujetaba por una pata y la lanzó al aire. El ave quedó libre, pero ya no sabía volar. Aleteó un poco, cayó al suelo, se dirigió otra vez a su surco y se puso a caminar en redondo tal como lo había hecho día a día a lo largo de los años. Nada la ataba, ningún grillete, ninguna cadena, sólo la fuerza de la costumbre.

La vida está en la semilla

Sembrar semillas y verlas crecer puede ser una experiencia espléndida y gratificadora. Naturalmente que una cosa es plantar unas cuantas semillas en una maceta y otra muy diferente dedicarse a la agricultura. Antes pensaba que cultivar la tierra era fácil, tanto es así que en cierta ocasión planté maíz en un campo abandonado que tenía mi familia. Arrendé una cultivadora y removí la tierra. Compré maíz de siembra y lo planté. Finalmente lo regué para que germinara. Pero lo sembré muy tarde, y las heladas quemaron los brotes cuando todavía estaban tiernos. Después sembré espinacas, pero los bichos se hicieron un festín con ellas y me dejaron las sobras. Tras esas experiencias, me sentí aliviado de no tener que ganarme la vida labrando la tierra. Por otra parte, me hicieron apreciar más a los agricultores. ¡Ahora valoro mucho más cada grano de maíz y cada hoja de espinaca!

¿Qué es la grandeza?

No se debe confundir la notoriedad con la grandeza. Muchos de los que hoy ostentan un título no saltaron a la fama ni obtuvieron su fortuna por méritos propios. Por otra parte, he conocido personas de grandeza indiscutible que eran muy poco conocidas. La grandeza es una cualidad del espíritu. No tiene nada que ver con la posición que uno ocupe entre los mortales. Nadie —y menos aún un simple ser humano— confiere grandeza a otro, pues esta es un logro, no un premio. La grandeza corona a un conserje con la misma facilidad que a una persona de destacada posición social.
Sherman Finesilver

Felicidad con humildad

El orgullo es uno de esos rasgos de la personalidad que pueden favorecernos o perjudicarnos. Todo depende de la clase de orgullo que sea. Por el lado positivo, el orgullo es señal de una sana autoestima, considerada importante para nuestra felicidad. Por ejemplo, nos produce satisfacción el hacer bien una labor; o nos anima a seguir por la buena senda el que alguien nos exprese que está orgulloso de nosotros por nuestras buenas cualidades o por una situación en la que obramos bien. En su sentido negativo, el orgullo en muchos casos denota una actitud injustificada o exagerada de superioridad. Muy posiblemente la mayoría de nuestros problemas se deben a esa clase de orgullo.

Confidencias

Has estado alguna vez en una fiesta en la que se pasa una gorra de la que cada uno saca una pregunta? Yo sí, y en dos ocasiones me tocó: «Cuenta una de las experiencias más bochornosas que has vivido». La primera vez me entró pánico. La mente se me puso en blanco. La segunda vez se me ocurrieron varias; pero no tuve valor para narrar ninguna.

Los dos lobos

En un cuento del folklore nativo norteamericano un anciano le explica a su joven nieto la lucha interna que tiene lugar entre el bien y el mal:

—Dentro de todos nosotros se libra una lucha, una pelea entre dos lobos. Uno de ellos es la encarnación de todo lo perverso, como el odio, la ira, la envidia, el resentimiento, la codicia, la arrogancia, la mentira y el egoísmo. El otro lobo es la personificación de todo lo bueno, como el amor, la alegría, la paz, la esperanza, la serenidad, la humildad, la bondad, la empatía, la generosidad, la compasión, la verdad y la fe.

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