Aventurarse a lo nuevo

Aventurarse a lo nuevo

¿Alguna vez se te ocurrió empezar a practicar un deporte, aprender a tocar un instrumento musical o simplemente salir de tu zona de comodidad y hacer algo nuevo y diferente? ¿Te sucedió que aunque tenías las ganas, siempre había algo que te impedía hacerlo? Pues bien, te contaré algo breve que me pasó a mí.

Hace un tiempo me vi enfrentado a una situación que me puso a prueba. Las presiones en mi lugar de trabajo eran enormes, tanto así que a la larga afectaron mi vida personal. Sentía que necesitaba algo que requiriera de mí un esfuerzo físico, a tal punto que terminara demasiado cansado como para pensar en mi trabajo y así pudiera relajarme.

Decidí asociarme a un club deportivo. En aquel momento tenía 49 años. Algunos considerarían que ya tenía demasiada edad para embarcarme en un programa de acondicionamiento físico. Huelga decir que las sesiones de entrenamiento eran arduas. Al principio estaba tan en mala forma que apenas podía hacer tres flexiones. Recuerdo que al cabo de la primera sesión a duras penas logré regresar a casa.

Me preocupaba pasar vergüenza entrenando con personas mucho más jóvenes y atléticas que yo. Sin embargo, las que llegué a conocer en el gimnasio eran amigables, relajadas y me dieron muchísimo apoyo. Su lema era: «Nunca te des por vencido». Tuve el presentimiento de que Dios me había enviado allí para fortalecer tanto mi cuerpo como mi espíritu.

Partí con dos sesiones a la semana. Al cabo de tres meses aumenté a tres. Seis meses después ya iba cinco veces por semana. Mi salud mejoró notablemente.

Tal como había previsto los ejercicios eran tan intensos que no podía pensar en mis problemas mientras los practicaba. Además de sentirme mejor físicamente también mejoró mi bienestar espiritual y me encontraba en mejores condiciones para enfrentar mis vicisitudes.

Naturalmente que leer la Palabra de Dios es la mejor manera de fortalecer nuestro espíritu; a veces, no obstante, Él se vale de otros medios para ayudarnos en ese sentido, como el ejercicio físico en este caso. Dios siempre está de nuestro lado, porque nos ama. Se preocupa por nuestro bienestar y quiere ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos. Con todo, no puede hacer lo que nos toca hacer a nosotros, ya sea que se trate de ir al gimnasio, retomar la práctica de una guitarra que no hemos tocado en años, comenzar a realizar un proyecto que llevamos tiempo postergando o cualquier otra situación en la que nos encontremos.

El caso es que, si yo pude hacerlo, tú también puedes. Es cosa de levantarse y comenzar.

Milutin Bunčić

Milutin Bunčić es profesor de inglés y traductor e intérprete profesional. Vive en Hungría. 

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