Crecimiento truncado

Crecimiento truncado

De niño vi muchos peces de colores, de los que llaman carpas doradas, en los acuarios de mis amigos. No me explicaba por qué tantas personas querían tener de mascotas a esos animalitos tan pequeños y poco interesantes.

Hasta que un día, cuando tenía unos 10 años, en una excursión del colegio fuimos a un jardín botánico que tenía un estanque lleno de peces. Uno en particular, muy grande y de color brillante, me llamó la atención.

—¿Qué clase de pez es ese? —pregunté a nuestra guía.

—Es una carpa dorada —respondió.

Su respuesta me desconcertó.

—¿No son las carpas doradas peces chicos? —pregunté con una pizca de sarcasmo infantil.

—No, en absoluto —contestó—. La carpa dorada llega a ser hasta más grande que estos ejemplares. Todo depende del tamaño del entorno en que viven.

No olvidé nunca ese dato y resolví no pecar nunca más de ignorancia en cuanto a las carpas doradas. Así y todo, pasaron años antes que sacara una enseñanza aún más profunda.

¿En cuántas ocasiones no he sido como una carpa dorada en una pecera? ¿Cuántas veces me he puesto limitaciones a causa de mi percepción del mundo? Peor aún, ¿cuántas veces he puesto mentalmente a otras personas en un pequeño recipiente de cristal? ¿Cuántas veces he descalificado a alguien tildándolo de intrascendente o aburrido? ¿Cuántas veces no he reconocido la potencialidad que tenían los demás?

¿Cuánto más podría lograr si olvidara mis limitaciones y me atreviera a nadar más allá de las fronteras que yo mismo me he impuesto? ¿Qué pasaría si trasladara a otros de sus pequeñas peceras al mar de posibilidades que nos ofrece Jesús?

Imagínate un mundo lleno de personas con esa perspectiva, que verdaderamente creyeran que con Dios todo es posible.

* * *

Algunas personas ven un muro y dan por hecho que marca el final de su travesía. Otros, en cambio, deciden que ese será su punto de partida. Angeline Trevena

Si enfrentas una nueva empresa o te piden que hagas algo que nunca has hecho antes, no tengas miedo de aventurarte. Eres más capaz de lo que piensas, pero nunca te darás cuenta de ello a menos que te exijas más. Joyce Meyer (b. 1943)

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