Cambios

Cambios

El otro día leí algo que desde entonces me sigue dando vueltas en la cabeza: «El sistema por el que te riges hoy está concebido para obtener precisamente los resultados que obtienes hoy». A partir de ahí me propuse reaccionar de forma diferente a como suelo hacerlo.

Por ejemplo, tengo la impresión de que mi marido y yo discutimos por las mismas pocas cosas y casi siempre de la misma manera. A veces pienso que nuestras discusiones podrían ser reproducciones de la última que tuvimos. Un sábado por la noche sentía que los desesperos y emociones de siempre se me iban acentuando. Sabía exactamente cómo sería el desenlace: exasperación, enojo, y al cabo, disculpas.

De golpe pensé: ¿Qué pasaría si paso directamente a las disculpas? Cambié mi expresión, me disculpé sinceramente y reconocí la parte que había tenido yo en la pugna. A él le tomó un segundo creerme, pero enseguida disipó su enojo, y en un abrir y cerrar de ojos volvíamos a tener una noche tranquila. Me alegre de haber intentado algo diferente.

Otro ejemplo tiene que ver con las eternas y acaloradas discusiones en las redes sociales. Una vez más me vino la idea de probar algo radicalmente distinto. Me salí de todas las plataformas de redes sociales y borré las aplicaciones de mi teléfono. Hice una lista de lectura de artículos y libros que cubrían los dos lados de varias cuestiones y me puse a leerlos para poder arribar a conclusiones mejor fundamentadas.

Pensé: Si realmente deseo la verdad a la que Dios promete guiarme,1 la única forma de llegar a ella es educándome, aprendiendo a escuchar y ver a dónde me conduce Él. Aún no he alcanzado una comprensión integral de algunos temas. Estoy segura de que es un proceso en desarrollo. Pero me parece que voy haciendo progresos en lugar de sentirme atascada e impotente.

La Palabra de Dios nos promete que nos dará Su fuerza para cambiar: «Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación».2 «Andemos en vida nueva».3 «Revístanse de la nueva naturaleza».4

Esos versículos se refieren a la transformación que se produce en nosotros cuando nos convertimos en seguidores de Jesús. Sin embargo, lo viejo no es solamente lo que éramos antes de conocerlo; es también lo que somos actualmente cuando prescindimos de Su guía. Mis reacciones naturales, debilidades y hábitos naturales no son lo que me define; lo que importa es quién soy después que Jesús me transformó.

1. V. Juan 16:13, 2 Timoteo 2:15, Santiago 1:5
2. 2 Corintios 5:17 (TLA)
3. Romanos 6:4
4. Efesios 4:24 (RVC)

Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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